Mi cuaresma imperfecta

Llevo semanas despertándome a la 1, 2 o 3 de la mañana. Mis tres hijas han pasado malas noches, con pesadillas, miedo a la oscuridad y demás razones desconocidas pero sumamente incómodas, tanto para ellas como para mi. Estoy agotada, irritable y desesperada por una solución. Estos episodios iniciaron con la Cuaresma, y me sospecho que se extenderán hasta la Pascua.

Ciertamente el Señor me está mostrando con esto cuánto lo necesito, porque está sacando a la luz todos mis pecados: mi pereza, mi ira, mi arrogancia, mi desesperanza. Con todos mis planes cuaresmales desmoronados no me queda otra que entregarle todas mis piezas rotas al Señor para que Él me haga de nuevo.

¿Y a qué me refiero con que se han desmoronado mis planes cuaresmales? Pues que, como en cada cuaresma me propongo -por mis fuerzas- unos planes de lujo: rosario diario, confesión semanal y laudes cada mañana a las 4am. Este año además me propuse reducir el tiempo que paso en redes sociales, no tomar vino entre semana y no comer gluten ni lácteos.

Y tras escribir esto oigo al Señor decirme ”Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.” (Oseas 6: 6) Precisamente, mis sacrificios mediocres e incompletos me demuestran que me falta el amor, que necesito más de ese conocimiento de Dios que sí le satisface.

Me levanto a más de medio camino de esta cuaresma, y tras el domingo de laetare para entregarle todo al Señor, aceptando que no puedo sin Él, que mis planes son una tontería y que quiero más conocimiento de Él para poder ser feliz, para poder amar.

Espero con ansias este sábado 6 de abril, cuando celebraremos el primer retiro para madres Católicas Caóticas con un grupo de aproximadamente 30 mujeres. Necesito de esa parada en el camino hacia la Pascua para reflexionar, para nutrirme del pan de la palabra en este desierto cuaresmal y saciarme del agua viva que me ofrece Jesús. Necesito pedirle a María que me lleve al Sagrado Corazón de su hijo, donde siempre logro descansar.

Si estás leyendo esto, te pido que eleves una oración por todas las madres Católicas y Caóticas que asistirán al retiro, para que lleguen con un corazón dispuesto y listo para recibir el pan de la palabra. Que las que necesiten reconciliarse con Dios puedan hacerlo y las que necesiten herramientas para el camino las obtengan y las usen.

Pidámosle a Dios que se encargue; Él hace todo perfecto.

Influencers de Dios

Recientemente se celebró en el país donde vivo, Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud, un evento extraordinario que reunió cientos de miles de jóvenes de más de 140 países y donde el Espíritu Santo se derramó en bendiciones para todos los que le abrieron su corazón. En nuestro hogar recibimos dos peregrinos: un sacerdote italiano y un seminarista colombiano, ambos en misión en la ciudad de Amsterdam, Holanda. Como nosotros, varias familias recibieron jóvenes y adultos de todos los rincones del mundo.

Durante la jornada, y a través de una serie de eventos, el Papa Francisco se dirigió a los jóvenes con mensajes muy contundentes y aterrizados, utilizando lenguaje relevante y moderno. Fueron muchos los temas que se tocaron, pero en lo personal cinco temas me llegaron directamente al corazón y me invitaron a meditar y a accionar. Aquí los desgloso:

Ser el ahora

Dijo el Papa Francisco: ”Jesús revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor»”.

Esta frase me invita a cuestionarme si estoy actuando en el ahora de Dios, o si solo estoy haciendo planes de santidad que dejo ‘para luego’, porque estoy muy concentrada en mi ahora, y no en el de Él. Jesús ciertamente ha salido a mi encuentro; ¡tengo que vivir Su ahora, no el mío!

Murmuración

Dijo el Papa Francisco: ”Una sociedad se enferma cuando no es capaz de hacer fiesta por la transformación de sus hijos, una comunidad se enferma cuando vive de la murmuración aplastante, condenatoria e insensible. El chisme.”

Y lo primero que me viene a la mente ante esta cita del Papa es el yo confieso que decimos en cada misa: de pensamiento, palabra, obra y omisión. ¡Cuánta murmuración hay en mis pensamientos! ¡Cuánta murmuración, envidia y condena surge de la navegación en redes sociales y ante las victorias de otros! Y aunque no se digan, muchas veces se piensan. Esto me ha hecho examinar más mis pensamientos, ser más consciente o ‘mindful‘ para tratar de sustituir esa condena, esa murmuración, ese juicio, por pensamientos de gratitud, oración y amor. ¡Cuán difícil es, pero tan necesario para la santidad!

Poner etiquetas

Dijo el Papa Francisco: ”Con la vida de la gente parece más fácil poner rótulos y etiquetas que congelan y estigmatizan no solo el pasado sino también el presente y el futuro de las personas. Le ponemos etiquetas a la gente, este es así, este hizo esto, así, así son la gente que murmuran, los chismosos son así. Estos rótulos que, en definitiva, lo único que logran es dividir: acá están los buenos y allá están los malos; acá están los justos y allá los pecadores”.

Esta cultura del adjetivo, de rotular por el pasado, el presente o el futuro, no solo aplica a los demás; aplica también a nosotros mismos, y viene a tronchar nuestra esperanza en la misericordia renovadora de Dios. ¿Cuántas veces me he rotulado a mi misma con algún adjetivo derogatorio, poniendo así límites a la acción del Espíritu Santo en mi? ¡Lo he hecho tantas veces! He llegado a pensar que no soy digna de ser católica, por mi pasado, por mi presente, por mi futuro que no parece santo ni perfecto. Pero eso no es lo que me dice Jesús, ¡no! A eso no es a lo que me llama. Jesús hace fiesta conmigo y me invita a renovarme en su misericordia cada día. A imitación de Él, entonces, he yo de eliminar los rótulos que imposibilitan y marcan a los demás.

Estar conectados para ser reconocidos

Dijo el Papa Francisco: ”Lo sabemos bien, no basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido y amado. Sentirse considerado e invitado a algo es más grande que estar en la red.”

Esta frase me habla en mi vida sobre la vanidad, sobre ese deseo de buscar el ‘like’ del otro para sentirme validada. De estar todo el día pegada al celular viendo cuántos seguidores gano o pierdo, cuántos piensan que soy cool o que escribo cosas bonitas. ¡Cuánta vanidad! Y sé que no soy la única que lucha con esto. La vanidad es un pecado y soy pecadora, pero por la gracia de Dios puedo redireccionar este deseo y encontrar que hay uno que ya me dio ‘like’, que ya escribió el más hermoso comentario en mi vida, que ya se enganchó conmigo, y lo hizo en una cruz, con un sagrado corazón que no cabe en la pantalla de ningún iPhone ni de ninguna laptop.

María, la influencer de Dios

Dijo el Papa Francisco: ”A ustedes jóvenes les pregunto: ¿Quieren ser influencer al estilo de María. Ella se animó a decir «hágase»?”

Con esta frase Francisco no solo demostró su gran conexión con la juventud, con un tema tan relevante para nuestros tiempos, sino que nos puso el más claro ejemplo de la influencia: María, la humilde María. Y este llamado del Santo Padre revolvió mi corazón y lo llenó de un gran deseo de crear ejércitos de influenciadores que lleven almas a Cristo con valentía, sin juicio y con amor. ¡Quiero decir ‘hágase’ e invitar a otros a hacerlo también! Quiero que otros conozcan a Jesús a través de mi, ¡quiero ser influencer de Dios! Pero no por vanidad, ¡no! Sino porque ‘el poderoso ha hecho obras grandes en mi’ y no puedo meter la lámpara que Jesús encendió en mi corazón debajo del celemín. Tengo que ser luz y sal (Mateo 5, 13-16).

Y tu, ¿quieres ser influencer de Dios? ¿Qué te detiene, qué te lo impide? ¿Cómo puedes poner tus talentos al servicio del evangelio? ¡Cuéntame! Y si quieres descargar todos los mensajes del Papa Francisco en Panamá, visita este enlace: Papa en Panamá

Agradar a Dios

Este año inicié el adviento llena de planes para tener una temporada de enseñanzas y celebraciones enriquecedoras con mis hijas. Pensé comprar una piñata para el día de Nuestra Señora de Guadalupe, encender cada domingo las velas de la corona de adviento,  y quise jugar a las aventuras de los Tres Reyes Magos en preparación a la epifanía.  Pues ya para el segundo domingo de adviento olvidamos encender la vela de la corona, nunca terminamos de desempolvar los reyes de peluche para ponerlos a hacer travesuras por la casa y en lugar de comprar una piñata el día de Guadalupe compré unos polvorones que mis hijas odiaron. Las figuras del nacimiento que compramos por internet llegaron tarde y no fue hasta el domingo que Gaudete que pudimos montarlo. Y por cierto, ese domingo no nos vestimos todos de rosado, como lo había planificado. ¡Un desastre!

Lo único que hice más o menos bien fue entregarles a las niñas unos pequeños obsequios el día de San Nicolás, para que sepan que quien viene el 25 no es Santa Claus, sino el niño Jesús.

Todos mis planes se fueron desmoronado, y mi frustración fue creciendo. Sentía que estaba desperdiciando este tiempo de adviento y que mis hijas no se estaban llevando las lecciones que quería dejarles. Mi pequeña Iglesia Doméstica no era la que había imaginado; no estaba llena de celebraciones litúrgicas, con tradiciones, comidas, canciones y oraciones especiales.

Luego recordé algo que dijo alguna vez un sacerdote amigo de la familia: ”dejen de tratar de ser perfectos. Dios no quiere perfección, Dios solo quiere amarnos”. ¡Qué consuelo! ¡Qué descanso! ¡Qué ternura! Esa perfección de mis planes no viene de Dios, viene de mi soberbia, y eso, ciertamente, no es lo que quiere el Señor.

Dios no me ama más o menos si hago o dejo de hacer, si mi casa está llena de decoraciones y si hacemos perfectamente o no las tradiciones de la época. A Él no le importa si nos vestimos de rojo,  verde o morado, porque el no ve nuestra vestimenta coordinada con los colores litúrgicos; Él ve el corazón.

Esto me hace refugiarme en la oración de Tomás Merton, el famoso monje trapense a quien admiro tanto. Su oración dice:

Dios, Señor Mío, no tengo idea de adónde voy.
No veo el camino delante de mí.
No puedo saber con certeza dónde terminará.
Tampoco me conozco realmente,
y el hecho de pensar que estoy siguiendo
tu voluntad no significa
que en realidad lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte,
de hecho te agrada.
Y espero tener ese deseo en todo lo que haga.
Espero que nunca haga algo apartado de ese deseo.
Y sé que si hago esto
me llevarás por el camino correcto,
aunque yo no me dé cuenta de ello.
Por lo tanto, confiaré en ti siempre
aunque parezca estar perdido a la sombra de la muerte.
No tendré temor porque estás siempre conmigo,
y nunca dejarás que enfrente solo mis peligros.
Amén

Deseo agradar a Dios, y no quiero apartarme de ese deseo. Pero solo agradaré a Dios si Él es el centro de mi vida y todo lo que haga lo hago por Él y para Él, por servicio y amor. Lo que haga por ego y en respuesta a mi soberbia no es de Dios y debo alegrarme cuando Él desmorona mis planes.

Dios me protege de mi pecado porque quiere mi felicidad, mi santidad. Y por eso tengo que dar gracias.

 

Más caótica que católica

En estos últimos días he publicado en mi cuenta personal de Instagram que me he sentido un poco estresada y agobiada. He tenido mucha presión con el trabajo, las niñas, la familia, etc.  También he estado un tanto ‘fría’ espiritualmente hablando, y aunque esto no me ha alejado de los sacramentos, sí me ha puesto triste, porque no siento a Dios tan cercano como quisiera. Y una cosa siempre lleva a la otra: el Demonio se mete y empiezo a juzgarme, a juzgar y a actuar de manera soberbia y arrogante. Y a mi la soberbia se me da fácil…

Por eso me siento más caótica que católica estos días, con la mecha muy corta y muy alterada (sumado a un desbalance hormonal por razones médicas). Pero como Dios es sabio y conoce a su caótica predilecta (me disculpan, pero lo soy…jajajaja) me ha regalado muchas palabras, acontecimientos y personas que me han ayudado a reflexionar. Como la bofetada que recibí de Pablo en su carta a los Efesios el domingo pasado: ”Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Eerrmm, Ok. Entiendo.

También me ha acercado más a Él y su Iglesia el hecho de que todo el mundo me habla de prácticas como el yoga, limpieza de aura, meditación trascendental y otras que no son necesariamente compatibles con la Iglesia. Salir a defender mi religión y sus creencias de forma respetuosa y amable han sido para mi tremenda prueba de humildad, porque por la general ladro como perro chihuahua cuando quiero defender algo.

Me consuela saber que no soy la única católica caótica, y que muchos santos han sido grandes pecadores encolerizados pero han logrado ganar los altares por pura misericordia e iniciativa de Dios.

Yo sigo luchando para salir del caos y encontrar paz, sin yoga, sin alineación de chakras ni limpiezas de aura. Mis ‘mantras’ son Ave Marías y mi meditación la hago ante el Santísimo. Porque, como dice una de las más grandes católicas caóticas, Santa Teresa de Ávila, ¡solo Dios basta!

#OrarMas

En enero publiqué un post acerca de la oración, como un servicio que podemos dar los católicos al prójimo y un acto de misericordia a realizar especialmente durante este año. Desde ese entonces he tratado de intensificar mis momentos de oración y buscar maneras de encontrar un ‘sistema’ para hacerlo. Aunque no lo crean, un recurso que me ha ayudado en esta misión ha sido el internet y las redes sociales.

Recientemente descubrí, gracias a una bloguera católica a quien vengo siguiendo hace algunos meses, la página Pray More Novenas, en la cual se realizan novenas virtuales y las oraciones son enviadas por email cada día del novenario. Esta misma bloguera y su esposo también realizaron un retiro virtual de cuaresma, el Pray More Retreat, en el cual compartían con aquellas personas que se registraban vídeos y ejercicios espirituales enfocados en la oración dirigidos tanto por sacerdotes como por laicos. Pude participar de este retiro virtual y les confieso que fue estupendo.

Otro recurso que me ha ayudado son las devociones diarias que recibo a través de los correos de Blessed is She, una página/ministerio/comunidad de mujeres católicas que reúne devociones escritas por decenas de blogueras de todo Estados Unidos. Cada día recibo por email las lecturas del día con una breve reflexión, escrita por una mujer como yo, con las mismas inquietudes y situaciones que pasamos muchas mujeres y madres católicas. Es ciertamente un gran bálsamo para el alma.

Todos estos servicios se han convertido para mi en fuentes de inspiración y deseo hacer proyectos similares en español. El ver cómo las redes sociales y las comunidades virtuales nos pueden ayudar a la oración y al encuentro con la Palabra es, sin lugar a dudas, algo que me motiva y me llama al servicio, pues como comunicadora de profesión, siento ese cosquilleo constante de contar historias, de compartir información, de no quedarme con los  tesoros que aprendo, ¿y qué mayor tesoro que el evangelio?

Uno de los proyectos que ya inicié es el grupo de Facebook #OrarMas/Novenas Virtuales, en el cual postearé novenas periódicamente. Además quiero iniciar otros proyectos en redes sociales como comunidades o grupos de oración virtual, rosarios virtuales, y quien sabe si hasta retiros por internet en español. Todo lo dejo en manos del Espíritu Santo, que me dirá qué hacer y cómo continuar este ministerio, si es Su voluntad.

Estamos en Pascua, periodo del año en que se nos pide anunciar el evangelio o la buena nueva con mayor intensidad: en las plazas, en las calles y, también, por qué no, las redes sociales y los medios de comunicación.

Me inspiro en las palabras de la recientemente fallecida Madre Angélica, fundadora de la cadena de televisión católica Eternal Word Television Network (EWTN), quien se inspiró en la realidad de un pequeño estudio de televisión de una emisora protestante y dijo “no se necesita tanto para llegar a las masas”. Y hoy en día, ¡menos!

¿Cuántos se apuntan conmigo en esta caótica misión? ¡Ánimo!