La cristiana que no logro ser

Ayer, durante la ceremonia del Viernes Santo, meditaba lo poco que he logrado ser la cristiana que quiero ser: dulce, humilde, preocupada, servicial y siempre donada al prójimo. En pocas palabras: me lamentaba por mi incapacidad de amar. Viendo la cruz, y el amor que Jesús nos manifestó, me siento minúscula y a la vez llevo el peso de la gran responsabilidad que conlleva este título: hija de Dios.

Recuerdo que hace casi 20 años, en una peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal, empecé a sentir esta horrible sensación de no dar la talla como cristiana. Y ya he escrito antes acerca de este tema, pero hoy quiero hacer memoria de esa experiencia, cuando me comparé con una chica muy dulce y buena que viajaba con nosotros. Recuerdo como me dolía no poder ser como ella; no poder sonreír en todo momento, no lograr ser desprendida, ni estar siempre atenta a las necesidades de los demás. ¡Tengo tan viva la memoria de mi frustración, de mi dolor!  Yo, al contrario, andaba mal humorada, pensando solo en mi y en mis necesidades, despreocupada de las situaciones ajenas…llena de soberbia y egoísmo.

Y a pesar de haber madurado tanto a nivel intelectual como en mi vida de fe tras estos veinte años, ayer sentí la misma frustración: la tristeza de no lograr ser la cristiana que quiero ser, de seguir siendo indiferente, soberbia, malhumorada, poco paciente y para nada humilde. ¡De no poder amar! Miro a mis hijas y la poca paciencia que a veces les tengo, o a mi esposo, quien a veces se va al trabajo sin que yo le prepare su almuerzo porque tengo la cabeza en mis proyectos… Miro como pasan los días y no busco a aquellos a quien digo amar: mis padres, mis amigos, mi familia extendida. Veo como fallo en cultivar amistades, en contestarle a aquellos que me buscan.

Por eso pido que, con la Pascua, el Señor renazca en mi y sea Él quien me convierta en la cristiana que Él quiere que yo sea. Que me ayude a salir de mi indiferencia, de mi falta de humildad, de mi soberbia y de todo lo que me aleja de cumplir eso que Él pidió en su última cena: amar al prójimo. Él me conoce mejor que yo y sabe donde estoy y a donde no he podido llegar por mis fuerzas.

Por eso, ya no me lamento como hace veinte años. Esta frustración se tornará hoy en esperanza, cuando se encienda el Cirio Pascual. Me anclo en la esperanza de saber que el Señor obra en mi para convertirme en la cristina que Él quiere que sea, a pesar de mi.

2 thoughts on “La cristiana que no logro ser

  1. Hola Jess,
    Mi nombre es Ligia, te sigo en IG. Solo quiero pedirte que no seas tan dura contigo misma, solo empieza por ir eliminado lo que no te gusta un día a la vez y Papá se encargará de lo demás. EL no te juzga tan duro como lo haces contigo misma. Déjate caer en SU mano y poco a poco verás los cambios. No es fácil para ninguno de nosotros seguir el camino sin juzgarnos duramente, pero EL nos ama con locura, locura pura y nos acompaña en todo momento. Ah, y no te compares con nadie, pues El tiene hermosos planes para tí… en SU tiempo, de hecho ya lo esta haciendo porque ya te llamó.
    Te envío un abrazo bien apretado.
    Dios y la Virgen te guarden siempre.

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