Diario de oración para caóticas

Hace un par de años, inspirada por un artículo que leí en el blog de mi amiga Amy Brooks, de Prayer Wine Chocolate, me decidí a iniciar un diario de oración. En su artículo, Amy daba algunas sugerencias súper creativas para desarrollar en el diario, como hacer dibujos, cartas, pegar estampitas, etc. Su propuesta era más de corte scrapbooking para Dios y, aunque lo intenté un par de semanas, no pude con el tren de ese estilo en particular. Luego vi un taller online acerca del mismo tema y volví a intentarlo. En esta ocasión proponían un estilo de ‘journaling‘ o escritura diaria basada en lecturas bíblicas.  Nada complicado, pero tampoco tuve disciplina para hacerlo.

Recientemente descubrí otro ejercicio que estoy intentando. Éste nos pide escribir cuatro cosas a forma de lista de cotejo: tus alabanzas a Dios, de lo que te arrepientes, lo que agradeces y lo que pides. ¡Sencillo!

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¿Saben porque este estilo me funciona? Porque aunque me gustaría escribirle largas cartas de amor al Amor de los Amores, mi vida es caótica, llena de asuntos por tratar: esposo, hijas, trabajo, una casa que manejar, compromisos, etc. Sé que nada es más importante que Dios, y por eso tengo que encontrar la manera de escribirle cuánto lo amo, cuánto me arrepiento por haberlo ofendido, cuánto le agradezco y cuánto necesito de Él, aunque sea de una forma sencilla y que no requiera mucha rimbombancia. En lo sencillo está Dios..

Por eso he llamado este estilo de escritura diaria ‘mi cuaderno de oración para Católicas Caóticas’, porque encaja con mi estilo de vida que tiende al caos pero que busca la luz de Cristo.

Muchísimos santos llevaban diarios de oración y yo quiero ser santa, de veras lo deseo. Por eso quiero vivir a imitación de aquellos que sí lo lograron a pesar de su pequeñez, de su pecado, de su historia o de su carácter. Si escribir me ayuda, ¡pues escribamos!

Anímate a sacar un tiempo diariamente para Dios. Escríbele aunque sean listas de cosas que quieres contarle. Él conoce tu corazón y quiere acercase a el; ayúdale al menos con tus listas.

Descarga este sencillo formato de diario de oración para Católicas Caóticas: Diario de oración

Visita el blog de Amy Brooks, Prayer Wine Chocolate y sus recursos para llevar diarios de oración (en inglés): https://www.prayerwinechocolate.com/category/the_little_things/

 

Cosas de mujeres

Hace poco, escuchando el podcast Abinding Together de Ascension Press, pude conocer más acerca de las cuatro doctoras de la Iglesia: Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresa de Lisieux y Santa Hidelgarda de Bingen. De esta última conocía poco, pero aprender más acerca de su vida fue ultra mega fascinante. Hidelgarda fue abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. O sea, casi nada… Conocer la vida y obra de Hidelgarda, Catalina y las dos Teresas me hizo pensar en ese ‘genio femenino’ del que habló San Juan Pablo II y esa forma tan peculiar en que las mujeres podemos aportar a la Iglesia, sobretodo ahora que tanto lo necesita.

¿Qué es el genio femenino?

Según el ‘santo patrón de los hipsters’ (o sea, San Juan Pablo II) el genio femenino es el conjunto de dones específicamente femeninos –comprensión, objetividad de juicio, compasión, etc.– que se manifiestan en todos los pueblos. Estos son una manifestación del Espíritu, un don de Dios para realizar la vocación de asegurar la sensibilidad para el hombre. El genio femenino es la condición para una profunda transformación de la civilización actual. (Mulieris Dignitatem).

Estas cuatro mujeres, cada una a su manera, hicieron grandes aportes a la Iglesia, haciendo uso de estos dones que menciona San Juan Pablo II. Así como ‘las doctoras’, cada una de nosotras podemos hacer la diferencia en la Iglesia, aportando con nuestros talentos y activando la comprensión, la objetividad de juicio y la compasión que el mundo nos quiere quitar y quiere mostrarnos como ‘debilidades’. Sí, el mundo insiste en que somos fuertes, auto suficientes, capaces de TODO y que no necesitamos de nada ni de nadie para nuestra auto realización, y esos mensajes matan poco a poco nuestro genio femenino.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo activamos el genio femenino del que habla la Iglesia? Aquí detallo algunas ideas que se me vienen a la mente:

  1. Defendiendo la vida desde la concepción: tener la valentía de hacer defensa de la vida entre nuestras amistades y conocidos es un acto heroico al que todos estamos llamados. Es más cómodo quedarnos callados ante una publicación que promueva el aborto, o cuando alguna amiga nos dice que optaría por terminar un embarazo de tener un niño con discapacidades, ¿pero qué harían las doctoras? Seguro no se hubiesen quedado calladas, ¿verdad? Seamos santas; ¡actuemos como las santas!
  2. Transmitiéndole la fe a nuestros hijos: para tener un mundo que aprecie los valores cristianos tenemos que criar niños cristianos. Por ello es tan importante inculcarle la fe a nuestros hijos, aunque sea una ardua tarea mantenerlos quietos en misa o hacerlos que escuchen cuando leemos la palabra o rezamos en familia. La semilla de la fe crecerá en ellos si es regada y cuidada, y en el momento del ataque ¡los salvará!
  3. Sirviendo a los demás: Esto mejor que se los explique el mismísimo Jesús….”Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme.” Tratemos de poner esto en práctica (y me requete incluyo porque fallo hartísimo en esto).
  4. ORACIÓN: Así, en mayúsculas. Todas las anteriores solo las podemos lograr si mantenemos una vida de oración comprometida y fuerte; pero no desde nuestras fuerzas, sino en la humildad de sabernos incapaces de servir a los demás, de defender la fe, de transmitir la fe, ¡y hasta de orar! Tratemos de poner la oración como nuestra prioridad de vida; lo primero que hagamos en la mañana y lo último que hagamos en la noche. Recordemos lo que escribió San Pablo “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18). A mí la práctica de la gratitud constante me ha ayudado en la oración, porque no tengo que esperar a tener un problema o necesitar algo para pedir, sino que trato de dar gracias por cosas sencillas, y ese ‘gracias’ es una oración que sube al cielo y al que el Señor responde con un ‘de nada’ lleno de dones y maravillas.
  5. Conociéndonos: y aquí no me limito a conocernos como personas, con nuestros dones y debilidades. Me refiero a conocer nuestros cuerpos y nuestros ciclos, porque el demonio ataca por medio de las hormonas. Al menos a mi me pasa que previo a mi periodo (durante el famoso PMS) siento menos conexión con Dios, menos ganas de rezar. Siento más ira, estoy mucho más irritable y el pecado de la soberbia se me da fácil en ‘esos días’. Por eso, cuando sé que estoy a la espera de mi periodo, trato de reforzar la oración y de tenerme paciencia. Intento estar más conectada con mis sentimientos para no caer en pecado gritándole a los demás o encolerizándome por tonterías. No es fácil, pero hay que intentarlo.

¿Qué añadirías a esta lista? ¿Cómo más crees que las mujeres podemos usar ese ‘genio femenino’ en la reconstrucción de la Iglesia. Déjame saber en los comentarios y comparte este artículo con aquellas mujeres de tu vida que tienen algo que aportar a la Iglesia desde su femineidad.

Más caótica que católica

En estos últimos días he publicado en mi cuenta personal de Instagram que me he sentido un poco estresada y agobiada. He tenido mucha presión con el trabajo, las niñas, la familia, etc.  También he estado un tanto ‘fría’ espiritualmente hablando, y aunque esto no me ha alejado de los sacramentos, sí me ha puesto triste, porque no siento a Dios tan cercano como quisiera. Y una cosa siempre lleva a la otra: el Demonio se mete y empiezo a juzgarme, a juzgar y a actuar de manera soberbia y arrogante. Y a mi la soberbia se me da fácil…

Por eso me siento más caótica que católica estos días, con la mecha muy corta y muy alterada (sumado a un desbalance hormonal por razones médicas). Pero como Dios es sabio y conoce a su caótica predilecta (me disculpan, pero lo soy…jajajaja) me ha regalado muchas palabras, acontecimientos y personas que me han ayudado a reflexionar. Como la bofetada que recibí de Pablo en su carta a los Efesios el domingo pasado: ”Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Eerrmm, Ok. Entiendo.

También me ha acercado más a Él y su Iglesia el hecho de que todo el mundo me habla de prácticas como el yoga, limpieza de aura, meditación trascendental y otras que no son necesariamente compatibles con la Iglesia. Salir a defender mi religión y sus creencias de forma respetuosa y amable han sido para mi tremenda prueba de humildad, porque por la general ladro como perro chihuahua cuando quiero defender algo.

Me consuela saber que no soy la única católica caótica, y que muchos santos han sido grandes pecadores encolerizados pero han logrado ganar los altares por pura misericordia e iniciativa de Dios.

Yo sigo luchando para salir del caos y encontrar paz, sin yoga, sin alineación de chakras ni limpiezas de aura. Mis ‘mantras’ son Ave Marías y mi meditación la hago ante el Santísimo. Porque, como dice una de las más grandes católicas caóticas, Santa Teresa de Ávila, ¡solo Dios basta!

‘Hacks’ para católicos caóticos

Si digo que cada mañana cuando despierto lo primero que hago es dar gracias a Dios por un nuevo día, estaría mintiendo de manera monumental. Lo primero que hago es agarrar mi celular, revisar qué hora es y leer las notificaciones de WhatsApp o Facebook. A veces me detengo a revisar mis correos y después salgo corriendo de la cama a atender a mis hijas. Así transcurre mi mañana, y quizás la primera oración del día no llega hasta el desayuno.

A pesar de esto siempre he tenido la intención de darle gracias a Dios tan pronto abro mis ojos. Leía recientemente que Santa Gema, de quien escribí hace poco, lo primero que hacía al despertar era decir ‘te amo Jesús’. Algo tan sencillo pero tan poderoso: una afirmación de amor a quien es amor.

Y a partir de esa búsqueda y en ánimos de fortalecer mi vida de oración y tener una vida espiritual más disciplinada, les comparto estos ‘hacks’ o atajos para hacer más fácil la tarea de orar con frecuencia:

  1. Alarma con canciones espirituales: actualmente la alarma de mi celular es la canción ‘Harbor’ de Brother Isaiah. Esto me ayuda a despertar con un mensaje de alabanza y a tener esa canción presente todo el día en mi cabeza.
  2. Recordatorio en el celular: me he puesto como ‘tarea’ cada día rezar la oración de ofrenda matutina al Sagrado Corazón de Jesús, la trato de rezar a diario para entregar las acciones y sufrimientos del día. A las 6:00am aparece la notificación en mi celular como un recordatorio de la tarea. Aquí les va la oración: “OH JESÚS, a través del Inmaculado Corazón de María, Te ofrezco mis oraciones, obras, júbilos y sufrimientos de este día para todas las intenciones de tu Sagrado Corazón, en unión con el Santo Sacrificio de la Misa por todo el mundo, para la salvación de almas, la reparación de mis pecados y del mundo entero, la re unificación de todos los Cristianos, las intenciones del Santo Padre para este mes y para mis intenciones especiales (mencione sus intenciones). Amén”
  3. Escuchar emisoras católicas mientras manejo a la oficina: trato de sintonizar Radio María tan pronto enciendo el auto. Al menos así puedo escuchar noticias de la Iglesia o rezar con ellos el rosario, el cual siempre rezan en horas determinadas.
  4.  Contraseña especial en mi computadora: hace poco cuando pedí la contraseña de WiFi en la oficina de unos abogados, me sorprendí mucho cuando me dijeron que era Virgenmaria1. Esto me inspiró a pensar en contraseñas ‘espirituales’ para mis aparatos y cuentas protegidas. De esta forma al escribir la contraseña puedo detenerme a dar gracias a Dios por el trabajo y por la vida.
  5. Apps con notificaciones: en este artículo que escribí hace casi un año, detallo algunas aplicaciones móviles y páginas de Internet que sirven como herramientas de oración. Una de esas aplicaciones es la de la Coronilla de la Divina Misericordia, que me notifica diariamente a las 3:00pm que es hora de rezar.

Mi vida espiritual no es para nada perfecta, y está lejos de serla, pero recurrir a estos hacks me ayuda a tratar de ser más disciplinada.

Dios sembró en mi la semilla de amarle, pero esa semilla debe ser cultivada con oración, y estos hacks son como regaderas que me ayudan a dispersar el agua y dejarla caer sobre esa semilla, para que crezca. Ojalá algún día pueda cosechar los frutos de esa oración y no depender de estos atajos para acordarme de rezar. Espero que eventualmente la oración nazca de forma natural y espontanea, pero en lo que Dios permite que eso suceda me aliaré con mi teléfono.

Enfrentando el desierto

Estoy a punto de terminar de leer el libro “Trusting God with Saint Therese“, el cual narra varias etapas de la vida de la santa francesa y cómo fue su pequeño camino de fe y confianza en Dios. También narra cómo Santa Teresita, doctora de la Iglesia e hija de santos, enfrentó momentos de aspereza espiritual y dificultad en la oración…como todos nosotros.

Dice Santa Teresita que durante años, ¡años!, sufrió el desierto espiritual. El mismo inició poco después de que anunciara su entrada al Carmelo, luego justo antes de entrar al noviciado y -el más fuerte de todos-, durante los meses previos a su muerte. No obstante, Santa Teresita utilizó este ‘silencio de Dios’ como una ofrenda de sufrimiento por la salvación de las almas. Lo vio como una herramienta que le daba Dios para su santidad.

¡Qué nivel de fe y confianza en Dios! ¡Que alma tan grande habitaba el cuerpo de esa pequeña! ¡Cuánta gracia derramó Dios sobre esa niña! Ciertamente es una #SantaInspiración…

Pero enfrentar los desiertos no es fácil, sobretodo cuando nuestra fe no es, ni por cerca, madura como la de Santa Teresita. Entonces, ¿qué podemos aprender de ella para ‘darle la vuelta’ al desierto espiritual? Una forma es adoptando su ‘pequeño camino de fe’, el cual consiste en ver y aceptar nuestra pequeñez; vernos como niños ante Dios y saber que Él nos ama tal y como somos.

Santa Teresa dice que en muchas ocasiones se quedaba dormida durante la oración, pero que esto no le preocupaba porque a los padres le da felicidad ver a sus hijos dormidos, y que los aman tanto dormidos como despiertos. Ella sabía que Dios la amaba, a pesar de su incapacidad para mantenerse despierta durante la oración. Decía además que los doctores duermen a sus pacientes cuando los operan, por ende sabía que Dios obraba en ella mientras dormía. Que simple….pero profundo a la vez, ¿no les parece?

Y es que cuando se entra al desierto, cuando no sentimos el calor de Dios ni su cercanía, es cuando más tenemos que simplificar nuestra vida de fe: hacernos pequeñitos como niños y ‘descansar’ totalmente en el regazo de Dios y su Madre. Sin complicarnos, sin buscar los por qué de nuestra aspereza, sin excavar el pasado con sus pecados y sus historias tristes. Para enfrentar el desierto hay que decir como Bartimeo, “Jesús, hijo de David, ten piedad de mi”, y dejar que Él actúe…y si no actúa saber que está ‘operando’ en nuestra alma anestesiada.

Hay que tener misericordia con nosotros mismos, como Dios la tiene para con toda la humanidad. Saber que Su amor sobrepasa nuestro entendimiento y que Él sabe que lo amamos aún en el silencio de nuestras almas. En tranquilidad y en oración.
Sólo Dios basta.