¿Qué pensará Dios?

Hace algunos días, mi esposo -mientras íbamos en el auto-, me dijo: ¿sabes qué? Creo que tienes razón, que cuando lleguemos al cielo Dios nos va a decir: ”¿por qué ustedes se complicaban tanto? No entendieron nada, YO LOS AMO, y no necesito que se compliquen por tantas tonterías”. Me eché a reír porque él por lo general me critica cuando le hablo de un ‘Dios relajado’ que solo quiere amarnos y no está pendiente de detalles que a nosotros nos consumen y nos sacan del norte único que es el amor a Dios y al prójimo.

La conversación surgió, en parte, porque hace algunos domingos nos topamos con un señor que estaba vendiendo la lotería y nos ofreció unos billetes para ganar ‘el premio mayor’. Mi esposo le contestó a su oferta: ”mejor es ganar el cielo”, a lo que el vendedor de lotería le contestó: ”el cielo ya lo tenemos gano”. El comentario del señor generó en mi una ENORME sonrisa. ”Este señor lo ha entendido todo”, pensé. Por eso es que Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. ¡Y este señor, pobre de espíritu, lo sabía! ¡El cielo ya lo tenía ganado, aunque vendiera lotería!

Con esto no estoy diciendo que salgamos a comprar lotería, y a poner nuestra esperanza en otras cosas. NO, para nada. Solo estoy diciendo que no compliquemos a un Dios que solo quiere amarnos y que nos perdona TODO. Creámoslo, de veras. Dios nos quiere así, pobres de espíritu, sin complicaciones, ni formalismos. Dios nos ama a pesar de TODO.

No dejemos que la idea de hacer cosas ‘buenas’ para complacer a Dios nos haga olvidar lo que verdaderamente importa: amar a Dios y amar al prójimo. Amar a un Dios que nos ama y nos perdona. Y si no se lo creen, hagan el ejercicio: imagínense llegar al cielo y ver a Dios recibirnos con un abrazo, independientemente lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Así nos ama Dios.

Empezar de nuevo

Soy una fanática declarada del 31 de diciembre; me encanta la fiesta de despedida de año y las oportunidades que representa. Me fascina pensar en las cosas que puedo mejorar en el siguiente año, los lugares que quiero visitar, las cosas que quiero aprender. Pero este año, y viendo el fin de año desde otra perspectiva, me he dado cuenta que como cristianos católicos tenemos la oportunidad de empezar de nuevo tantas veces como queramos.

La Iglesia nos regala el sacramento de la reconciliación, por ejemplo, una oportunidad de ‘depositar’ nuestras malas actitudes, nuestros fracasos, nuestras frustraciones, y empezar de cero, tras recibir el perdón que nos ofrece permanentemente nuestro Señor. Y aun cuando nuestros pecados no sean de ‘peso pesado’, podemos dejarlos sobre el altar en cada celebración eucarística tras pronunciar el acto de contrición.

También estamos invitados a pedir todo lo que nuestros corazones desean sin tener que esperar por un día ‘especial’, ni hacer ritos supersticiosos, como comer uvas o tirar agua a la calle. Con la oración, la contemplación y el rezo del rosario, entre muchos otros, podemos entrar en sintonía con Dios para ser escuchados y ‘escucharlo’ a Él, tantas veces en el año como necesitemos.

Por eso este año me he propuesto hacer resoluciones espirituales como amar al prójimo, perdonar (y perdonarme), dar muestras de aprecio y gratitud,  y rezar, rezar mucho más, para pedirle a Dios que me ayude a hacer Su voluntad.

Adicionalmente quiero seguir cultivando la felicidad a través del servicio: escribir en este blog con frecuencia, donar mi tiempo y talentos a mi comunidad parroquial y a quienes lo necesiten, ser mejor esposa y madre, y hallar alegría en el servicio a mi familia.

Estas son cosas que se pueden decir a la ligera, pero como cristianos sabemos que son difíciles de lograr por nuestras propias fuerzas, que el enemigo siempre tratará de desviarnos de nuestras metas y que solo agarrados de la mano de Jesús y de María podremos perseverar.

Que el año nuevo nos permita decir ‘cámbiame Señor’ y que nuestros corazones se abran a dicho cambio que se nos da de forma gratuita y tantas veces como queramos, pues el amor de Dios es eterno y para Él no hay medianoche.

Feliz y bendecido año nuevo.

Vivir el adviento

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Este domingo iniciamos el periodo de adviento o espera a la Navidad. Son cuatro semanas en las cuales nos preparamos para la llegada del niño Jesús.

Debo confesar que en años anteriores no he vivido con tanta intensidad el periodo de adviento, pero este año me hace mucha ilusión utilizar estas semanas de reflexión para celebrar esta época en familia y transmitirle a nuestras hijas la importancia y belleza de este tiempo.

He estado buscando ideas que podamos hacer con ellas durante este época. Para mi sorpresa he encontrado símbolos y proyectos que desconocía, como el Árbol de Jesé, una tradición ligada a la genealogía de Jesús y que narra la historia de la Biblia desde la creación hasta el nacimiento del niño Dios.

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El Árbol de Jesé se puede hacer decorando el tradicional árbol de Navidad con ornamentos que simbolicen la genealogía de Jesús o haciendo un árbol de cartulina o papel de construcción. También se puede hacer con ramas secas en donde se pueden colgar los ornamentos. Para más información e ideas acerca del árbol de Jesé pueden visitar este enlace, en donde encontré mucha inspiración para nuestro proyecto.

Otra tradición de este época es la Corona de Adviento, la cual simboliza el transcurso de las cuatro semanas previas a la Navidad. Consiste de tres velas moradas y una vela rosada. Cada domingo se enciende una vela. Las primeras dos semanas se encienden velas moradas, la tercera semana se enciende una vela rosada -que simboliza la alegría de saber que pronto llegará el redentor-, y se termina nuevamente con una vela morada el cuarto domingo de Adviento.

Más información acerca de la tradicional corona de Adviento aquí.

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Durante el Adviento se celebran varias fiestas marianas, entre ellas la fiesta de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre, y la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe el día 12 del mismo mes. Ambas están ligadas al milagro de la vida en María y la encarnación del niño Jesús.

topicOtra advocación mariana de esta época es la Virgen de la Dulce Espera o Nuestra Señora del Adviento, imagen que muestra a María embarazada del Niño Jesús. Con esta advocación se reconoce a María como protectora de las madres embarazadas, de los padres que desean tener un hijo y de los que anhelan adoptar un niño. A la Virgen se le pide la protección, consejo, sabiduría y capacidad de orar y tener fe para enfrentar el gran desafío de ser padres.

Muchas familias e iglesias colocan una imagen de la Virgen de la Dulce Espera al lado de la Corona de Adviento, simbolizando la espera de la Navidad con María.

Por último, les comparto este vídeo que explica en solo dos minutos de qué se trata este tiempo.

Que tengan una dulce espera hasta la Navidad.

Dios nos oye: un milagro adopción espiritual

Oración para imprimir (gratis)

Traducción del post “God Hears Us: A Spiritual Adoption Miracle”  posteado en PrayerWineChocolate, de la bloguera Amy Brooks. Favor visitar su blog para el texto original en inglés. 

Mis nervios estaban de punta cuando me estacioné cerca de la clínica de Planificación Familiar. A medida que me acercaba y junto a mi hijo de tres años de edad fuera del coche, me aseguré de que cargaba con algunos rosarios. Me habían dicho que sería bueno tenerlos en mi mano para que el escolta la clínica no pensara que estaba allí para una cita. . . lo que habría sido un poco incómodo, por decir lo menos.

Me sentía como si estuviera caminando hacia un campo de batalla espiritual.

Déjenme empezar por el principio. Esta es una historia real acerca de la oración contestada. Y cuando hablo de la oración, me refiero tanto a la clase formal como al tipo informal. ¡Ambas clases fueron contestadas para mí este año de una manera tan increíble! ¡Siento la necesidad de decirle al mundo entero (o cualquier persona que escuche)!

El año pasado empecé a decir algunas oraciones por las mujeres que consideran realizarse un aborto. Cuando me acostaba a dormir por la noche, le pedía a Dios que le diera a estas mujeres esperanza y una red de apoyo. Le pedí a Dios que las ayudara a a no tener miedo y a desear la vida de sus hijos por nacer.

Entonces, un día estaba caminando por las escaleras con una carga de ropa y un pensamiento se me ocurrió. “Sé que no quiero a estas mujeres tanto como Dios los ama, pero… ¿Cómo pueden mis oraciones ayudarlas? ”

Poco tiempo después me encontré con la oración de la adopción espiritual. La imprimí. Mi marido y yo estuvimos de acuerdo en adoptar una niña, y darle el nombre que hemos anhelado para dar a una hija desde hace años. No es un nombre popular, por lo que dudé en compartirlo. Esta entrada del blog será la primera vez que haremos público nuestro nombre favorito para una niña.

La llamamos Jaina Teresa. El primer día oramos por Jaina fue el 7 de mayo de 2015.

Mientras tanto estábamos anunciando al mundo que aprobaron nuestra evaluación del hogar  y estábamos esperando para adoptar un recién nacido. No tenemos el dinero para adoptar a través de una agencia, pero si alguien conocía a alguien y conectase con una joven a quien le gustaría hacer un plan de adopción, podíamos hacer una adopción privada. Tenemos un excelente abogado de adopción. Le dijimos a todos nuestros conocidos y le pedimos que le dijeran a  todos sus conocidos.

Pero, no tuvimos suerte.

No íbamos a hacer ninguna conexión. Mi mente y corazón se remontaron a las mujeres que se encuentran embarazadas y deciden interrumpir su embarazo. Comienzo a preguntarme si me parase al frente de una clínica de aborto con un letrero que diga, “¿embarazo no planificado? Queremos adoptar” si ello inspiraría una mujer a considerar la adopción y elegir la vida.

Hasta este punto en mi vida, nunca había estado fuera de una clínica de aborto o de Planificación Familiar para orar o protestar. Siempre había sido pro-vida en mi corazón, pero nunca había visto una clínica de aborto.

Comienzo a hacer algunas investigaciones. Quería ver si los grupos pro-vida se paraban frente a la clínica de Planificación de la Familia que se encuentra a diez minutos en coche de mi casa. Desde luego, no iba a ir sola. Descubrí que había un pequeño grupo que oraba los viernes. Fui a la tienda y compré una cartulina. Tomé un marcador y en mi puño y letra escribí  “¿Embarazada? Queremos adoptar”.

Se veía mal.

Pero todavía planificaba ir. Y una mañana de agosto, decidí que ese era el día. Mi hijo estaba dormido (lo que nunca ocurría). Recogí un poco de cereal, lo vestí, y salimos por la puerta. Quería asegurarme de no perderme a la gente que rezaba el rosario. Mi miedo era que una vez que rezaran, se irían y no tendrían oportunidad de pararme allí con mi letrero.

Mi esperanza era más la de salvar una vida que encontrar a nuestro bebé ese día. Mi instinto y mi corazón me decía que las mujeres que acuden a las citas de aborto realmente no quieren estar allí.

Me aseguré de traer rosarios, porque me dijeron que una escolta podría pensar que estoy allí para hacer una cita y empezar a caminar conmigo al edificio. ¡Eso sería incómodo!

Estaba tan nerviosa cuando llegué allí. Agarré mis rosarios, saqué a mi hijo de su asiento y lo senté en el coche y saqué mi letrero de la cajuela. Me sentía como si estuviera caminando en un campo de batalla espiritual.

No mucho tiempo después de mi llegada, una mujer comenzó a hablar a través de un megáfono. Estaba diciendo, “tenemos alguien aquí que adoptará su hijo”…. Dijo otras cosas también, pero yo estaba agarrando la mano de mi hijo y caminaba rápidamente a la distancia. Me sentía tan incómodo y pensé: “¿Un megáfono? ¿De verdad? ¿Quién va a responder a un megáfono? Debe haber una mejor manera.”

María era la mujer del megáfono. Una vez terminó de pedirle a una joven que no entrara la clínica, me volví a hablar con ella. Le pregunté por la táctica megáfono. Otra mujer que había permanecido en silencio todo el tiempo con un par de rosarios intervino.

“A veces, estas chicas están orando por una señal de camino acá. Podríamos ser la señal por la que oraron”.

Mientras hablábamos, ocurrió lo inesperado.

La joven a la que María estaba suplicando a través del megáfono salió de la clínica con su madre. Se dirigieron hacia nosotros. Siguieron caminando hacia nosotros. A continuación, cuatro de nosotros nos estábamos abrazando (María, “Ana”, su madre y yo). Todos empezamos a llorar. Fue un momento increíble.

Después de ese abrazo inicial, la mamá “de Ana”, dijo, “que necesita un lugar para alojarse.” María inmediatamente agarró su teléfono celular y comenzó a hacer llamadas telefónicas. Me presenté. Le pregunté “Ana” de dónde era. Ella me dijo y me respondió: “Eso es muy lejos, ¿por qué viniste aquí?”

Ana respondió: “La clínica cerca de mí casa sólo los hace (abortos) hasta las 13 semanas, 6 días. Tengo 13 semanas, 8 días “- o algo por el estilo. Yo sé que ella dijo que 13 semanas y luego los días fueron más de 7 – por lo que recuerdo calcular en mi cabeza que ella estaba en su semana 14 de embarazo.

Continué hablando con “Ana” y todo el tiempo mi hijo estaba diciendo “mamá, mamá, mamá.” En un momento lo levanté  y seguí hablando con Ana y su madre. Mi hijo, aún diciendo mamá una y otra vez, agarró mi cara con sus manos para que pudiera mirarlo. El dijo: “Yo quiero ir a Baby’s Breath”. Le respondí: “¿Por qué quieres ir a Baby’s Breath? – Porque tienen paletas”. ¡¡¡El dijo que sí!!!”.

Entonces miro a “Ana”. Ella abrió su bolso y sacó dos paletas. Una para mi hijo y una para ella. Fue un momento impresionante, y yo estaba sonriendo de oreja a oreja y dando gracias.

Dos días más tarde estoy en mi cocina barriendo. Creo que, “Ana” estaba de aproximadamente 14 semanas de embarazo, y me pregunté cuanto hacía desde que empezamos a rezar la oración de la adopción espiritual. Entonces conté.

Exactamente 14 semanas y un día antes de conocer a “Ana” fue 7 de mayo – el día en que empezamos a rezar la Oración de la adopción espiritual. Mi boca se abrió, me dieron escalofríos y probablemente dije ¡WOW! más de una vez.

¿No será éste el bebé que adoptamos espiritualmente? ¿Estaba “Ana” embarazada de una niña? ¿Iba a nombrar a su Jaina?

Mi marido, mi hijo y yo continuamos rezando la oración de adopción espiritual cada noche después de rezar durante la cena.

Cinco meses después…

A finales de enero empecé a preguntarme cómo estaba “Ana” y si María todavía estaba en contacto con ella. Llamé a María y le pregunté. Ella me dijo: “Ana” está muy bien. También me dijo “Es una niña, ¿sabías que era una niña?”

¡Que tal aquello! Habíamos estado orando por una niña – pero podría ser una coincidencia, ¿verdad?

Le recordé a María acerca de la oración de adopción espiritual y que estábamos orando por una niña.

Esa noche en la cena le dije a Matt que había hablado con María, que ella me dijo que  “Ana” estaba bien y que estaba embarazada de una niña. Entonces le dije a Matt “Me pregunto si va a nombrar a su Jaina.”

El mensaje de texto que me hizo mirar dos veces

Una semana más tarde, María se puso en contacto con Ana a través de un mensaje de texto. Despues de unos días”Ana” respondió. En el texto, “Ana” dio las gracias a María por estar en el lugar correcto en el momento correcto.

También dijo que “no podía esperar a que su hija J-A-N-A naciera”.

María comprobó el texto de nuevo. ¿Estaba leyendo bien el nombre?

Ella me llamó para decirme.

No puedo explicar cómo me sentí. Pensé, “bueno, sí, ese es su nombre” ¡Wow, wow, wow!

Jana nació sana el 15 de febrero de 2016. María y yo esperamos poder conocerla y cumplir con ella, abrazarla y decirle a “Ana” esta historia.

Estoy muy agradecido y honrado de que el Señor me permitió tener esta experiencia. Estoy segura de que me dio esta experiencia sabiendo que se lo contaría a todo el  que lo escuche, y que voy a defender la adopción espiritual de los bebés nonatos. que esta oración funciona. Que esta oración salva vidas. Esta oración da una esperanza a las madres.

¿Te unes a mí para orar por un bebé nonato? El gran talento Meg Florkowski creó esta imprimible. Los animo a imprimirlo, colocar el nombre del bebé y colgarlo en la nevera. Me encantaría si comentas más abajo, si elegiste adoptar un niño o una niña? ¿Qué nombre elegiste?

 

#OrarMas

En enero publiqué un post acerca de la oración, como un servicio que podemos dar los católicos al prójimo y un acto de misericordia a realizar especialmente durante este año. Desde ese entonces he tratado de intensificar mis momentos de oración y buscar maneras de encontrar un ‘sistema’ para hacerlo. Aunque no lo crean, un recurso que me ha ayudado en esta misión ha sido el internet y las redes sociales.

Recientemente descubrí, gracias a una bloguera católica a quien vengo siguiendo hace algunos meses, la página Pray More Novenas, en la cual se realizan novenas virtuales y las oraciones son enviadas por email cada día del novenario. Esta misma bloguera y su esposo también realizaron un retiro virtual de cuaresma, el Pray More Retreat, en el cual compartían con aquellas personas que se registraban vídeos y ejercicios espirituales enfocados en la oración dirigidos tanto por sacerdotes como por laicos. Pude participar de este retiro virtual y les confieso que fue estupendo.

Otro recurso que me ha ayudado son las devociones diarias que recibo a través de los correos de Blessed is She, una página/ministerio/comunidad de mujeres católicas que reúne devociones escritas por decenas de blogueras de todo Estados Unidos. Cada día recibo por email las lecturas del día con una breve reflexión, escrita por una mujer como yo, con las mismas inquietudes y situaciones que pasamos muchas mujeres y madres católicas. Es ciertamente un gran bálsamo para el alma.

Todos estos servicios se han convertido para mi en fuentes de inspiración y deseo hacer proyectos similares en español. El ver cómo las redes sociales y las comunidades virtuales nos pueden ayudar a la oración y al encuentro con la Palabra es, sin lugar a dudas, algo que me motiva y me llama al servicio, pues como comunicadora de profesión, siento ese cosquilleo constante de contar historias, de compartir información, de no quedarme con los  tesoros que aprendo, ¿y qué mayor tesoro que el evangelio?

Uno de los proyectos que ya inicié es el grupo de Facebook #OrarMas/Novenas Virtuales, en el cual postearé novenas periódicamente. Además quiero iniciar otros proyectos en redes sociales como comunidades o grupos de oración virtual, rosarios virtuales, y quien sabe si hasta retiros por internet en español. Todo lo dejo en manos del Espíritu Santo, que me dirá qué hacer y cómo continuar este ministerio, si es Su voluntad.

Estamos en Pascua, periodo del año en que se nos pide anunciar el evangelio o la buena nueva con mayor intensidad: en las plazas, en las calles y, también, por qué no, las redes sociales y los medios de comunicación.

Me inspiro en las palabras de la recientemente fallecida Madre Angélica, fundadora de la cadena de televisión católica Eternal Word Television Network (EWTN), quien se inspiró en la realidad de un pequeño estudio de televisión de una emisora protestante y dijo “no se necesita tanto para llegar a las masas”. Y hoy en día, ¡menos!

¿Cuántos se apuntan conmigo en esta caótica misión? ¡Ánimo!

 

 

 

 

Ser amor

¿Se han puesto a pensar cuán diferente es el cristianismo de las principales religiones del mundo? Desde el judaísmo -religión de la cual se desprende la fe cristiana-, hasta el islam y el hinduismo, son religiones que tienen fuertes mandamientos o reglas, con restricciones alimentarias, de vestimenta y hasta de aseo.

A nosotros, simplemente se nos pide amar, según lo expresó el mismo Jesucristo la noche en que instituyó la eucaristía y anunció su pasión, cuando le dijo a los apóstoles: ”Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Juan 13:34). Eso es todo. Toda nuestra fe, nuestros mandamientos, y hasta el catecismo de la Iglesia, desprende de ese mensaje, de ese mandamiento: Amar. Fácil, ¿no? No hay que dejar de comer nada, no hay que ‘purificarse’ con baños especiales, no hay que circuncidarse, no hay que cubrirse la cabeza, no hay que dibujarse puntos en la frente…. No hay que hacer nada, solo amar.

¡Lo más difícil!

No sé a ustedes, pero a mi amar me cuesta. Es mucho más fácil ignorar al otro, juzgarlo, criticarlo, señalarlo….pero ¿amarlo? Ufff. Eso sí es difícil.

Por eso le pregunto directamente a Jesús: ¿cómo se ama? ¿Cómo logro amar al otro? ¿Cómo demuestro ese amor? Y Jesús me lleva a la cruz y me dice en palabras de  Juan: ”En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Juan 3, 16).

¿Eso es el amor? ¿Dar la vida por los hermanos? Wow. Prácticamente imposible entonces.

Pero si Cristo Jesús, quien dio la vida por nosotros, es amor, para amar debemos llenarnos de Él. Por eso se quedó en la eucaristía, que es literalmente comer amor -porque nos comemos el cuerpo de Cristo, que es amor-; en el sacramento de la reconciliación, en el que Jesús nos recalca su amor a través del perdón y la misericordia; en la Palabra de Dios y en sus enseñanzas, que son las guías del amor, y guardar Su palabra es llegar a la plenitud del amor de Dios, ”y en esto conocemos que estamos en él”, como dice Juan en su primera carta.

Pero para llenarse del amor de Dios hay que esforzarse, luchar contra el mundo por mantener esa cercanía con Él, con su Iglesia, con su Santa Madre, donde habitó el Amor por primera vez en la tierra.

Y aun así cuesta, cuesta mucho y debemos reconocer que por nuestras propias fuerzas no lo conseguimos. Solo a través de la gracia y el Espíritu podemos recibir el don de amar, de convertirnos en amor, de que Dios actúe en nosotros para que logremos imitarlo en su donación, en su servicio y en su misericordia.

Le pido a Dios siempre sentir la ‘necesidad’ de convertirme en amor para que Él habite en mí y pueda dar la vida por los hermanos, en el servicio y en la caridad. Que me ayude a guardar Su Palabra y a nunca alejarme de los sacramentos, que son alimento y fuente de amor.

Y mientras, no se me exige hacer mucho más, solo amar…

 

Libertad

En los días previos a la Semana Santa los evangelios que nos presentó la Iglesia narran cómo Jesús se enfrentó a los judios para tratar de explicarles que Él era el hijo de Dios y que hacía la voluntad del Padre quien lo envió y a quien debía retornar. Por tanto, les cuestionaba por cuál de las obras que realizaba querían apedrearlo . Éstos le contestan que por ninguna, pero simplemente veían como blasfemia que se declarara Hijo de Dios (San Juan 10,31-42).

Es que Jesús, contrario a muchos de nosotros, es totalmente congruente: hace lo que dice y dice lo que hace, aunque sabía que eso lo llevaría a la muerte.  Pero Jesús no puede contradecirse…..como nosotros.

Nosotros nos hacemos llamar cristianos, pero ¿son nuestras obras congruentes con nuestro testimonio? Nosotros, que tenemos la libertad de declarar a Jesús como nuestro Salvador, muchas veces lo negamos, cuando evitamos conversaciones que nos identifiquen como cristianos, cuando no decimos con ´nombre y apellido´que practicamos nuestra fe, cuando se nos hace más fácil callar que debatir un punto que es contrario a las enseñanzas de la Iglesia.

Es que Dios, en su infinito amor hacia nosotros nos ha regalado la libertad y quiere que, en libertad, le amemos y demos testimonio de su obra en nosotros. Dios se ha arriesgado a ser rechazado a cambio de vernos libres, de darnos potestad de decir si o no a su amor. Pero a la misma vez llega al extremo del amor por nosotros y clava nuestros pecados con su cuerpo y sangre en la cruz para que en esa misma libertad que nos permite llegar al pecado, podamos ser perdonados. Esto es ciertamente un misterio difícil de entender, pero que hay que agradecer con amor.

No le podemos echar la culpa a Dios por la libertad del hombre, es un regalo que Él le ha hecho a la humanidad aunque la humanidad no la entienda. Por mi lado analizaré esta semana cómo estoy afrontando esa libertad que me ha regalado el Señor, que no me creó para que sea su esclava, ni para obligarme a cumplir su Palabra, sino para que lo ame y le sirva de forma voluntaria, a través de mi entrega al prójimo.

No puedo renunciar a esta libertad que Dios me regala, pero sí puedo tenerla en cuenta y reconocerla como un regalo, pero también como una puerta o una herramienta que, de ser mal usada, me puede llevar lejos de Él.

Que nada nos separe del amor de Dios.

 

El día del amor

Aunque muchos piensan que es en febrero, y que coincide con el martirio de San Valentín, el verdadero día del amor nada tiene que ver con cupido, o con flores, chocolates y peluches. El verdadero día del amor y de la amistad es el Viernes Santo.

Le escuché esta reflexión a un sacerdote recientemente y me hizo todo el sentido del mundo. ¿No les parece que el acto más grande de amor hacia la humanidad se dió precisamente ese día, cuando Jesús estiró los brazos en la cruz para perdonar los pecados de la humanidad? Yo así lo creo.

Por eso el símbolo del amor, lejos de ser un corazón rojo o una rosa, debe ser el crucifijo, el madero donde quedaron clavados nuestros pecados y donde se manifestó el amor extremo del Hijo de Dios hacia nosotros. Pero eso es incómodo para el mundo, y el mundo no quiere que nos salgamos de nuestra comodidad, que pensemos en el sufrimiento que representa la cruz como símbolo del amor. El mundo solo quiere que seamos felices, pero para ser verdaderamente felices tenemos que abrazar el sufrimiento y mirarlo con gratitud.

En esa misma homilia -en la que el sacerdote habló del día del amor- también dijo que el que sienta que no tenga cruz que salga corriendo a buscarse una, en el sentido simbólico de la palabra, claro está. O sea, que ignorar los sufrimientos que padecemos, los perdones que no hemos entregado, los reincores, las historias dolorosas y todo lo ‘no resuelto’, lejos de darnos paz y felicidad, es como ponerle una curita a una herida para no verla, pero así no queda sanada. Así no se manifiesta el amor, que es consecuencia del perdón y viceversa.

Y creo que todos tenemos de esas heridas cubiertas con gasas, curitas y torniquetes; esas historias que no queremos tocar ni destapar, esas cruces a las cuales no queremos subirnos…pero es abrazándolas, colgando de ellas y muriendo a nuestra soberbia que ponemos de manifiesto el amor.

Y perdónenme si este ‘post’ está muy denso, pero es que se acerca la fecha más trascendental de nuestra vida cristiana, la fecha que nos recuerda cómo amar, hasta qué extremo, cómo perdonar… La fecha que nos recuerda que la vida es una donación al otro, que Jesús a pesar de ser Rey de Reyes y Dios verdadero se humilló a una muerte de cruz para poner de manifiesto su amor y su misericordia para con nosotros, y eso no puede pasar desapercibido. Ese amor solo se paga con amor, y más amor. Amor a Dios sobretodas las cosas, y amor al prójimo. Un amor que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios.

No es casualidad que el Santo que se celebra el día que el mundo llama día del amor, o sea, San Valentín, entregara su vida en el martirio, que es la máxima manifestación del amor.

Esta semana trataré de entender mejor la cruz porque se que en ella se contempla el amor y es solo a través de la cruz que llegamos a la gloria de la resurrección.

 

Regalos del cielo

Quiero compartir este testimonio como acción de gracias: ¡Dios nos se cansa de sorprendernos ni de amarnos, de eso no tengo duda!

Como escribí hace algunos días, recientemente recibí una noticia que me hizo ‘sentarme en la barca con Pedro’ a dudar del Jesús que camina sobre las aguas. En ese momento le pedí a Dios un plan de oración para redoblar mi confianza en Él, y ciertamente no me ha fallado.

Sucede que desde la semana pasada no solo me ha permitido participar diariamente de la eucaristía, presididas por curas diferentes cada día, lo que ha añadido mucha riqueza gracias a los estilos de prédica de cada uno de estos siervos de Dios. Sino también me ha regalado experiencias de oración maravillosas, como coronillas a la Divina Misericordia, rezos del Via Crucis, adoración eucarística y, tan recientemente como hoy, un cenáculo a la Divina Misericordia. En cada una de estas experiencias se me ha regalado alguna palabra que me confirma que no he de temer, que el Señor está conmigo y que Su misericordia es infinita. A esto se suman lecturas escogidas al azar que han dado perfectamente en el clavo.

También recibí buenas noticias de la posición en la que se encuentra mi bebé, lista para el alumbramiento, que ha de suceder en pocas semanas, si así Dios lo permite. Y además, hoy me invitaron a participar de un directorio de blogs escritos por madres católicas, en el cual Católica Caótica será reseñado en la categoría de blogs en español.

¡Que muchos regalos me llegan de cielo!

Y por eso los comparto con ustedes, mis queridos caóticos, porque así como oramos, así como pedimos a Dios que nos ayude, que nos consuele, que esté a nuestro lado, así mismo debemos agradecer las oraciones contestadas, debemos recibir estos regalos del cielo con el máximo agradecimiento y dar testimonio de cómo el Señor obra en nuestras vidas.

Con esto quiero confirmarles que al que pide se le dará, el que busque encontrará y al que llame se le abrirá.

¿Qué oración te ha contestado el Señor recientemente? Comparte tu testimonio y  juntos demos fe del amor de Dios, que no se cansa de complacernos.

Las tres frases

Como les comenté hace poco, estoy haciendo un retiro online acerca de la oración. Una de las charlas se titula ‘Cómo escuchar la voz de Dios‘. En ella, el sacerdote que ofrece la charla, menciona que hay tres categorías básicas desde las cuales podemos escuchar la voz divina: en la mente, en el espíritu y en el cuerpo.

En la categoría de la mente, menciona que podemos escuchar la voz de Dios a través de deseos santos o santas inspiraciones; deseos de servir o de hacer algo. También en esta categoría entran imágenes, palabras, oraciones e ideas que nos pueden surgir al escuchar la Palabra.

Dentro de la categoría del espíritu menciona sentimientos de alegría, paz, renovación, calma y sosiego. Y en la categoría del cuerpo menciona sensaciones de electricidad o energía, escalofríos o piel de gallina y de calor.

Me atrevo a decir que muchos hemos experimentado una o más de estas sensaciones en nuestro camino de fe, o al escuchar alguna Palabra o predicación. ¿Están de acuerdo?

Tan recientemente como ayer, durante la eucaristía del quinto domingo de cuaresma, tres frases llamaron mi atención y me sirvieron como hilo conductor del mensaje que Dios me quería comunicar. La primera frase saltó de la lectura de Isaías: “No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas”. La segunda vino de la Carta de San Pablo a los Filipenses: “me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús”. Y la tercera surge del Evangelio según San Juan: “no peques más”.

Estas tres frases se conectan perfectamente para comunicarme un mensaje de misericordia, esperanza y paz. En la dureza del desierto que puede ser la cuaresma estas tres frases vienen a recordarme que vivir para creer en Dios, para amarle sobre todas las cosas y para servir al prójimo  vale la pena. Que cumpliendo sus mandatos llegaré al premio celestial, que no he de mirar hacia atrás ni debo acordarme del pecado que cometí porque quedó perdonado y que, simplemente, ya no peque más. Tres instrucciones, tres guías, tres recordatorios de cómo seguir este camino hacia la resurrección que se aproxima tras la cruz.

Y debo confesar que estas frases llegan en un gran momento, pues durante la cuaresma los ataques del maligno son más frecuentes y quieren llevarme a recordar pecados antiquísimos que me hacen caer en la tristeza, en la duda, en cuestionarme si de veras soy digna de llamarme cristiana. Pero Dios, a través de Isaías, Pablo y Juan me ofrecen el consuelo divino.

No miremos hacia atrás, corramos hacia la meta y no pequemos más.