Más caótica que católica

En estos últimos días he publicado en mi cuenta personal de Instagram que me he sentido un poco estresada y agobiada. He tenido mucha presión con el trabajo, las niñas, la familia, etc.  También he estado un tanto ‘fría’ espiritualmente hablando, y aunque esto no me ha alejado de los sacramentos, sí me ha puesto triste, porque no siento a Dios tan cercano como quisiera. Y una cosa siempre lleva a la otra: el Demonio se mete y empiezo a juzgarme, a juzgar y a actuar de manera soberbia y arrogante. Y a mi la soberbia se me da fácil…

Por eso me siento más caótica que católica estos días, con la mecha muy corta y muy alterada (sumado a un desbalance hormonal por razones médicas). Pero como Dios es sabio y conoce a su caótica predilecta (me disculpan, pero lo soy…jajajaja) me ha regalado muchas palabras, acontecimientos y personas que me han ayudado a reflexionar. Como la bofetada que recibí de Pablo en su carta a los Efesios el domingo pasado: ”Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Eerrmm, Ok. Entiendo.

También me ha acercado más a Él y su Iglesia el hecho de que todo el mundo me habla de prácticas como el yoga, limpieza de aura, meditación trascendental y otras que no son necesariamente compatibles con la Iglesia. Salir a defender mi religión y sus creencias de forma respetuosa y amable han sido para mi tremenda prueba de humildad, porque por la general ladro como perro chihuahua cuando quiero defender algo.

Me consuela saber que no soy la única católica caótica, y que muchos santos han sido grandes pecadores encolerizados pero han logrado ganar los altares por pura misericordia e iniciativa de Dios.

Yo sigo luchando para salir del caos y encontrar paz, sin yoga, sin alineación de chakras ni limpiezas de aura. Mis ‘mantras’ son Ave Marías y mi meditación la hago ante el Santísimo. Porque, como dice una de las más grandes católicas caóticas, Santa Teresa de Ávila, ¡solo Dios basta!

Advertisements

¿Qué pensará Dios?

Hace algunos días, mi esposo -mientras íbamos en el auto-, me dijo: ¿sabes qué? Creo que tienes razón, que cuando lleguemos al cielo Dios nos va a decir: ”¿por qué ustedes se complicaban tanto? No entendieron nada, YO LOS AMO, y no necesito que se compliquen por tantas tonterías”. Me eché a reír porque él por lo general me critica cuando le hablo de un ‘Dios relajado’ que solo quiere amarnos y no está pendiente de detalles que a nosotros nos consumen y nos sacan del norte único que es el amor a Dios y al prójimo.

La conversación surgió, en parte, porque hace algunos domingos nos topamos con un señor que estaba vendiendo la lotería y nos ofreció unos billetes para ganar ‘el premio mayor’. Mi esposo le contestó a su oferta: ”mejor es ganar el cielo”, a lo que el vendedor de lotería le contestó: ”el cielo ya lo tenemos gano”. El comentario del señor generó en mi una ENORME sonrisa. ”Este señor lo ha entendido todo”, pensé. Por eso es que Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. ¡Y este señor, pobre de espíritu, lo sabía! ¡El cielo ya lo tenía ganado, aunque vendiera lotería!

Con esto no estoy diciendo que salgamos a comprar lotería, y a poner nuestra esperanza en otras cosas. NO, para nada. Solo estoy diciendo que no compliquemos a un Dios que solo quiere amarnos y que nos perdona TODO. Creámoslo, de veras. Dios nos quiere así, pobres de espíritu, sin complicaciones, ni formalismos. Dios nos ama a pesar de TODO.

No dejemos que la idea de hacer cosas ‘buenas’ para complacer a Dios nos haga olvidar lo que verdaderamente importa: amar a Dios y amar al prójimo. Amar a un Dios que nos ama y nos perdona. Y si no se lo creen, hagan el ejercicio: imagínense llegar al cielo y ver a Dios recibirnos con un abrazo, independientemente lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Así nos ama Dios.

Permanecer en Él

Este fin de semana estuve en un retiro de blogueros católicos en el monasterio trapense Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Éramos más de una docena de escritores  y marketers católicos con proyectos en línea dedicados a dar a conocer la fe a través de las redes sociales y demás espacios en Internet. Los proyectos representados incluían blogs de mujeres católicas, de madres que hacen escuela en casa o home schooling, podcasts con enfoque católico y hasta un sitio de citas para católicos solteros en busca de pareja. Fue una experiencia maravillosa, pero -específicamente para mí- de mucha reflexión y gratitud. Y que bien, pues de eso se tratan los retiros, ¿no? De apartarnos y reflexionar.
En la vida no hay casualidades, estoy convencida de ello. Y este fin de semana vino a confirmarme eso en lo que creo con tanta firmeza: definitivamente no hay casualidades. Les cuento por qué.

¿Cómo me enteré del retiro?

Una mañana, tras haber llegado 15 minutos temprano a una reunión, decidí sacar mi celular y revisar mi muro de Facebook. Revisándolo me topé con el LIVE de la organizadora del retiro quien es una bloguera católica pro vida con quien he colaborado en el pasado, y me detuve a verlo. Agarré la transmisión a la mitad, pero lo que hablaba sonaba muy interesante. Aparentemente había organizado un retiro de blogueros católicos. A través de los comentarios le pedí más información y me contó todos los detalles: un retiro en el monasterio trapense de Mt. Saint Mary’s en Wrentham, Massachusetts. Me quedé de una pieza pues sabía que en las cosas de Dios no hay casualidades.

Sucede que hace más de 15 años exploré la posibilidad de una vocación a la vida religiosa en un monasterio trapense fundado, precisamente, por las hermanas de Mt. Saint Mary’s. Providencialmente, el retiro coincidía con la fiesta de Santa Gianna, patrona de las madres católicas -y a quien le tengo una gran devoción como recordarán por este artículo-, y día de cumpleaños de mi hija menor. Sabía que la organizadora también le tiene una gran devoción a Santa Gianna y cree firmemente que la santa italiana intervino en la sanación de su hijo hace casi cinco años.

Dios teje la historia

Pues bien, una vez en el retiro muchas de mis preguntas de cómo debía continuar este proyecto de Católica Caótica fueron contestadas. Igualmente, hice conexiones con muchos blogueros de Estados Unidos, donde la Iglesia Católica cuenta con un gran caudal de recursos para la nueva evangelización: desde podcasts, blogs, retiros on y offline, conferencias, currículos para hacer escuela en casa, etc. Exploramos la posibilidad de traducir muchos de esos recursos al español o de hasta iniciar proyectos para Latinoamérica con la única otra bloguera hispana del grupo. Fue una experiencia hermosísima, por la que siempre le estaré agradecida al Señor.

Lo más importante

El retiro culminó con la santa misa el domingo, y me impactó enormemente como el evangelio selló toda esta experiencia. Era el evangelio del viñador que dice que Jesús es la verdadera vid y el Padre el viñador, quien corta los sarmientos que no dan frutos, pero que poda a los que dan para que den aún más fruto. También dice el Señor en dicho evangelio: ‘’permanezcan en mi para que den fruto’’. Y esa línea me llegó al corazón como ninguna otra.

Yo no siempre he permanecido en Él; me he descarrilado muchas veces. Lo he ignorado, desobedecido y rechazado tantas y tantas veces, pero Él siempre me ha buscado porque quiere que dé fruto, quiere podarme para que pueda servirle.

Luego de la experiencia que viví hace más de 15 años, explorando mi vocación religiosa, me alejé por completo de la Iglesia y me sumergí en el mundo, haciendo las cosas a mi manera, olvidándome por completo de Dios. Pero Él me hizo regresar y si lo hizo es para que dé fruto. Por eso me poda y me cuida tanto con todos estos regalos que no son coincidencias. Por eso me llevó de nuevo a un monasterio trapense, esta vez en otra realidad, pero siempre para hablarme con amor y claridad.

Espero que este memorial se selle en mi corazón y que pueda servirle a Él sirviéndole a ustedes que me leen, con toda humildad, con mi testimonio, para que también ustedes crean, permanezcan el Él y puedan dar fruto.

Ah, ¿y les dije que las monjas hacen chocolates deliciosos? Échenle un vistazo.

 

El ‘LIKE’ más importante

Estoy sentada en un avión de camino a casa desde San Diego, California, donde participé de una gran conferencia de Social Media, que es el área en que me desempeño profesionalmente. Es una de las más grandes conferencias de esta área en el mundo entero, y participamos profesionales de una enorme cantidad de países; 64, para ser exactos.

La gran mayoría de los asistentes estábamos locos por saber qué pasaría ahora, con todos los cambios que hizo Facebook a su plataforma, limitando el alcance a los contenidos de marca y darle prioridad a aquellos que compartimos con nuestros familiares y amigos. Queríamos saber cuál debería ser nuestra respuesta como comunicadores a este gran ‘apocalipsis’, como lo ha llamado la prensa y los medios digitales. La respuesta que nos propusieron los expertos fue lo más motivador que he escuchado en años: la autenticidad.

Charla tras charla, conferencia tras conferencia, taller tras taller, escuchábamos la misma exhortación a generar contenidos auténticos con historias más humanas y a mostrarnos como somos ante nuestros seguidores. Se hizo hincapié en la belleza del vídeo en vivo y la buena respuesta que tiene. Hubo mucho énfasis en todo lo relacionado a crear comunidad, a usar las redes sociales para generar relaciones y no para alimentar nuestro ego con likes y shares. Todo llamaba al regreso a lo ‘humano’, a lo real.

Mientras me preparaba para regresar a casa y organizaba mis notas, medité acerca de todo esto, lo que me llevó a pensar en la importancia de amarme como soy, y por lo que soy: una hija del Amado. Ahí está mi autenticidad, en saberme hija de Dios y aceptarme, así como Él me hizo: en mi realidad, mi historia y mis circunstancias. Amarme y aceptarme en mi pecado, en mis virtudes, en mis aciertos y en mis errores. Eso es lo que quiere Dios de todos nosotros, que sepamos que Él nos ama y que nos acepta y nos espera.

Providencialmente, el evangelio de hoy, día que regreso a casa, es el evangelio del hijo pródigo, ese hijo que se fue a vivir otra vida y que cuando se queda ‘sin likes, shares y RTs’ decide regresar a casa, al enternecedor abrazo del Padre que lo espera con los brazos abiertos y con una gran fiesta. Y así nos espera Dios siempre: en nuestra verdad, nuestra autenticidad, sin retoques ni PhotoShop. Dios nos ama y nos conoce como somos, ve nuestros corazones y no necesita que nos cubramos con filtros, nos decoremos con emojis ni que nos animemos con GIFs. Dios nos ama y nos perdona siempre, aunque regresemos al Él cubiertos con el lodo del pecado. Nosotros debemos hacer lo mismo con nosotros y con el prójimo: amarnos y perdonarnos SIEMPRE. ¡Y eso es lo más duro!

Hagámosle caso al más grande experto comunicador, al que es ‘red social’ con el Hijo y el Espíritu Santo, y vivamos en la verdad y en la belleza de ser hijos del Amado. Ése es el LIKE más importante.

 

 

De apps, podcasts y demás herramientas

El mes pasado leí un libro que dedicaba todo un capítulo a herramientas digitales para católicos, como apps, cuentas de Twitter y demás espacios en la web que pueden servirnos de inspiración y apoyo en la fe. He bajado algunas de las apps recomendadas y me he suscrito a algunos podcasts y cuentas de redes sociales que me gustaría compartir con ustedes. No obstante, primero quiero compartirles una herramienta que también me pareció fabulosa y que hace poco le escuché a una madre de cinco.

Sucede que esta joven madre y esposa está apoyando a su mamá en su tratamiento contra el cáncer y ha pedido oración de forma incesante a sus familiares y amigos. Fiel creyente en el poder de la oración, fue un poco más allá y buscó en internet los correos electrónicos de varios conventos de clausura en donde las monjas dedican su vida a la oración. Sí, les escribió a ellas y les pidió que se unieran en su plegaria por la salud de su madre. ¿No les parece fabuloso? El ‘trabajo’ de las monjas de clausura es ese: desgastar su vida en oración, así es que me imagino a las hermanas felices recibiendo el correo electrónico y añadiendo las oraciones a sus ‘tareas’ diarias.

Y es que el internet nos abre un mundo de posibilidades para alcanzar la ‘universalidad’ de la Iglesia; nos conecta con otros fieles, así como con otros no creyentes y nos permite evangelizar y ser evangelizados. Usemos bien esta herramienta para acercar a aquellos que no conocen a Cristo con su mensaje de amor. Igualmente, utilicemos las redes y los recursos que pone a nuestro alcance la tecnología para alimentar y fortalecer nuestra vida de fe.

Aquí les comparto algunas de mis favoritas por categoría:

  1. Apps: hay muchísimas apps católicas disponibles tanto para iOS como para Android. Algunas de mis favoritas son:
    • Salterio Pro: con la liturgia de las horas
    • Rosary Pro: herramienta para rezar el rosario, ya sea leyéndolo o escuchándolo
    • Laudate: con todas las oraciones, lecturas y demás recursos litúrgicos y vaticanos que un católico puede necesitar
    • Divina Misericordia: herramienta para rezar la coronilla de la Divina Misericordia, con recordatorios diarios a las 3pm.
  2. Podcasts: Casi todos los podcasts católicos que escucho son en inglés, pero hace poco me suscribí al podcast del padre Jorge Obregón, que comenta las lecturas dominicales en su podcast semanal en español. Otros podcasts que he escuchado son:
    • The Catholic Hipster
    • Fountains of Carrots
    • Jesuitical
    • Abinding Together
  3. Grupos de Facebook: otro gran recurso son los grupos de Facabook. En ellos puedes encontrar otros católicos con tus mismos gustos, intereses, preocupaciones, etc. Hay todo tipo de grupos: para madres, por países o regiones, y por carismas (catequistas, músicos, etc.). Es cuestión de encontrar el que te sirva de apoyo para el momento específico que estás viviendo. Yo estoy suscrita a varios grupos de madres y a un grupo de bloggers católicos.
  4. Cuentas de redes sociales: algo que nos puede ayudar a centrar nuestra atención en Dios mientras estamos en el ‘mundo’ es darle unfollow a las cosas que no abonan a nuestra vida de fe y darle follow a cuentas, personas y organizaciones que nos acercan a Dios a través de su palabra, experiencias y chistes. Hay todo tipo de cuentas católicas en las redes. Algunas de mis favoritas son: MemesCatolicos, ChurchPOP_es, cfr_franciscans……¡pero la verdad son demasiadas!

Recuerden que, como todo en la vida, hay que discernir y sentir paz con lo que vemos hacemos, escuchamos y oímos. Así como hay recursos buenos y que se ciñen a las doctrinas de la Iglesia, también el enemigo se esconde detrás de cuentas de Instagram o videos de YouTube. Pídanle guía al Espíritu Santo para saber dónde hacen click y a qué le dan ‘share’.

Usemos estas herramientas y convirtámonos en influencers para Cristo, para que tenga nuevos followers y muchos Likes. ¿Les parece?

Más catolicismo hipsteriano

Como escribí recientemente, me he auto denominado  ‘hipster católica‘. Conocí el termino a través de un artículo en Aleteia y desde entonces lo he acuñado en todas mis biografías en redes sociales y  en forma de hashtag cada vez que comparto contenidos católicos. Pero, ¿sabían que los hipsters católicos tenemos un manual? Se llama The Handbook of Catholic Hipsters. ¡Acabo de leerlo y está genial! Totalmente identificada con cada capítulo, con cada santo, con cada oración. Como menciona su autor, Tommy Tighe, el libro es un proyecto hacia la recuperación del ‘Catholic Cool‘, un manual que muestra lo maravilloso que es ser católico.

¿De qué trata?

A través de sus capítulos, el ‘manual’ detalla cómo asumir el estilo de vida hipsteriano, tomando como base la biblia, el Catecismo, la historia de la Iglesia y el ejemplo de los santos. Habla de la vestimenta, de las barbas en la biblia, de la cerveza -y como los monjes salvaron el mundo de enfermedades gracias a ella-, de los lentes, el calendario litúrgico,  la radio, las apps católicas, y de los blogs, entre muchas otras cosas.

Uno de los capítulos con el que me sentí más identificada es el que habla de los nombres que le ponemos a nuestros hijos y cómo éstos nos pueden servir para evangelizar. Mis hijas ciertamente tienen nombres que sirven para evangelizar. La más pequeña, por ejemplo, se llama Loreto. En más de una ocasión me han preguntado por el origen del nombre, oportunidad que se me ofrece para hablar de Nuestra Señora y la casa de la Sagrada Familia de Nazaret, la cual la Virgen hizo volar hasta la ciudad italiana de Loreto.

Pero más que todo esto, el libro hace una invitación a amar la Iglesia, su historia, sus santos y, sobretodo, a estar orgullosos ser católicos, viviendo a plenitud lo que ello representa. Nos llama a amar la historia y las tradiciones y a no vivir un catolicismo ‘light’ o tibio. Nos ofrece historias de santos (algunos un poco desconocidos) y sus respectivas oraciones, así como actividades divertidas que nos ayudan a abrazar la fe.

Totalmente recomendado este libro. Yo me lo leí en un santiamén. Cómprenlo y sigan a Tommy en Twitter, donde nació la idea del libro, o en su página.

Pero, sobretodo, reclamemos lo cool de ser católicos….

¡Ay de mi!

Hace algunos días me reuní con un sacerdote amigo para presentarle el proyecto de Católica Caótica y pedirle su opinión. Quería confirmar que esto que estoy haciendo está bien y, hasta cierto punto, recibir su ‘bendición’. Justo antes de dicho encuentro, estaba reunida con una amiga discutiendo algunos proyectos de trabajo y al terminar le dije que me disponía a reunirme con este sacerdote. Para mi sorpresa, me dijo con cierta nostalgia que admiraba la gente que tenía fe y que le parecía interesante lo que estaba haciendo.

Pues bien, llegó el momento de la reunión y le presenté al sacerdote mi proyecto. Le hablé del origen de su nombre y le conté que el año pasado había escrito poco, en parte porque sentía que era un acto de soberbia esto de estar escribiendo mis reflexiones y que la gente leyese mis experiencias de fe. Le dije que no me sentía digna de semejante tarea, por mi pasado, por mi historia, por mis pecados… Con una ternura firme me dijo: ‘Hija, te has dejado engañar por el demonio’. Y me alentó a seguir escribiendo, diciéndome que es mi deber poner los dones que Dios me regaló al servicio del evangelio. Me dijo además que la Iglesia necesita que nosotros los laicos hagamos esto: que anunciemos el evangelio en aquellos lugares que ellos, por ser sacerdotes, no pueden llegar porque la gente no los recibe. Sentí una paz y un ánimo enorme; quedé más motivada que nunca a continuar esta tontería de mi blog, esta tontería de hablar de mi caos y cómo Dios viene a resolverlo.

Como Dios tiene los detalles más hermosos jamas imaginables, pocos días después -en una misa dominical- me regaló la lectura de 1ra de Corintios 9, en la que San Pablo expresa: “¡ay de mí si no predicara el Evangelio!”  Y hago eco de sus palabras: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe.” Así es que, ¡púdrete demonio…!

Permita Dios que pueda imitar a San Pablo en esto de la necedad de la predicación, y ayudar a la Iglesia a llegar a los muros de Facebook, las historias de Instagram y a los 143 caracteres de Twitter a los que muchos sacerdotes no pueden llegar por falta de followers, likes y RTs. Que Dios me ayude a vivir este catolicismo hipsteriano sin vergüenza, miedo o pena. Que me ayude a vivir un catolicismo fuera del closet todo el tiempo, en todo lugar y con todas las personas que me rodean, porque eso también es predicar el evangelio, y ¡ay de mi si no lo hago!

De comparaciones y otras mentiras

Hace algunos días una cuenta que sigo en Instagram publicó una foto de San Francisco de Sales con una cita suya que lee: ‘No desees ser nada más que lo que eres, e intenta serlo perfectamente’. Desde que leí ese santo consejo, he venido rumiando qué significa esto en mi vida, en este momento de mi historia.

Desde hace unos meses para acá, o quizás hace mucho más tiempo…..¿años?, he estado comparándome con otras personas, sobretodo otras madres. Las que dan pecho, las que no, las que practican colecho, las que dan alimento orgánico, las que limitan el tiempo de pantallas, las que tienen a sus hijos en este o aquel colegio, las que corren y se ejercitan, las vegetarianas, las que siempre están regias y a la moda, las que trabajan y las que no….. en fin. Aunque no sea fácil aceptarlo, siempre siento el gusano de la comparación: esa inclinación a pensar que soy mejor o peor que fulana o sutana, que quiero ser como esta o aquella, etcétera. Es que el demonio no descansa y siempre nos quiere hacer pensar que Dios no nos ama como somos, con nuestra realidad, nuestra historia y nuestro pecado. Y no hay mentira más grande que esa. Pero ¿qué más podemos esperar del embustero mayor?

Por eso recurro a la cita de San Francisco de Sales, patrón de los escritores, y me hago la fiel intención de ser quién soy y tratar de hacerlo perfectamente. Pero para ello primero hay que hacer el ejercicio de descubrirse realmente, aceptarse y perdonarse. Hay que pasar tiempo en soledad y oración, escuchando los pensamientos que Dios nos regala en el proceso. A mi, en lo personal, Dios no para de decirme que me ama tal y como soy, con mi pasado, mi realidad actual, mi pecado, mis limitaciones, mis talentos. No tengo que compararme con nadie, no tengo que ser como nadie mas. ¡Pero no compararse es tan difícil! Por eso pongo esa tarea en mi oración, para que Dios me ayude a evitar la tentación de compararme con esta o aquella, para que Dios me ayude a respetar mi autenticidad y a no comprometer quien soy.

Viviendo en un mundo súper conectado, donde todo el mundo cuanta su historia o la realidad que quiere mostrarle al mundo, a veces es mejor recurrir al ‘unfollow’ y dejar de seguir en redes sociales a esas personas que nos hacen sentir menos y a las que nos hacen sentir más. Es mejor ‘no mantener amistad más que con aquellos que puedan compartir con nosotros cosas virtuosas; cuanto más excelsas sean las virtudes más perfecta será la amistad’….eso también lo dijo San Francisco de Sales.

Y hay otra cita de este santo y patrón de los periodistas que me ayuda a seguir con esta tarea de la autenticidad, el amor propio y la aceptación: ‘Se paciente con todo el mundo; pero sobre todo contigo mismo’.

Muy sabios consejos, ¿no? Creo que este santo doctor de la iglesia se está convirtiendo en uno de mis favoritos.

 

 

 

Los vestidos de María

Si hay alguien que sabe ‘vestir para la ocasión’ esa es María, la Santísima Virgen. ¡Cuántos vestidos le he conocido! ¡Cuántas veces ha intervenido por mí la Madre del Cielo luciendo su gran variedad de trajes!

Hace unos días hacía memoria de todos mis momentos ‘marianos’; todas aquellas veces que la Madre del Cielo ha formado parte de mi vida a través de sus diferentes advocaciones. Hoy les hago un recuento con algunas anécdotas:

  1. Virgen de Lourdes: cuando era muy niña mi abuela paterna visitó el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, de donde trajo agua de la gruta. Recuerdo el frasco, en forma de la Inmaculada, al cual mi hermano llamaba ‘el perfume de la Virgen’.
  2. Virgen del Rocío: mi familia pertenecía a una asociación de emigrantes andaluces y durante algunos años celebramos la Romería del Rocío. Recuerdo con mucho cariño la Salve Rociera, y con la devoción con la que era cantada durante la romería.
  3. La Macarena: como mi padre es sevillano, la Virgen Macarena es muy cercana a nuestro corazón. Cada año, en semana santa, veíamos la transmisión de las procesiones y la más conmovedora para mi siempre fue la de la Macarena, la madrugada del viernes santo.
  4. Virgen de Fátima: en 2002 tuve la oportunidad de visitar el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal. Ahí celebramos misa y leí una de las lecturas. Me hizo revivir las escenas de aquella película que vi decenas y decenas de veces: ‘El milagro de Nuestra Señora de Fátima’, un filme de 1952 que solían pasar en semana santa por la tele en mi país.
  5. Nuestra Señora de Guadalupe: en 2010 tuve la oportunidad de visitar -con mi hoy esposo- el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en México. Para aquella época no éramos católicos practicantes, pero siento que la Virgen nos hizo ir allí para llevarnos a su hijo. Además, cuando estudié en Madrid, viví en un Colegio Mayor que lleva su nombre. Hoy día pertenezco a una parroquia dedicada a la Emperatriz de las Américas. La morenita ha sido insistente conmigo.
  6. Virgen de la Dulce Espera: durante el embarazo de mi segunda hija compré una imagen de la Virgen de la Dulce Espera, que muestra a María embarazada. Muchas iglesias colocan esta imagen junto a la corona de adviento durante dicho tiempo litúrgico. Hoy mi imagen de la Dulce Espera se encuentra peregrinando en casas de parejas que piden intercesión a la Virgen para que les sea concedido el don de ser padres.
  7. Virgen de la Providencia: La Virgen de la Providencia es la patrona de mi país y es la imagen mariana que hoy decora mi casa. Siempre que veo al pequeño niño Jesús descansando en el regazo de María recuerdo que ‘Dios provee’ y nada tengo que temer.

Independientemente el vestido que luzca, la Santísima Virgen siempre viene a recordarnos lo que le dijo a los camareros de Caná: ‘Hagan lo que Él les diga’. También viene a pedirnos oración y a ofrecer la suya ante su Hijo.

Como leí en un artículo de Aleteia: ‘Solo una persona se atrevería a darle órdenes a Cristo…’, y esa es María.

¡Viva la Madre de Dios! ¡Viva la Reina del Cielo!

Vivir el Shemá

Hace un par de años me mudé a un barrio predominantemente judío. En los alrededores de mi casa hay varias sinagogas, mercados y restaurantes kosher, una escuela hebrea y decenas de comercios operados por judíos. Y esto, aunque suene extraño, ha sido una bendición para mi fe, pues me ha ayudado a observar cómo nuestros ‘hermanos mayores’ viven la suya*. Cada vez que los veo caminando en familia a la sinagoga, con sus cabezas cubiertas, vestidos de forma modesta -pero elegante- para ir a rezar, o respetando por completo el sábado, me viene a la mente la lectura conocida como el ‘Shemá Israel’, la oración más sagrada del judaísmo.

La lectura del Shemá se encuentra en Deuteronomio 6:3-9, y en ella se nos llama a amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. También nos ordena a repetirle estas palabras a nuestros hijos, y a hablar de ellas ‘tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado’.  Nos pide atarlas a nuestras manos como una señal, y mantenerlas como una insignia entre los ojos. Por último, la lectura ordena a  escribirlas en las jambas de la casa y en las puertas. De este texto desprende que en las casas y en los comercios judíos pueda verse una mezuzá en el marco de la puerta, albergando un pergamino donde está escrito este ‘Shemá Israel’. La mezuzá en el dintel de la puerta da testimonio del compromiso con el Dios de Israel, los valores bíblicos y un estilo de vida piadoso.

Como buen judío Jesús rezaba y vivía el Shemá. Este mandato de Dios se nos recuerda en la voz de Cristo en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. Es el primer mandamiento y es el que nos permite amar al prójimo.

¿Y cómo se ama al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas? Pues pidiéndoselo a Dios; pidiéndole que nos permita amarlo de esa forma tan trascendental y determinante, de esa forma tan transformadora y completa. Solo Él nos puede dar la capacidad y el poder de amarlo, pero para ello tenemos que pedírselo.

Desde hace algunos meses he añadido ese ruego a mi oración: Señor, permíteme amarte con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fueras, para que así logre amarme y, por consiguiente, logre amar al prójimo.  Se que el Señor me escuchará y me ayudará a amarlo. En mí estará tener la disponibilidad de realmente ofrecerle todo mi corazón, toda mi alma, toda mi mente y todas mis fuerzas, a pesar de mi, a pesar de la libertad que Él mismo me ha dado.

Ese es mi deseo, y lo llevo en el dintel de mi mente y de mi corazón.

*Mi intención con este artículo es señalar como trato de vivir el ‘Shema Israel’ de la misma forma que los judíos lo hacen. Pero valga la aclaración que cuando digo el ‘Señor mi Dios’ me refiero a la Santísima Trinidad, un solo Dios. La paz.