¡Renuncio!

Este año, durante la vigilia pascual, presté especial atención a una parte del rito a la que no le había dado tantísima escucha en años anteriores: la renovación de las promesas bautismales. Es una de esas maravillosas fórmulas de la Iglesia que valdría la pena imprimir y tener en un lugar muy visible, para tener siempre presente nuestro compromiso como cristianos.

Les comparto el texto:

¿Renuncian a Satanás, esto es:
• al pecado, como negación de Dios;
• al mal, como signo del pecado en el mundo;
• al error, como ofuscación de la verdad;
• a la violencia, como contraria a la caridad;
• al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a sus obras, que son:
• sus envidias y odios;
• sus perezas e indiferencias;
• sus cobardías y complejos;
• sus tristezas y desconfianzas;
• sus materialismos y sensualidades;
• sus injusticias y favoritismos;
• sus faltas de fe, de esperanza y de caridad?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:
• el creerse superiores;
• el estar muy seguros de vosotros mismos;
• el creer que ya están convertidos del todo?

R/. Sí, renuncio.

¿Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
• el dinero como la aspiración suprema de la vida;
• el placer ante todo;
• el negocio como valor absoluto;
• el propio bien por encima del bien común?

R/. Sí, renuncio.

Wow! Leer esto me lleva a cuestionarme si realmente estoy viviendo estas renuncias, o si estoy coqueteando con las seducciones del maligno cuando caigo en la práctica de algunas de sus obras como las envidias, los odios, los complejos, la indiferencia, y muchas otras mas.

Este repaso también me lleva a pensar en lo hermosa que es nuestra Madre la Iglesia, que nos instruye y nos guía en este camino que nos lleva a la salvación.

Le pediré al Señor acordarme siempre de esta promesas, de estas renuncias que hago para seguirlo y alcanzar su Gloria.

La cristiana que no logro ser

Ayer, durante la ceremonia del Viernes Santo, meditaba lo poco que he logrado ser la cristiana que quiero ser: dulce, humilde, preocupada, servicial y siempre donada al prójimo. En pocas palabras: me lamentaba por mi incapacidad de amar. Viendo la cruz, y el amor que Jesús nos manifestó, me siento minúscula y a la vez llevo el peso de la gran responsabilidad que conlleva este título: hija de Dios.

Recuerdo que hace casi 20 años, en una peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal, empecé a sentir esta horrible sensación de no dar la talla como cristiana. Y ya he escrito antes acerca de este tema, pero hoy quiero hacer memoria de esa experiencia, cuando me comparé con una chica muy dulce y buena que viajaba con nosotros. Recuerdo como me dolía no poder ser como ella; no poder sonreír en todo momento, no lograr ser desprendida, ni estar siempre atenta a las necesidades de los demás. ¡Tengo tan viva la memoria de mi frustración, de mi dolor!  Yo, al contrario, andaba mal humorada, pensando solo en mi y en mis necesidades, despreocupada de las situaciones ajenas…llena de soberbia y egoísmo.

Y a pesar de haber madurado tanto a nivel intelectual como en mi vida de fe tras estos veinte años, ayer sentí la misma frustración: la tristeza de no lograr ser la cristiana que quiero ser, de seguir siendo indiferente, soberbia, malhumorada, poco paciente y para nada humilde. ¡De no poder amar! Miro a mis hijas y la poca paciencia que a veces les tengo, o a mi esposo, quien a veces se va al trabajo sin que yo le prepare su almuerzo porque tengo la cabeza en mis proyectos… Miro como pasan los días y no busco a aquellos a quien digo amar: mis padres, mis amigos, mi familia extendida. Veo como fallo en cultivar amistades, en contestarle a aquellos que me buscan.

Por eso pido que, con la Pascua, el Señor renazca en mi y sea Él quien me convierta en la cristiana que Él quiere que yo sea. Que me ayude a salir de mi indiferencia, de mi falta de humildad, de mi soberbia y de todo lo que me aleja de cumplir eso que Él pidió en su última cena: amar al prójimo. Él me conoce mejor que yo y sabe donde estoy y a donde no he podido llegar por mis fuerzas.

Por eso, ya no me lamento como hace veinte años. Esta frustración se tornará hoy en esperanza, cuando se encienda el Cirio Pascual. Me anclo en la esperanza de saber que el Señor obra en mi para convertirme en la cristina que Él quiere que sea, a pesar de mi.

De católicas y ¡caóticas!

Hace aproximadamente un mes y medio a mi comadre y a mi se nos ocurrió convocar a un retiro para madres católicas con la intención de separar un día de la ajetreada vida de madres y esposas para un encuentro con Jesús y María. Esto fue a pocas semanas de haber vivido la transformadora experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, y tras haber escuchado al Papa Francisco hablar del ‘ahora de Dios’ e invitarnos a ser ‘influencers de Dios’ al estilo de María. Al siguiente día estábamos publicando la información en redes y poco después se fue llenando la lista de mujeres interesadas en la experiencia.

Pues bien, ayer, en medio de la naturaleza y con un agradable clima que solo programa el termostato divino, nos reunimos un grupo de más de 30 mujeres para reflexionar sobre nuestra experiencia de Dios en medio de nuestra realidad como madres, esposas y profesionales.

Les comparto algunas de los aprendizajes que me llevé de esta linda experiencia:

Dios lo hace todo nuevo

No importa cuan imposible veamos una situación, o cuanto nos hallamos alejado de Dios, Él puede transformar nuestra vida y hacerlo todo nuevo. ¿La clave para esto? La humildad y la oración.

Amarte es reconocer el amor de tu creador

Uno de los temas que más se nos dificulta a las mujeres católicas es el amor propio, porque no queremos caer en vanidad. Pero durante el retiro vimos que el auto cuidado, el amor propio, llevado de forma saludable, hace honor a nuestro creador. Si no nos amamos a nosotras mismas no dejamos florecer ese amor de Dios que vive en nosotras.

Hay que vivir con propósito

Dios nos ha regalado dones y talentos a todas y, a veces, por vivir como zombies y en piloto automático, no reconocemos esos talentos y no los ponemos al servicio de los demás. Nuestros trabajos nos esclavizan y los convertimos en ídolos que nos atrapan en la carrera de tener, ser, ganar… Pero cuando vivimos con propósito y con Dios como único norte, podemos poner nuestros dones al servicio de los demás, sintiéndonos realizadas y felices.

¡Cállate y ora!

Como esposas a veces queremos ‘reparar’ a nuestros maridos, llevarlos a Cristo por la fuerza y moldearlos para que sean el padre, esposo y hombre d fe que nosotras queremos. El mensaje de ayer fue ”cállate y ora”: deja que Dios haga todo esto que tanto deseas. Él lo hará a su manera y a su tiempo. ¡Lo hará perfecto!

El mejor regalo

Como madres queremos darle todo lo mejor a nuestros hijos: el mejor colegio, las experiencias más memorables, los juguetes que los hagan felices… Pero no debemos dejar por último la transmisión de la fe: ese es el mejor regalo que podemos darle a nuestros hijos, pero más que eso, es nuestra responsabilidad. Nuestros hijos nos fueron enviados del cielo y debemos prepararlos para su regreso a casa. Nada es más importante.

Con esta experiencia nace, para la gloria de Dios, una comunidad, un espacio de encuentro con Jesús y María, para que podamos recordarnos las unas a las otras que aunque nuestra vida tiende al caos, la confusión y la oscuridad, el espíritu de Dios aletea sobre nosotras y quiere decirnos ‘¡que se haga la luz!’. (Génesis 1, 1-3)

Si quieres formar parte de esta comunidad, ya sea de forma virtual o real, únete a nuestra lista de correos para que creemos juntas este espacio. Te avisaremos de nuestros retiros reales y virtuales, y te compartiremos recursos y herramientas que te ayuden en el camino.

El Señor me instruyó, y comprendí. (Jeremías 11, 18)

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Mi cuaresma imperfecta

Llevo semanas despertándome a la 1, 2 o 3 de la mañana. Mis tres hijas han pasado malas noches, con pesadillas, miedo a la oscuridad y demás razones desconocidas pero sumamente incómodas, tanto para ellas como para mi. Estoy agotada, irritable y desesperada por una solución. Estos episodios iniciaron con la Cuaresma, y me sospecho que se extenderán hasta la Pascua.

Ciertamente el Señor me está mostrando con esto cuánto lo necesito, porque está sacando a la luz todos mis pecados: mi pereza, mi ira, mi arrogancia, mi desesperanza. Con todos mis planes cuaresmales desmoronados no me queda otra que entregarle todas mis piezas rotas al Señor para que Él me haga de nuevo.

¿Y a qué me refiero con que se han desmoronado mis planes cuaresmales? Pues que, como en cada cuaresma me propongo -por mis fuerzas- unos planes de lujo: rosario diario, confesión semanal y laudes cada mañana a las 4am. Este año además me propuse reducir el tiempo que paso en redes sociales, no tomar vino entre semana y no comer gluten ni lácteos.

Y tras escribir esto oigo al Señor decirme ”Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.” (Oseas 6: 6) Precisamente, mis sacrificios mediocres e incompletos me demuestran que me falta el amor, que necesito más de ese conocimiento de Dios que sí le satisface.

Me levanto a más de medio camino de esta cuaresma, y tras el domingo de laetare para entregarle todo al Señor, aceptando que no puedo sin Él, que mis planes son una tontería y que quiero más conocimiento de Él para poder ser feliz, para poder amar.

Espero con ansias este sábado 6 de abril, cuando celebraremos el primer retiro para madres Católicas Caóticas con un grupo de aproximadamente 30 mujeres. Necesito de esa parada en el camino hacia la Pascua para reflexionar, para nutrirme del pan de la palabra en este desierto cuaresmal y saciarme del agua viva que me ofrece Jesús. Necesito pedirle a María que me lleve al Sagrado Corazón de su hijo, donde siempre logro descansar.

Si estás leyendo esto, te pido que eleves una oración por todas las madres Católicas y Caóticas que asistirán al retiro, para que lleguen con un corazón dispuesto y listo para recibir el pan de la palabra. Que las que necesiten reconciliarse con Dios puedan hacerlo y las que necesiten herramientas para el camino las obtengan y las usen.

Pidámosle a Dios que se encargue; Él hace todo perfecto.

Cosas de mujeres

Hace poco, escuchando el podcast Abinding Together de Ascension Press, pude conocer más acerca de las cuatro doctoras de la Iglesia: Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresa de Lisieux y Santa Hidelgarda de Bingen. De esta última conocía poco, pero aprender más acerca de su vida fue ultra mega fascinante. Hidelgarda fue abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. O sea, casi nada… Conocer la vida y obra de Hidelgarda, Catalina y las dos Teresas me hizo pensar en ese ‘genio femenino’ del que habló San Juan Pablo II y esa forma tan peculiar en que las mujeres podemos aportar a la Iglesia, sobretodo ahora que tanto lo necesita.

¿Qué es el genio femenino?

Según el ‘santo patrón de los hipsters’ (o sea, San Juan Pablo II) el genio femenino es el conjunto de dones específicamente femeninos –comprensión, objetividad de juicio, compasión, etc.– que se manifiestan en todos los pueblos. Estos son una manifestación del Espíritu, un don de Dios para realizar la vocación de asegurar la sensibilidad para el hombre. El genio femenino es la condición para una profunda transformación de la civilización actual. (Mulieris Dignitatem).

Estas cuatro mujeres, cada una a su manera, hicieron grandes aportes a la Iglesia, haciendo uso de estos dones que menciona San Juan Pablo II. Así como ‘las doctoras’, cada una de nosotras podemos hacer la diferencia en la Iglesia, aportando con nuestros talentos y activando la comprensión, la objetividad de juicio y la compasión que el mundo nos quiere quitar y quiere mostrarnos como ‘debilidades’. Sí, el mundo insiste en que somos fuertes, auto suficientes, capaces de TODO y que no necesitamos de nada ni de nadie para nuestra auto realización, y esos mensajes matan poco a poco nuestro genio femenino.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo activamos el genio femenino del que habla la Iglesia? Aquí detallo algunas ideas que se me vienen a la mente:

  1. Defendiendo la vida desde la concepción: tener la valentía de hacer defensa de la vida entre nuestras amistades y conocidos es un acto heroico al que todos estamos llamados. Es más cómodo quedarnos callados ante una publicación que promueva el aborto, o cuando alguna amiga nos dice que optaría por terminar un embarazo de tener un niño con discapacidades, ¿pero qué harían las doctoras? Seguro no se hubiesen quedado calladas, ¿verdad? Seamos santas; ¡actuemos como las santas!
  2. Transmitiéndole la fe a nuestros hijos: para tener un mundo que aprecie los valores cristianos tenemos que criar niños cristianos. Por ello es tan importante inculcarle la fe a nuestros hijos, aunque sea una ardua tarea mantenerlos quietos en misa o hacerlos que escuchen cuando leemos la palabra o rezamos en familia. La semilla de la fe crecerá en ellos si es regada y cuidada, y en el momento del ataque ¡los salvará!
  3. Sirviendo a los demás: Esto mejor que se los explique el mismísimo Jesús….”Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme.” Tratemos de poner esto en práctica (y me requete incluyo porque fallo hartísimo en esto).
  4. ORACIÓN: Así, en mayúsculas. Todas las anteriores solo las podemos lograr si mantenemos una vida de oración comprometida y fuerte; pero no desde nuestras fuerzas, sino en la humildad de sabernos incapaces de servir a los demás, de defender la fe, de transmitir la fe, ¡y hasta de orar! Tratemos de poner la oración como nuestra prioridad de vida; lo primero que hagamos en la mañana y lo último que hagamos en la noche. Recordemos lo que escribió San Pablo “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18). A mí la práctica de la gratitud constante me ha ayudado en la oración, porque no tengo que esperar a tener un problema o necesitar algo para pedir, sino que trato de dar gracias por cosas sencillas, y ese ‘gracias’ es una oración que sube al cielo y al que el Señor responde con un ‘de nada’ lleno de dones y maravillas.
  5. Conociéndonos: y aquí no me limito a conocernos como personas, con nuestros dones y debilidades. Me refiero a conocer nuestros cuerpos y nuestros ciclos, porque el demonio ataca por medio de las hormonas. Al menos a mi me pasa que previo a mi periodo (durante el famoso PMS) siento menos conexión con Dios, menos ganas de rezar. Siento más ira, estoy mucho más irritable y el pecado de la soberbia se me da fácil en ‘esos días’. Por eso, cuando sé que estoy a la espera de mi periodo, trato de reforzar la oración y de tenerme paciencia. Intento estar más conectada con mis sentimientos para no caer en pecado gritándole a los demás o encolerizándome por tonterías. No es fácil, pero hay que intentarlo.

¿Qué añadirías a esta lista? ¿Cómo más crees que las mujeres podemos usar ese ‘genio femenino’ en la reconstrucción de la Iglesia. Déjame saber en los comentarios y comparte este artículo con aquellas mujeres de tu vida que tienen algo que aportar a la Iglesia desde su femineidad.

¡Valentía!

Hace un par de días hablaba con una amiga bloguera que vive en Estados Unidos acerca de los constantes ataques y burlas a aquellos que profesamos la fe católica. ”Mis amigas me tachan de retrógrada”, me comentó con cierta tristeza. ”Ellas hablan con plena libertad acerca de sus prácticas espirituales, como el yoga o el mindfulness, pero si yo digo algo acerca de mi fe me critican”. Le confirmé que no estaba sola, que muchos nos sentimos así y la verdad es que desde hace algún tiempo vengo albergando esa frustración de ‘medir mis palabras’ cuando se trata de mi fe católica, mientras otras personas hablan abiertamente de sus prácticas espirituales, incluyendo a nuestros hermanos protestantes, a los que hacen yoga, los que practican budismo, los que creen en la astrología, la alineación de chakras o la limpieza de auras.

Pues, ¿saben qué? ¡Me cansé! No voy a tener mi fe en el closet porque el mundo no la acepte, porque el mundo piense que el catolicismo es retrógrado y que es más cool creer en otras cosas. Es hora de ser valientes y hablar abiertamente de nuestro amor a Cristo y a su Iglesia, aunque eso nos merezca críticas, persecución y relaciones rotas. ¡Valdrá la pena!

Hablando de esto hace algunas noches con mi esposo y me recordó esa frase de San Francisco de Asís que dice ”evangeliza en todo momento, y si es necesario usa las palabras”. Pues creo que llegamos a ese momento y es necesario usar palabras. ¡Más palabras! Claro, acompañarlas con acciones, ¡eso no ha de faltar y puede ser lo más difícil! Pero hay que hablar, escribir, cantar de nuestra fe; amarla y defenderla porque el mundo necesita conocerla. ¡Son necesarias las palabras! ¡Es hora!

Terminé mi conversación con mi amiga contándole de la alegría que sentí la primera vez que tuve personas criticando una publicación de Católica Caótica en Facebook. Ese comentario negativo e hiriente fue la confirmación que necesitaba. Porque Jesús prometió el ciento por uno con persecuciones, no con alabanzas.

Armémonos de valentía para vivir nuestra fe fuera del closet, sin tibieza pero con mucho amor, ¡ese es el secreto! Sin amor nuestras palabras y demostraciones de fe se quedan en el aire y se tornan en cosas vacías. ¡Es poner la otra mejilla sin defenderse, pero sin acomodarse para encajar! Ser católico hoy, como en los inicios de la Iglesia, requiere valentía: pidámosela a la Virgen, que de eso ella sabe mucho.

 

Más caótica que católica

En estos últimos días he publicado en mi cuenta personal de Instagram que me he sentido un poco estresada y agobiada. He tenido mucha presión con el trabajo, las niñas, la familia, etc.  También he estado un tanto ‘fría’ espiritualmente hablando, y aunque esto no me ha alejado de los sacramentos, sí me ha puesto triste, porque no siento a Dios tan cercano como quisiera. Y una cosa siempre lleva a la otra: el Demonio se mete y empiezo a juzgarme, a juzgar y a actuar de manera soberbia y arrogante. Y a mi la soberbia se me da fácil…

Por eso me siento más caótica que católica estos días, con la mecha muy corta y muy alterada (sumado a un desbalance hormonal por razones médicas). Pero como Dios es sabio y conoce a su caótica predilecta (me disculpan, pero lo soy…jajajaja) me ha regalado muchas palabras, acontecimientos y personas que me han ayudado a reflexionar. Como la bofetada que recibí de Pablo en su carta a los Efesios el domingo pasado: ”Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Eerrmm, Ok. Entiendo.

También me ha acercado más a Él y su Iglesia el hecho de que todo el mundo me habla de prácticas como el yoga, limpieza de aura, meditación trascendental y otras que no son necesariamente compatibles con la Iglesia. Salir a defender mi religión y sus creencias de forma respetuosa y amable han sido para mi tremenda prueba de humildad, porque por la general ladro como perro chihuahua cuando quiero defender algo.

Me consuela saber que no soy la única católica caótica, y que muchos santos han sido grandes pecadores encolerizados pero han logrado ganar los altares por pura misericordia e iniciativa de Dios.

Yo sigo luchando para salir del caos y encontrar paz, sin yoga, sin alineación de chakras ni limpiezas de aura. Mis ‘mantras’ son Ave Marías y mi meditación la hago ante el Santísimo. Porque, como dice una de las más grandes católicas caóticas, Santa Teresa de Ávila, ¡solo Dios basta!

¿Qué pensará Dios?

Hace algunos días, mi esposo -mientras íbamos en el auto-, me dijo: ¿sabes qué? Creo que tienes razón, que cuando lleguemos al cielo Dios nos va a decir: ”¿por qué ustedes se complicaban tanto? No entendieron nada, YO LOS AMO, y no necesito que se compliquen por tantas tonterías”. Me eché a reír porque él por lo general me critica cuando le hablo de un ‘Dios relajado’ que solo quiere amarnos y no está pendiente de detalles que a nosotros nos consumen y nos sacan del norte único que es el amor a Dios y al prójimo.

La conversación surgió, en parte, porque hace algunos domingos nos topamos con un señor que estaba vendiendo la lotería y nos ofreció unos billetes para ganar ‘el premio mayor’. Mi esposo le contestó a su oferta: ”mejor es ganar el cielo”, a lo que el vendedor de lotería le contestó: ”el cielo ya lo tenemos gano”. El comentario del señor generó en mi una ENORME sonrisa. ”Este señor lo ha entendido todo”, pensé. Por eso es que Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. ¡Y este señor, pobre de espíritu, lo sabía! ¡El cielo ya lo tenía ganado, aunque vendiera lotería!

Con esto no estoy diciendo que salgamos a comprar lotería, y a poner nuestra esperanza en otras cosas. NO, para nada. Solo estoy diciendo que no compliquemos a un Dios que solo quiere amarnos y que nos perdona TODO. Creámoslo, de veras. Dios nos quiere así, pobres de espíritu, sin complicaciones, ni formalismos. Dios nos ama a pesar de TODO.

No dejemos que la idea de hacer cosas ‘buenas’ para complacer a Dios nos haga olvidar lo que verdaderamente importa: amar a Dios y amar al prójimo. Amar a un Dios que nos ama y nos perdona. Y si no se lo creen, hagan el ejercicio: imagínense llegar al cielo y ver a Dios recibirnos con un abrazo, independientemente lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Así nos ama Dios.

Permanecer en Él

Este fin de semana estuve en un retiro de blogueros católicos en el monasterio trapense Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Éramos más de una docena de escritores  y marketers católicos con proyectos en línea dedicados a dar a conocer la fe a través de las redes sociales y demás espacios en Internet. Los proyectos representados incluían blogs de mujeres católicas, de madres que hacen escuela en casa o home schooling, podcasts con enfoque católico y hasta un sitio de citas para católicos solteros en busca de pareja. Fue una experiencia maravillosa, pero -específicamente para mí- de mucha reflexión y gratitud. Y que bien, pues de eso se tratan los retiros, ¿no? De apartarnos y reflexionar.
En la vida no hay casualidades, estoy convencida de ello. Y este fin de semana vino a confirmarme eso en lo que creo con tanta firmeza: definitivamente no hay casualidades. Les cuento por qué.

¿Cómo me enteré del retiro?

Una mañana, tras haber llegado 15 minutos temprano a una reunión, decidí sacar mi celular y revisar mi muro de Facebook. Revisándolo me topé con el LIVE de la organizadora del retiro quien es una bloguera católica pro vida con quien he colaborado en el pasado, y me detuve a verlo. Agarré la transmisión a la mitad, pero lo que hablaba sonaba muy interesante. Aparentemente había organizado un retiro de blogueros católicos. A través de los comentarios le pedí más información y me contó todos los detalles: un retiro en el monasterio trapense de Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Me quedé de una pieza pues sabía que en las cosas de Dios no hay casualidades.

Sucede que hace más de 15 años exploré la posibilidad de una vocación a la vida religiosa en un monasterio trapense fundado, precisamente, por las hermanas de Mt. Saint Mary’s. Providencialmente, el retiro coincidía con la fiesta de Santa Gianna, patrona de las madres católicas -y a quien le tengo una gran devoción como recordarán por este artículo-, y día de cumpleaños de mi hija menor. Sabía que la organizadora también le tiene una gran devoción a Santa Gianna y cree firmemente que la santa italiana intervino en la sanación de su hijo hace casi cinco años.

Dios teje la historia

Pues bien, una vez en el retiro muchas de mis preguntas de cómo debía continuar este proyecto de Católica Caótica fueron contestadas. Igualmente, hice conexiones con muchos blogueros de Estados Unidos, donde la Iglesia Católica cuenta con un gran caudal de recursos para la nueva evangelización: desde podcasts, blogs, retiros on y offline, conferencias, currículos para hacer escuela en casa, etc. Exploramos la posibilidad de traducir muchos de esos recursos al español o de hasta iniciar proyectos para Latinoamérica con la única otra bloguera hispana del grupo. Fue una experiencia hermosísima, por la que siempre le estaré agradecida al Señor.

Lo más importante

El retiro culminó con la santa misa el domingo, y me impactó enormemente como el evangelio selló toda esta experiencia. Era el evangelio del viñador que dice que Jesús es la verdadera vid y el Padre el viñador, quien corta los sarmientos que no dan frutos, pero que poda a los que dan para que den aún más fruto. También dice el Señor en dicho evangelio: ‘’permanezcan en mi para que den fruto’’. Y esa línea me llegó al corazón como ninguna otra.

Yo no siempre he permanecido en Él; me he descarrilado muchas veces. Lo he ignorado, desobedecido y rechazado tantas y tantas veces, pero Él siempre me ha buscado porque quiere que dé fruto, quiere podarme para que pueda servirle.

Luego de la experiencia que viví hace más de 15 años, explorando mi vocación religiosa, me alejé por completo de la Iglesia y me sumergí en el mundo, haciendo las cosas a mi manera, olvidándome por completo de Dios. Pero Él me hizo regresar y si lo hizo es para que dé fruto. Por eso me poda y me cuida tanto con todos estos regalos que no son coincidencias. Por eso me llevó de nuevo a un monasterio trapense, esta vez en otra realidad, pero siempre para hablarme con amor y claridad.

Espero que este memorial se selle en mi corazón y que pueda servirle a Él sirviéndole a ustedes que me leen, con toda humildad, con mi testimonio, para que también ustedes crean, permanezcan el Él y puedan dar fruto.

Ah, ¿y les dije que las monjas hacen chocolates deliciosos? Échenle un vistazo.

 

Hipster católica

Hace casi un año cambié la descripción en mis cuentas personales de redes sociales para auto denominarme ‘hipster católica’. Lo hice después de leer un artículo en la página Aleteia, en el cual explicaban que los ‘hipsters’ son conocidos por abrazar ideas y creencias contra culturales, simplemente porque es irónico o ‘cool’; y que un ‘hipster’ católico es aquel que abraza plenamente su fe católica y trabaja arduamente para compartir la Buena Nueva acerca de Jesús y su Iglesia. ¿Y no es eso lo más contra cultural que puede hacerse hoy en día? Yo creo que si.

Nadar contra de la corriente, vivir en rebeldía y llevar la contraria siempre han sido mis más grandes obsesiones. Y si voy a ser rebelde, qué mejor que hacerlo por Cristo y por mi fe católica. ¡Es una buena causa para mi rebeldía!

Parte de esa actitud ‘hipsteriana’ es tratar de vivir el catolicismo como un estilo de vida, no como una lista de cotejo que reviso cada domingo, o  en Semana Santa y Navidad. Llamados como estamos a  ‘vivir en el mundo sin ser del mundo’ he decidido tratar de dar la milla extra por vivir la fe y que se me note (aunque cuesta hacerlo). Aunque no se si lo estoy haciendo bien, y ciertamente me falta mucho en este camino de ‘hipster’ católica, les comparto algunos de los cambios que he hecho en mi vida para ir en contra del mundo:

  1. Rezo el rosario todos los días: durante mi tercer embarazo tomé la costumbre de rezar el rosario cada noche. Al principio lo hacía para quedarme dormida. Ahora lo hago por gusto, porque necesito hacerlo, porque me hace entrar en sintonía con mi Madre del Cielo y pedir su intercesión. Cargo un rosario en mi cartera todo el tiempo, junto a algunas estampillas de mi santos favoritos. Lo llamo mi kit de productividad.
  2. Visto de forma modesta: evito los escotes y cualquier otra forma de vestir que pueda llamar la atención. Por lo general me abotono las camisas hasta arriba del todo….pero la verdad es que eso se ve cool, muy cool. Y bueno, al menos no soy motivo de escándalo.
  3. Mantengo este blog y publico contenidos religiosos en mis redes sociales: ‘id y anunciad’, ¿no? Pues allá vamos, a comunicar la Buena Nueva, tratando de dar testimonio del amor de Dios. Y créanme, me he ganado unos cuantos ‘unfollow’ por ello.
  4. Uso velo: esta es reciente y solo lo he usado tres veces, pero he adoptado la tradición de cubrirme la cabeza ante Cristo Sacramentado, por respeto y como hacen muchas mujeres de otras tradiciones religiosas. Era algo que hacían algunas señoras de la parroquia a la que asistía en mi país, y me sentí llamada a hacerlo.
  5. Ir a misa entre semana: estoy retomando, poco a poco, la costumbre de ir a misa en días de semana. Es un gran reto encontrar el tiempo para hacerlo, pero cuando lo logro siento que estoy haciendo mi parte, porque Dios no se ocupa de mi solo los domingos, sino todos los días.

Que conste: ¡soy súper pecadora y súper imperfecta! Y puede que lo que estoy escribiendo suene pedante y parezca que me estoy adulando (ahí está, pecado de soberbia)….Pero nada que ver, solo estoy tratando de ‘dar testimonio’, manifestando cómo quiero vivir mi vida de fe ‘fuera del closet’, en un mundo que me pide aceptar a todo el mundo pero no me acepta por mi fe, por mi estilo de vida, por creer en Dios, por seguir los mandatos de la Iglesia, por pedir la intercesión de los Santos, por confiar en la providencia, por estar abierta a la vida,  por tratar de amar al que me hace daño (esta es dura pero es lo que intento)….en fin, un mundo que se ríe de mi y de mi fe.

¿Ser cool siendo anti cool? Si, de eso se trata. ¡Que no me falte el ánimo!