¡Renuncio!

Este año, durante la vigilia pascual, presté especial atención a una parte del rito a la que no le había dado tantísima escucha en años anteriores: la renovación de las promesas bautismales. Es una de esas maravillosas fórmulas de la Iglesia que valdría la pena imprimir y tener en un lugar muy visible, para tener siempre presente nuestro compromiso como cristianos.

Les comparto el texto:

¿Renuncian a Satanás, esto es:
• al pecado, como negación de Dios;
• al mal, como signo del pecado en el mundo;
• al error, como ofuscación de la verdad;
• a la violencia, como contraria a la caridad;
• al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a sus obras, que son:
• sus envidias y odios;
• sus perezas e indiferencias;
• sus cobardías y complejos;
• sus tristezas y desconfianzas;
• sus materialismos y sensualidades;
• sus injusticias y favoritismos;
• sus faltas de fe, de esperanza y de caridad?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:
• el creerse superiores;
• el estar muy seguros de vosotros mismos;
• el creer que ya están convertidos del todo?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
• el dinero como la aspiración suprema de la vida;
• el placer ante todo;
• el negocio como valor absoluto;
• el propio bien por encima del bien común?

R/. Sí, renuncio.

Wow! Leer esto me lleva a cuestionarme si realmente estoy viviendo estas renuncias, o si estoy coqueteando con las seducciones del maligno cuando caigo en la práctica de algunas de sus obras como las envidias, los odios, los complejos, la indiferencia, y muchas otras mas.

Este repaso también me lleva a pensar en lo hermosa que es nuestra Madre la Iglesia, que nos instruye y nos guía en este camino que nos lleva a la salvación.

Le pediré al Señor acordarme siempre de esta promesas, de estas renuncias que hago para seguirlo y alcanzar su Gloria.

Cosas de mujeres

Hace poco, escuchando el podcast Abinding Together de Ascension Press, pude conocer más acerca de las cuatro doctoras de la Iglesia: Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresa de Lisieux y Santa Hidelgarda de Bingen. De esta última conocía poco, pero aprender más acerca de su vida fue ultra mega fascinante. Hidelgarda fue abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. O sea, casi nada… Conocer la vida y obra de Hidelgarda, Catalina y las dos Teresas me hizo pensar en ese ‘genio femenino’ del que habló San Juan Pablo II y esa forma tan peculiar en que las mujeres podemos aportar a la Iglesia, sobretodo ahora que tanto lo necesita.

¿Qué es el genio femenino?

Según el ‘santo patrón de los hipsters’ (o sea, San Juan Pablo II) el genio femenino es el conjunto de dones específicamente femeninos –comprensión, objetividad de juicio, compasión, etc.– que se manifiestan en todos los pueblos. Estos son una manifestación del Espíritu, un don de Dios para realizar la vocación de asegurar la sensibilidad para el hombre. El genio femenino es la condición para una profunda transformación de la civilización actual. (Mulieris Dignitatem).

Estas cuatro mujeres, cada una a su manera, hicieron grandes aportes a la Iglesia, haciendo uso de estos dones que menciona San Juan Pablo II. Así como ‘las doctoras’, cada una de nosotras podemos hacer la diferencia en la Iglesia, aportando con nuestros talentos y activando la comprensión, la objetividad de juicio y la compasión que el mundo nos quiere quitar y quiere mostrarnos como ‘debilidades’. Sí, el mundo insiste en que somos fuertes, auto suficientes, capaces de TODO y que no necesitamos de nada ni de nadie para nuestra auto realización, y esos mensajes matan poco a poco nuestro genio femenino.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo activamos el genio femenino del que habla la Iglesia? Aquí detallo algunas ideas que se me vienen a la mente:

  1. Defendiendo la vida desde la concepción: tener la valentía de hacer defensa de la vida entre nuestras amistades y conocidos es un acto heroico al que todos estamos llamados. Es más cómodo quedarnos callados ante una publicación que promueva el aborto, o cuando alguna amiga nos dice que optaría por terminar un embarazo de tener un niño con discapacidades, ¿pero qué harían las doctoras? Seguro no se hubiesen quedado calladas, ¿verdad? Seamos santas; ¡actuemos como las santas!
  2. Transmitiéndole la fe a nuestros hijos: para tener un mundo que aprecie los valores cristianos tenemos que criar niños cristianos. Por ello es tan importante inculcarle la fe a nuestros hijos, aunque sea una ardua tarea mantenerlos quietos en misa o hacerlos que escuchen cuando leemos la palabra o rezamos en familia. La semilla de la fe crecerá en ellos si es regada y cuidada, y en el momento del ataque ¡los salvará!
  3. Sirviendo a los demás: Esto mejor que se los explique el mismísimo Jesús….”Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme.” Tratemos de poner esto en práctica (y me requete incluyo porque fallo hartísimo en esto).
  4. ORACIÓN: Así, en mayúsculas. Todas las anteriores solo las podemos lograr si mantenemos una vida de oración comprometida y fuerte; pero no desde nuestras fuerzas, sino en la humildad de sabernos incapaces de servir a los demás, de defender la fe, de transmitir la fe, ¡y hasta de orar! Tratemos de poner la oración como nuestra prioridad de vida; lo primero que hagamos en la mañana y lo último que hagamos en la noche. Recordemos lo que escribió San Pablo “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18). A mí la práctica de la gratitud constante me ha ayudado en la oración, porque no tengo que esperar a tener un problema o necesitar algo para pedir, sino que trato de dar gracias por cosas sencillas, y ese ‘gracias’ es una oración que sube al cielo y al que el Señor responde con un ‘de nada’ lleno de dones y maravillas.
  5. Conociéndonos: y aquí no me limito a conocernos como personas, con nuestros dones y debilidades. Me refiero a conocer nuestros cuerpos y nuestros ciclos, porque el demonio ataca por medio de las hormonas. Al menos a mi me pasa que previo a mi periodo (durante el famoso PMS) siento menos conexión con Dios, menos ganas de rezar. Siento más ira, estoy mucho más irritable y el pecado de la soberbia se me da fácil en ‘esos días’. Por eso, cuando sé que estoy a la espera de mi periodo, trato de reforzar la oración y de tenerme paciencia. Intento estar más conectada con mis sentimientos para no caer en pecado gritándole a los demás o encolerizándome por tonterías. No es fácil, pero hay que intentarlo.

¿Qué añadirías a esta lista? ¿Cómo más crees que las mujeres podemos usar ese ‘genio femenino’ en la reconstrucción de la Iglesia. Déjame saber en los comentarios y comparte este artículo con aquellas mujeres de tu vida que tienen algo que aportar a la Iglesia desde su femineidad.

Pedirle nuestro amor

Si hay algo que no deja de maravillarme acerca de la forma en que Dios nos ama es su libertad; no nos obliga a amarlo, y a la vez nos ama inmensamente. Dios se corre el riesgo que lo rechacemos, que lo neguemos, que lo saquemos por completo de nuestras vidas, y aun cuando lo ofendemos y nos alejamos de Él, siempre está dispuesto a recibirnos con brazos abiertos.

A todos nos ha pasado alguna vez; usamos esa libertad que Dios nos ha regalado para hacer, literalmente, lo que nos da la gana. Vamos por el mundo buscando otras cosas, otros ‘dioses’… cosas, personas y experiencias que no nos dan vida, que no nos llenan, pero nos entretienen.

Muchas veces escucho a la gente decir ‘’Dios, no me abandones’’, pero me pregunto si esa es la forma correcta de orar. Dios, ciertamente, no nos abandona. Nosotros lo abandonamos a Él. Usamos la libertad que Él mismo nos ha dado para rechazarlo, para negarlo, para separarnos de Él. Y cuando caemos en el abismo, nos volteamos a su rostro preguntándole por qué nos ha abandonado.

Por eso le pido a Dios que me permita amarlo, que no deje que YO lo abandone, sabiendo que Él nunca lo hace. Es un trabajo de cada día: pedirle a Dios MI amor, pedirle mi fidelidad, la fuerza para hacer su voluntad amándola y amándome a mi en ella. Porque el amor se le pide a quien es amor, ¡por eso hay que ir a la fuente!

También hay que introducirse en el lugar donde se gestó el amor: en el vientre de María, lleno del Espíritu Santo, donde podemos recibir todas las gracias que Dios quiere regalarnos. Ella siempre nos lleva a su hijo pidiéndonos que hagamos lo que Él nos dice.

Puedo dar fe de la amorosa respuesta de Dios cuando le pido que me deje amarlo. Mi corazón se enciende y mi fe aumenta. Pero mi libertad me hace débil y cualquier tontería me distrae si no estoy atenta. Ahí es cuando tengo que pedir con mayor fuerza: ¡Señor, no dejes que te abandone! ¡María, introdúceme en tu vientre!

¿Lo pedimos juntos?

¡Valentía!

Hace un par de días hablaba con una amiga bloguera que vive en Estados Unidos acerca de los constantes ataques y burlas a aquellos que profesamos la fe católica. ”Mis amigas me tachan de retrógrada”, me comentó con cierta tristeza. ”Ellas hablan con plena libertad acerca de sus prácticas espirituales, como el yoga o el mindfulness, pero si yo digo algo acerca de mi fe me critican”. Le confirmé que no estaba sola, que muchos nos sentimos así y la verdad es que desde hace algún tiempo vengo albergando esa frustración de ‘medir mis palabras’ cuando se trata de mi fe católica, mientras otras personas hablan abiertamente de sus prácticas espirituales, incluyendo a nuestros hermanos protestantes, a los que hacen yoga, los que practican budismo, los que creen en la astrología, la alineación de chakras o la limpieza de auras.

Pues, ¿saben qué? ¡Me cansé! No voy a tener mi fe en el closet porque el mundo no la acepte, porque el mundo piense que el catolicismo es retrógrado y que es más cool creer en otras cosas. Es hora de ser valientes y hablar abiertamente de nuestro amor a Cristo y a su Iglesia, aunque eso nos merezca críticas, persecución y relaciones rotas. ¡Valdrá la pena!

Hablando de esto hace algunas noches con mi esposo y me recordó esa frase de San Francisco de Asís que dice ”evangeliza en todo momento, y si es necesario usa las palabras”. Pues creo que llegamos a ese momento y es necesario usar palabras. ¡Más palabras! Claro, acompañarlas con acciones, ¡eso no ha de faltar y puede ser lo más difícil! Pero hay que hablar, escribir, cantar de nuestra fe; amarla y defenderla porque el mundo necesita conocerla. ¡Son necesarias las palabras! ¡Es hora!

Terminé mi conversación con mi amiga contándole de la alegría que sentí la primera vez que tuve personas criticando una publicación de Católica Caótica en Facebook. Ese comentario negativo e hiriente fue la confirmación que necesitaba. Porque Jesús prometió el ciento por uno con persecuciones, no con alabanzas.

Armémonos de valentía para vivir nuestra fe fuera del closet, sin tibieza pero con mucho amor, ¡ese es el secreto! Sin amor nuestras palabras y demostraciones de fe se quedan en el aire y se tornan en cosas vacías. ¡Es poner la otra mejilla sin defenderse, pero sin acomodarse para encajar! Ser católico hoy, como en los inicios de la Iglesia, requiere valentía: pidámosela a la Virgen, que de eso ella sabe mucho.

 

‘Hacks’ para católicos caóticos

Si digo que cada mañana cuando despierto lo primero que hago es dar gracias a Dios por un nuevo día, estaría mintiendo de manera monumental. Lo primero que hago es agarrar mi celular, revisar qué hora es y leer las notificaciones de WhatsApp o Facebook. A veces me detengo a revisar mis correos y después salgo corriendo de la cama a atender a mis hijas. Así transcurre mi mañana, y quizás la primera oración del día no llega hasta el desayuno.

A pesar de esto siempre he tenido la intención de darle gracias a Dios tan pronto abro mis ojos. Leía recientemente que Santa Gema, de quien escribí hace poco, lo primero que hacía al despertar era decir ‘te amo Jesús’. Algo tan sencillo pero tan poderoso: una afirmación de amor a quien es amor.

Y a partir de esa búsqueda y en ánimos de fortalecer mi vida de oración y tener una vida espiritual más disciplinada, les comparto estos ‘hacks’ o atajos para hacer más fácil la tarea de orar con frecuencia:

  1. Alarma con canciones espirituales: actualmente la alarma de mi celular es la canción ‘Harbor’ de Brother Isaiah. Esto me ayuda a despertar con un mensaje de alabanza y a tener esa canción presente todo el día en mi cabeza.
  2. Recordatorio en el celular: me he puesto como ‘tarea’ cada día rezar la oración de ofrenda matutina al Sagrado Corazón de Jesús, la trato de rezar a diario para entregar las acciones y sufrimientos del día. A las 6:00am aparece la notificación en mi celular como un recordatorio de la tarea. Aquí les va la oración: “OH JESÚS, a través del Inmaculado Corazón de María, Te ofrezco mis oraciones, obras, júbilos y sufrimientos de este día para todas las intenciones de tu Sagrado Corazón, en unión con el Santo Sacrificio de la Misa por todo el mundo, para la salvación de almas, la reparación de mis pecados y del mundo entero, la re unificación de todos los Cristianos, las intenciones del Santo Padre para este mes y para mis intenciones especiales (mencione sus intenciones). Amén”
  3. Escuchar emisoras católicas mientras manejo a la oficina: trato de sintonizar Radio María tan pronto enciendo el auto. Al menos así puedo escuchar noticias de la Iglesia o rezar con ellos el rosario, el cual siempre rezan en horas determinadas.
  4.  Contraseña especial en mi computadora: hace poco cuando pedí la contraseña de WiFi en la oficina de unos abogados, me sorprendí mucho cuando me dijeron que era Virgenmaria1. Esto me inspiró a pensar en contraseñas ‘espirituales’ para mis aparatos y cuentas protegidas. De esta forma al escribir la contraseña puedo detenerme a dar gracias a Dios por el trabajo y por la vida.
  5. Apps con notificaciones: en este artículo que escribí hace casi un año, detallo algunas aplicaciones móviles y páginas de Internet que sirven como herramientas de oración. Una de esas aplicaciones es la de la Coronilla de la Divina Misericordia, que me notifica diariamente a las 3:00pm que es hora de rezar.

Mi vida espiritual no es para nada perfecta, y está lejos de serla, pero recurrir a estos hacks me ayuda a tratar de ser más disciplinada.

Dios sembró en mi la semilla de amarle, pero esa semilla debe ser cultivada con oración, y estos hacks son como regaderas que me ayudan a dispersar el agua y dejarla caer sobre esa semilla, para que crezca. Ojalá algún día pueda cosechar los frutos de esa oración y no depender de estos atajos para acordarme de rezar. Espero que eventualmente la oración nazca de forma natural y espontanea, pero en lo que Dios permite que eso suceda me aliaré con mi teléfono.

Regalos del cielo

Quiero compartir este testimonio como acción de gracias: ¡Dios nos se cansa de sorprendernos ni de amarnos, de eso no tengo duda!

Como escribí hace algunos días, recientemente recibí una noticia que me hizo ‘sentarme en la barca con Pedro’ a dudar del Jesús que camina sobre las aguas. En ese momento le pedí a Dios un plan de oración para redoblar mi confianza en Él, y ciertamente no me ha fallado.

Sucede que desde la semana pasada no solo me ha permitido participar diariamente de la eucaristía, presididas por curas diferentes cada día, lo que ha añadido mucha riqueza gracias a los estilos de prédica de cada uno de estos siervos de Dios. Sino también me ha regalado experiencias de oración maravillosas, como coronillas a la Divina Misericordia, rezos del Via Crucis, adoración eucarística y, tan recientemente como hoy, un cenáculo a la Divina Misericordia. En cada una de estas experiencias se me ha regalado alguna palabra que me confirma que no he de temer, que el Señor está conmigo y que Su misericordia es infinita. A esto se suman lecturas escogidas al azar que han dado perfectamente en el clavo.

También recibí buenas noticias de la posición en la que se encuentra mi bebé, lista para el alumbramiento, que ha de suceder en pocas semanas, si así Dios lo permite. Y además, hoy me invitaron a participar de un directorio de blogs escritos por madres católicas, en el cual Católica Caótica será reseñado en la categoría de blogs en español.

¡Que muchos regalos me llegan de cielo!

Y por eso los comparto con ustedes, mis queridos caóticos, porque así como oramos, así como pedimos a Dios que nos ayude, que nos consuele, que esté a nuestro lado, así mismo debemos agradecer las oraciones contestadas, debemos recibir estos regalos del cielo con el máximo agradecimiento y dar testimonio de cómo el Señor obra en nuestras vidas.

Con esto quiero confirmarles que al que pide se le dará, el que busque encontrará y al que llame se le abrirá.

¿Qué oración te ha contestado el Señor recientemente? Comparte tu testimonio y  juntos demos fe del amor de Dios, que no se cansa de complacernos.