Pedirle nuestro amor

Si hay algo que no deja de maravillarme acerca de la forma en que Dios nos ama es su libertad; no nos obliga a amarlo, y a la vez nos ama inmensamente. Dios se corre el riesgo que lo rechacemos, que lo neguemos, que lo saquemos por completo de nuestras vidas, y aun cuando lo ofendemos y nos alejamos de Él, siempre está dispuesto a recibirnos con brazos abiertos.

A todos nos ha pasado alguna vez; usamos esa libertad que Dios nos ha regalado para hacer, literalmente, lo que nos da la gana. Vamos por el mundo buscando otras cosas, otros ‘dioses’… cosas, personas y experiencias que no nos dan vida, que no nos llenan, pero nos entretienen.

Muchas veces escucho a la gente decir ‘’Dios, no me abandones’’, pero me pregunto si esa es la forma correcta de orar. Dios, ciertamente, no nos abandona. Nosotros lo abandonamos a Él. Usamos la libertad que Él mismo nos ha dado para rechazarlo, para negarlo, para separarnos de Él. Y cuando caemos en el abismo, nos volteamos a su rostro preguntándole por qué nos ha abandonado.

Por eso le pido a Dios que me permita amarlo, que no deje que YO lo abandone, sabiendo que Él nunca lo hace. Es un trabajo de cada día: pedirle a Dios MI amor, pedirle mi fidelidad, la fuerza para hacer su voluntad amándola y amándome a mi en ella. Porque el amor se le pide a quien es amor, ¡por eso hay que ir a la fuente!

También hay que introducirse en el lugar donde se gestó el amor: en el vientre de María, lleno del Espíritu Santo, donde podemos recibir todas las gracias que Dios quiere regalarnos. Ella siempre nos lleva a su hijo pidiéndonos que hagamos lo que Él nos dice.

Puedo dar fe de la amorosa respuesta de Dios cuando le pido que me deje amarlo. Mi corazón se enciende y mi fe aumenta. Pero mi libertad me hace débil y cualquier tontería me distrae si no estoy atenta. Ahí es cuando tengo que pedir con mayor fuerza: ¡Señor, no dejes que te abandone! ¡María, introdúceme en tu vientre!

¿Lo pedimos juntos?

Advertisements

¡Valentía!

Hace un par de días hablaba con una amiga bloguera que vive en Estados Unidos acerca de los constantes ataques y burlas a aquellos que profesamos la fe católica. ”Mis amigas me tachan de retrógrada”, me comentó con cierta tristeza. ”Ellas hablan con plena libertad acerca de sus prácticas espirituales, como el yoga o el mindfulness, pero si yo digo algo acerca de mi fe me critican”. Le confirmé que no estaba sola, que muchos nos sentimos así y la verdad es que desde hace algún tiempo vengo albergando esa frustración de ‘medir mis palabras’ cuando se trata de mi fe católica, mientras otras personas hablan abiertamente de sus prácticas espirituales, incluyendo a nuestros hermanos protestantes, a los que hacen yoga, los que practican budismo, los que creen en la astrología, la alineación de chakras o la limpieza de auras.

Pues, ¿saben qué? ¡Me cansé! No voy a tener mi fe en el closet porque el mundo no la acepte, porque el mundo piense que el catolicismo es retrógrado y que es más cool creer en otras cosas. Es hora de ser valientes y hablar abiertamente de nuestro amor a Cristo y a su Iglesia, aunque eso nos merezca críticas, persecución y relaciones rotas. ¡Valdrá la pena!

Hablando de esto hace algunas noches con mi esposo y me recordó esa frase de San Francisco de Asís que dice ”evangeliza en todo momento, y si es necesario usa las palabras”. Pues creo que llegamos a ese momento y es necesario usar palabras. ¡Más palabras! Claro, acompañarlas con acciones, ¡eso no ha de faltar y puede ser lo más difícil! Pero hay que hablar, escribir, cantar de nuestra fe; amarla y defenderla porque el mundo necesita conocerla. ¡Son necesarias las palabras! ¡Es hora!

Terminé mi conversación con mi amiga contándole de la alegría que sentí la primera vez que tuve personas criticando una publicación de Católica Caótica en Facebook. Ese comentario negativo e hiriente fue la confirmación que necesitaba. Porque Jesús prometió el ciento por uno con persecuciones, no con alabanzas.

Armémonos de valentía para vivir nuestra fe fuera del closet, sin tibieza pero con mucho amor, ¡ese es el secreto! Sin amor nuestras palabras y demostraciones de fe se quedan en el aire y se tornan en cosas vacías. ¡Es poner la otra mejilla sin defenderse, pero sin acomodarse para encajar! Ser católico hoy, como en los inicios de la Iglesia, requiere valentía: pidámosela a la Virgen, que de eso ella sabe mucho.

 

Evangelizando con nombres

Cuando tenía como 24 o 25 años escribí una lista bastante peculiar de nombres para mis futuros hijos. Las opciones iban desde ”Lluvia”, ”Arcoiris”, ”Coral”, etc. Creo que ya les he escrito por acá acerca de mi obsesión por lo diferente y mi necesidad de llevar la contraria, y estos nombres eran claramente una extensión de ese modo de ser.

Con los años le fui quitando importancia a eso de tener hijos, y con ese desinterés mi lista de nombres raros quedó en el olvido. Poco sabía yo que Dios se haría el encontradizo conmigo a través de un embarazo no planificado y fuera del matrimonio. Un día cualquiera, luego de hacer un salto en paracaídas (por acá más acerca de ese pasatiempo), una prueba de embarazo casera reveló dos rayas: ¡estaba embarazada! Obviamente, con ese acontecimiento, regresó a mi el interés por los nombres. Pero esta vez, en lugar de interesarme por nombres raros o relacionados a la naturaleza y sus manifestaciones, me interesé por nombres con significado.

Mi primera hija se llama María Stella, porque gracias a ella regresé a la Iglesia. Su nombre me fue inspirado por un poema que se le atribuye a San Bernardo que dice  “¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y de las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!”. Además, estando embarazada de ella, mi esposo (en aquel entonces mi novio) viajó a Israel y le pedí que visitara la Gruta de la Leche para que rezara por nuestra hija. Sucede que la madre superiora de las monjas que custodian la Gruta se llama María Stella. Una clara confirmación del nombre que seleccionamos.

Mi segunda hija se llama Belén, porque a dos días de ir ya como esposos con nuestra hija Maria Stella a Tierra Santa supimos que estábamos esperando nuevamente. Esa Navidad la celebramos en Belén, en la Gruta de la Leche, con las dos María Stellas: nuestra hija y la madre superiora del convento.

Mi tercera hija se llama Loreto, como la ciudad italiana donde se encuentra la casa de la Sagrada Familia. La Virgen de Loreto es patrona de los aviadores y mi esposo y yo nos conocimos en aeropuertos, haciendo paracaidismo. Sin saberlo, el cura que nos casó me regaló una medalla de la Virgen de Loreto en nuestra boda. Otra confirmación más de que ese nombre estaba destinado para nuestra familia.

Me gusta contar la historia de los nombres de mis hijas porque lo veo como una forma de evangelizar. Sus nombres nos son casualidad, ni capricho rebelde como mis selecciones de juventud. Los vemos como nombres confirmados por Dios para nuestras hijas y muestra de que Él interviene en todo, que no hay casualidades. ¿No crees?

Y tu, ¿conoces el origen de tu nombre? ¡Cuéntame!

María, la heroína

Debo confesar algo: por años se me ha hecho muy, pero que muy difícil tener una relación estrecha con la Santísima Virgen María. Si, con María, la de Nazareth. María, la madre de Jesús. María, la esposa del Espíritu Santo.

Siempre la he sentido demasiado buena, perfecta, dócil, dulce e intimidantemente obediente. Yo no comparto ninguno de esos atributos, NINGUNO. Sé que es un modelo a seguir para las madres y mujeres cristianas, pero no le llego ni a los tobillos… ¡No le llego ni a la uña gorda del pie!

Yo soy más del club de la otra María, la Magdalena. La otra que acompañó a Jesús al pie de la cruz.

Soy irreverente y arriesgada. No voy por la vida guardando todo en mi corazón. Digo lo que siento y no tengo miedo de expresar mis opiniones. Por eso siempre he sido fan de las súper heroínas. De pequeña admiraba a la Mujer Maravilla con locura y amaba su valentía y su fuerza.

No obstante, hace algunos días, en uno de esos momentos de atención relajada en los que piensas que no estás pensando en nada pero te surgen pensamientos interesantísimos, tuve una idea que me consoló: pensé en María como la gran heroína de las bodas de Caná. Me detuve a pensar en eso y reflexioné cómo María fue tan observadora como para fijarse que la pareja de la boda se había quedado sin vino. Si algo no imagino de María es que se preocupase por eso porque andaba corta de copas, para nada (esa, ciertamente, sería una preocupación para alguien como yo). María se preocupó por los demás, por la pareja, por los invitados. En un acto heroico le mencionó la situación a Jesús y, aunque éste inicialmente cuestionó su intervención, luego la obedeció como buen hijo judío (disculpen, pero tenía que meter el cliché de los hijos judios y su apego a la madre). María, a pesar de no tener la confirmación de su hijo, confió en su auxilio y mandó a los sirvientes a hacer ‘’lo que Él os diga’’.

Cuando supimos del embarazo de mi segunda hija, Belén, abrimos la Biblia buscando una palabra de Dios ante este acontecimiento y éste fue el evangelio que nos regaló: el relato de las bodas de Caná. Hoy me doy cuenta por qué Dios me regaló esa palabra: para mostrarme la María providente y heroína que siempre se preocupa por sus hijos y no los desampara. La María en la que yo necesito confiar.

Doy gracias a Dios por tener una heroína tan poderosa a mi alcance. Una que no necesita avión invisible ni brazaletes de oro para socorrerme. Una heroína a quien puedo llamar pasando las cuentas de un rosario o invocándola con un simple Ave María.

No hay mejor heroína que ella, la Madre de la Misericordia.

Más caótica que católica

En estos últimos días he publicado en mi cuenta personal de Instagram que me he sentido un poco estresada y agobiada. He tenido mucha presión con el trabajo, las niñas, la familia, etc.  También he estado un tanto ‘fría’ espiritualmente hablando, y aunque esto no me ha alejado de los sacramentos, sí me ha puesto triste, porque no siento a Dios tan cercano como quisiera. Y una cosa siempre lleva a la otra: el Demonio se mete y empiezo a juzgarme, a juzgar y a actuar de manera soberbia y arrogante. Y a mi la soberbia se me da fácil…

Por eso me siento más caótica que católica estos días, con la mecha muy corta y muy alterada (sumado a un desbalance hormonal por razones médicas). Pero como Dios es sabio y conoce a su caótica predilecta (me disculpan, pero lo soy…jajajaja) me ha regalado muchas palabras, acontecimientos y personas que me han ayudado a reflexionar. Como la bofetada que recibí de Pablo en su carta a los Efesios el domingo pasado: ”Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Eerrmm, Ok. Entiendo.

También me ha acercado más a Él y su Iglesia el hecho de que todo el mundo me habla de prácticas como el yoga, limpieza de aura, meditación trascendental y otras que no son necesariamente compatibles con la Iglesia. Salir a defender mi religión y sus creencias de forma respetuosa y amable han sido para mi tremenda prueba de humildad, porque por la general ladro como perro chihuahua cuando quiero defender algo.

Me consuela saber que no soy la única católica caótica, y que muchos santos han sido grandes pecadores encolerizados pero han logrado ganar los altares por pura misericordia e iniciativa de Dios.

Yo sigo luchando para salir del caos y encontrar paz, sin yoga, sin alineación de chakras ni limpiezas de aura. Mis ‘mantras’ son Ave Marías y mi meditación la hago ante el Santísimo. Porque, como dice una de las más grandes católicas caóticas, Santa Teresa de Ávila, ¡solo Dios basta!

¿Qué pensará Dios?

Hace algunos días, mi esposo -mientras íbamos en el auto-, me dijo: ¿sabes qué? Creo que tienes razón, que cuando lleguemos al cielo Dios nos va a decir: ”¿por qué ustedes se complicaban tanto? No entendieron nada, YO LOS AMO, y no necesito que se compliquen por tantas tonterías”. Me eché a reír porque él por lo general me critica cuando le hablo de un ‘Dios relajado’ que solo quiere amarnos y no está pendiente de detalles que a nosotros nos consumen y nos sacan del norte único que es el amor a Dios y al prójimo.

La conversación surgió, en parte, porque hace algunos domingos nos topamos con un señor que estaba vendiendo la lotería y nos ofreció unos billetes para ganar ‘el premio mayor’. Mi esposo le contestó a su oferta: ”mejor es ganar el cielo”, a lo que el vendedor de lotería le contestó: ”el cielo ya lo tenemos gano”. El comentario del señor generó en mi una ENORME sonrisa. ”Este señor lo ha entendido todo”, pensé. Por eso es que Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. ¡Y este señor, pobre de espíritu, lo sabía! ¡El cielo ya lo tenía ganado, aunque vendiera lotería!

Con esto no estoy diciendo que salgamos a comprar lotería, y a poner nuestra esperanza en otras cosas. NO, para nada. Solo estoy diciendo que no compliquemos a un Dios que solo quiere amarnos y que nos perdona TODO. Creámoslo, de veras. Dios nos quiere así, pobres de espíritu, sin complicaciones, ni formalismos. Dios nos ama a pesar de TODO.

No dejemos que la idea de hacer cosas ‘buenas’ para complacer a Dios nos haga olvidar lo que verdaderamente importa: amar a Dios y amar al prójimo. Amar a un Dios que nos ama y nos perdona. Y si no se lo creen, hagan el ejercicio: imagínense llegar al cielo y ver a Dios recibirnos con un abrazo, independientemente lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Así nos ama Dios.

Permanecer en Él

Este fin de semana estuve en un retiro de blogueros católicos en el monasterio trapense Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Éramos más de una docena de escritores  y marketers católicos con proyectos en línea dedicados a dar a conocer la fe a través de las redes sociales y demás espacios en Internet. Los proyectos representados incluían blogs de mujeres católicas, de madres que hacen escuela en casa o home schooling, podcasts con enfoque católico y hasta un sitio de citas para católicos solteros en busca de pareja. Fue una experiencia maravillosa, pero -específicamente para mí- de mucha reflexión y gratitud. Y que bien, pues de eso se tratan los retiros, ¿no? De apartarnos y reflexionar.
En la vida no hay casualidades, estoy convencida de ello. Y este fin de semana vino a confirmarme eso en lo que creo con tanta firmeza: definitivamente no hay casualidades. Les cuento por qué.

¿Cómo me enteré del retiro?

Una mañana, tras haber llegado 15 minutos temprano a una reunión, decidí sacar mi celular y revisar mi muro de Facebook. Revisándolo me topé con el LIVE de la organizadora del retiro quien es una bloguera católica pro vida con quien he colaborado en el pasado, y me detuve a verlo. Agarré la transmisión a la mitad, pero lo que hablaba sonaba muy interesante. Aparentemente había organizado un retiro de blogueros católicos. A través de los comentarios le pedí más información y me contó todos los detalles: un retiro en el monasterio trapense de Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Me quedé de una pieza pues sabía que en las cosas de Dios no hay casualidades.

Sucede que hace más de 15 años exploré la posibilidad de una vocación a la vida religiosa en un monasterio trapense fundado, precisamente, por las hermanas de Mt. Saint Mary’s. Providencialmente, el retiro coincidía con la fiesta de Santa Gianna, patrona de las madres católicas -y a quien le tengo una gran devoción como recordarán por este artículo-, y día de cumpleaños de mi hija menor. Sabía que la organizadora también le tiene una gran devoción a Santa Gianna y cree firmemente que la santa italiana intervino en la sanación de su hijo hace casi cinco años.

Dios teje la historia

Pues bien, una vez en el retiro muchas de mis preguntas de cómo debía continuar este proyecto de Católica Caótica fueron contestadas. Igualmente, hice conexiones con muchos blogueros de Estados Unidos, donde la Iglesia Católica cuenta con un gran caudal de recursos para la nueva evangelización: desde podcasts, blogs, retiros on y offline, conferencias, currículos para hacer escuela en casa, etc. Exploramos la posibilidad de traducir muchos de esos recursos al español o de hasta iniciar proyectos para Latinoamérica con la única otra bloguera hispana del grupo. Fue una experiencia hermosísima, por la que siempre le estaré agradecida al Señor.

Lo más importante

El retiro culminó con la santa misa el domingo, y me impactó enormemente como el evangelio selló toda esta experiencia. Era el evangelio del viñador que dice que Jesús es la verdadera vid y el Padre el viñador, quien corta los sarmientos que no dan frutos, pero que poda a los que dan para que den aún más fruto. También dice el Señor en dicho evangelio: ‘’permanezcan en mi para que den fruto’’. Y esa línea me llegó al corazón como ninguna otra.

Yo no siempre he permanecido en Él; me he descarrilado muchas veces. Lo he ignorado, desobedecido y rechazado tantas y tantas veces, pero Él siempre me ha buscado porque quiere que dé fruto, quiere podarme para que pueda servirle.

Luego de la experiencia que viví hace más de 15 años, explorando mi vocación religiosa, me alejé por completo de la Iglesia y me sumergí en el mundo, haciendo las cosas a mi manera, olvidándome por completo de Dios. Pero Él me hizo regresar y si lo hizo es para que dé fruto. Por eso me poda y me cuida tanto con todos estos regalos que no son coincidencias. Por eso me llevó de nuevo a un monasterio trapense, esta vez en otra realidad, pero siempre para hablarme con amor y claridad.

Espero que este memorial se selle en mi corazón y que pueda servirle a Él sirviéndole a ustedes que me leen, con toda humildad, con mi testimonio, para que también ustedes crean, permanezcan el Él y puedan dar fruto.

Ah, ¿y les dije que las monjas hacen chocolates deliciosos? Échenle un vistazo.

 

El ‘LIKE’ más importante

Estoy sentada en un avión de camino a casa desde San Diego, California, donde participé de una gran conferencia de Social Media, que es el área en que me desempeño profesionalmente. Es una de las más grandes conferencias de esta área en el mundo entero, y participamos profesionales de una enorme cantidad de países; 64, para ser exactos.

La gran mayoría de los asistentes estábamos locos por saber qué pasaría ahora, con todos los cambios que hizo Facebook a su plataforma, limitando el alcance a los contenidos de marca y darle prioridad a aquellos que compartimos con nuestros familiares y amigos. Queríamos saber cuál debería ser nuestra respuesta como comunicadores a este gran ‘apocalipsis’, como lo ha llamado la prensa y los medios digitales. La respuesta que nos propusieron los expertos fue lo más motivador que he escuchado en años: la autenticidad.

Charla tras charla, conferencia tras conferencia, taller tras taller, escuchábamos la misma exhortación a generar contenidos auténticos con historias más humanas y a mostrarnos como somos ante nuestros seguidores. Se hizo hincapié en la belleza del vídeo en vivo y la buena respuesta que tiene. Hubo mucho énfasis en todo lo relacionado a crear comunidad, a usar las redes sociales para generar relaciones y no para alimentar nuestro ego con likes y shares. Todo llamaba al regreso a lo ‘humano’, a lo real.

Mientras me preparaba para regresar a casa y organizaba mis notas, medité acerca de todo esto, lo que me llevó a pensar en la importancia de amarme como soy, y por lo que soy: una hija del Amado. Ahí está mi autenticidad, en saberme hija de Dios y aceptarme, así como Él me hizo: en mi realidad, mi historia y mis circunstancias. Amarme y aceptarme en mi pecado, en mis virtudes, en mis aciertos y en mis errores. Eso es lo que quiere Dios de todos nosotros, que sepamos que Él nos ama y que nos acepta y nos espera.

Providencialmente, el evangelio de hoy, día que regreso a casa, es el evangelio del hijo pródigo, ese hijo que se fue a vivir otra vida y que cuando se queda ‘sin likes, shares y RTs’ decide regresar a casa, al enternecedor abrazo del Padre que lo espera con los brazos abiertos y con una gran fiesta. Y así nos espera Dios siempre: en nuestra verdad, nuestra autenticidad, sin retoques ni PhotoShop. Dios nos ama y nos conoce como somos, ve nuestros corazones y no necesita que nos cubramos con filtros, nos decoremos con emojis ni que nos animemos con GIFs. Dios nos ama y nos perdona siempre, aunque regresemos al Él cubiertos con el lodo del pecado. Nosotros debemos hacer lo mismo con nosotros y con el prójimo: amarnos y perdonarnos SIEMPRE. ¡Y eso es lo más duro!

Hagámosle caso al más grande experto comunicador, al que es ‘red social’ con el Hijo y el Espíritu Santo, y vivamos en la verdad y en la belleza de ser hijos del Amado. Ése es el LIKE más importante.

 

 

De apps, podcasts y demás herramientas

El mes pasado leí un libro que dedicaba todo un capítulo a herramientas digitales para católicos, como apps, cuentas de Twitter y demás espacios en la web que pueden servirnos de inspiración y apoyo en la fe. He bajado algunas de las apps recomendadas y me he suscrito a algunos podcasts y cuentas de redes sociales que me gustaría compartir con ustedes. No obstante, primero quiero compartirles una herramienta que también me pareció fabulosa y que hace poco le escuché a una madre de cinco.

Sucede que esta joven madre y esposa está apoyando a su mamá en su tratamiento contra el cáncer y ha pedido oración de forma incesante a sus familiares y amigos. Fiel creyente en el poder de la oración, fue un poco más allá y buscó en internet los correos electrónicos de varios conventos de clausura en donde las monjas dedican su vida a la oración. Sí, les escribió a ellas y les pidió que se unieran en su plegaria por la salud de su madre. ¿No les parece fabuloso? El ‘trabajo’ de las monjas de clausura es ese: desgastar su vida en oración, así es que me imagino a las hermanas felices recibiendo el correo electrónico y añadiendo las oraciones a sus ‘tareas’ diarias.

Y es que el internet nos abre un mundo de posibilidades para alcanzar la ‘universalidad’ de la Iglesia; nos conecta con otros fieles, así como con otros no creyentes y nos permite evangelizar y ser evangelizados. Usemos bien esta herramienta para acercar a aquellos que no conocen a Cristo con su mensaje de amor. Igualmente, utilicemos las redes y los recursos que pone a nuestro alcance la tecnología para alimentar y fortalecer nuestra vida de fe.

Aquí les comparto algunas de mis favoritas por categoría:

  1. Apps: hay muchísimas apps católicas disponibles tanto para iOS como para Android. Algunas de mis favoritas son:
    • Salterio Pro: con la liturgia de las horas
    • Rosary Pro: herramienta para rezar el rosario, ya sea leyéndolo o escuchándolo
    • Laudate: con todas las oraciones, lecturas y demás recursos litúrgicos y vaticanos que un católico puede necesitar
    • Divina Misericordia: herramienta para rezar la coronilla de la Divina Misericordia, con recordatorios diarios a las 3pm.
  2. Podcasts: Casi todos los podcasts católicos que escucho son en inglés, pero hace poco me suscribí al podcast del padre Jorge Obregón, que comenta las lecturas dominicales en su podcast semanal en español. Otros podcasts que he escuchado son:
    • The Catholic Hipster
    • Fountains of Carrots
    • Jesuitical
    • Abinding Together
  3. Grupos de Facebook: otro gran recurso son los grupos de Facabook. En ellos puedes encontrar otros católicos con tus mismos gustos, intereses, preocupaciones, etc. Hay todo tipo de grupos: para madres, por países o regiones, y por carismas (catequistas, músicos, etc.). Es cuestión de encontrar el que te sirva de apoyo para el momento específico que estás viviendo. Yo estoy suscrita a varios grupos de madres y a un grupo de bloggers católicos.
  4. Cuentas de redes sociales: algo que nos puede ayudar a centrar nuestra atención en Dios mientras estamos en el ‘mundo’ es darle unfollow a las cosas que no abonan a nuestra vida de fe y darle follow a cuentas, personas y organizaciones que nos acercan a Dios a través de su palabra, experiencias y chistes. Hay todo tipo de cuentas católicas en las redes. Algunas de mis favoritas son: MemesCatolicos, ChurchPOP_es, cfr_franciscans……¡pero la verdad son demasiadas!

Recuerden que, como todo en la vida, hay que discernir y sentir paz con lo que vemos hacemos, escuchamos y oímos. Así como hay recursos buenos y que se ciñen a las doctrinas de la Iglesia, también el enemigo se esconde detrás de cuentas de Instagram o videos de YouTube. Pídanle guía al Espíritu Santo para saber dónde hacen click y a qué le dan ‘share’.

Usemos estas herramientas y convirtámonos en influencers para Cristo, para que tenga nuevos followers y muchos Likes. ¿Les parece?

Más catolicismo hipsteriano

Como escribí recientemente, me he auto denominado  ‘hipster católica‘. Conocí el termino a través de un artículo en Aleteia y desde entonces lo he acuñado en todas mis biografías en redes sociales y  en forma de hashtag cada vez que comparto contenidos católicos. Pero, ¿sabían que los hipsters católicos tenemos un manual? Se llama The Handbook of Catholic Hipsters. ¡Acabo de leerlo y está genial! Totalmente identificada con cada capítulo, con cada santo, con cada oración. Como menciona su autor, Tommy Tighe, el libro es un proyecto hacia la recuperación del ‘Catholic Cool‘, un manual que muestra lo maravilloso que es ser católico.

¿De qué trata?

A través de sus capítulos, el ‘manual’ detalla cómo asumir el estilo de vida hipsteriano, tomando como base la biblia, el Catecismo, la historia de la Iglesia y el ejemplo de los santos. Habla de la vestimenta, de las barbas en la biblia, de la cerveza -y como los monjes salvaron el mundo de enfermedades gracias a ella-, de los lentes, el calendario litúrgico,  la radio, las apps católicas, y de los blogs, entre muchas otras cosas.

Uno de los capítulos con el que me sentí más identificada es el que habla de los nombres que le ponemos a nuestros hijos y cómo éstos nos pueden servir para evangelizar. Mis hijas ciertamente tienen nombres que sirven para evangelizar. La más pequeña, por ejemplo, se llama Loreto. En más de una ocasión me han preguntado por el origen del nombre, oportunidad que se me ofrece para hablar de Nuestra Señora y la casa de la Sagrada Familia de Nazaret, la cual la Virgen hizo volar hasta la ciudad italiana de Loreto.

Pero más que todo esto, el libro hace una invitación a amar la Iglesia, su historia, sus santos y, sobretodo, a estar orgullosos ser católicos, viviendo a plenitud lo que ello representa. Nos llama a amar la historia y las tradiciones y a no vivir un catolicismo ‘light’ o tibio. Nos ofrece historias de santos (algunos un poco desconocidos) y sus respectivas oraciones, así como actividades divertidas que nos ayudan a abrazar la fe.

Totalmente recomendado este libro. Yo me lo leí en un santiamén. Cómprenlo y sigan a Tommy en Twitter, donde nació la idea del libro, o en su página.

Pero, sobretodo, reclamemos lo cool de ser católicos….