Influencers de Dios

Recientemente se celebró en el país donde vivo, Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud, un evento extraordinario que reunió cientos de miles de jóvenes de más de 140 países y donde el Espíritu Santo se derramó en bendiciones para todos los que le abrieron su corazón. En nuestro hogar recibimos dos peregrinos: un sacerdote italiano y un seminarista colombiano, ambos en misión en la ciudad de Amsterdam, Holanda. Como nosotros, varias familias recibieron jóvenes y adultos de todos los rincones del mundo.

Durante la jornada, y a través de una serie de eventos, el Papa Francisco se dirigió a los jóvenes con mensajes muy contundentes y aterrizados, utilizando lenguaje relevante y moderno. Fueron muchos los temas que se tocaron, pero en lo personal cinco temas me llegaron directamente al corazón y me invitaron a meditar y a accionar. Aquí los desgloso:

Ser el ahora

Dijo el Papa Francisco: ”Jesús revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor»”.

Esta frase me invita a cuestionarme si estoy actuando en el ahora de Dios, o si solo estoy haciendo planes de santidad que dejo ‘para luego’, porque estoy muy concentrada en mi ahora, y no en el de Él. Jesús ciertamente ha salido a mi encuentro; ¡tengo que vivir Su ahora, no el mío!

Murmuración

Dijo el Papa Francisco: ”Una sociedad se enferma cuando no es capaz de hacer fiesta por la transformación de sus hijos, una comunidad se enferma cuando vive de la murmuración aplastante, condenatoria e insensible. El chisme.”

Y lo primero que me viene a la mente ante esta cita del Papa es el yo confieso que decimos en cada misa: de pensamiento, palabra, obra y omisión. ¡Cuánta murmuración hay en mis pensamientos! ¡Cuánta murmuración, envidia y condena surge de la navegación en redes sociales y ante las victorias de otros! Y aunque no se digan, muchas veces se piensan. Esto me ha hecho examinar más mis pensamientos, ser más consciente o ‘mindful‘ para tratar de sustituir esa condena, esa murmuración, ese juicio, por pensamientos de gratitud, oración y amor. ¡Cuán difícil es, pero tan necesario para la santidad!

Poner etiquetas

Dijo el Papa Francisco: ”Con la vida de la gente parece más fácil poner rótulos y etiquetas que congelan y estigmatizan no solo el pasado sino también el presente y el futuro de las personas. Le ponemos etiquetas a la gente, este es así, este hizo esto, así, así son la gente que murmuran, los chismosos son así. Estos rótulos que, en definitiva, lo único que logran es dividir: acá están los buenos y allá están los malos; acá están los justos y allá los pecadores”.

Esta cultura del adjetivo, de rotular por el pasado, el presente o el futuro, no solo aplica a los demás; aplica también a nosotros mismos, y viene a tronchar nuestra esperanza en la misericordia renovadora de Dios. ¿Cuántas veces me he rotulado a mi misma con algún adjetivo derogatorio, poniendo así límites a la acción del Espíritu Santo en mi? ¡Lo he hecho tantas veces! He llegado a pensar que no soy digna de ser católica, por mi pasado, por mi presente, por mi futuro que no parece santo ni perfecto. Pero eso no es lo que me dice Jesús, ¡no! A eso no es a lo que me llama. Jesús hace fiesta conmigo y me invita a renovarme en su misericordia cada día. A imitación de Él, entonces, he yo de eliminar los rótulos que imposibilitan y marcan a los demás.

Estar conectados para ser reconocidos

Dijo el Papa Francisco: ”Lo sabemos bien, no basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido y amado. Sentirse considerado e invitado a algo es más grande que estar en la red.”

Esta frase me habla en mi vida sobre la vanidad, sobre ese deseo de buscar el ‘like’ del otro para sentirme validada. De estar todo el día pegada al celular viendo cuántos seguidores gano o pierdo, cuántos piensan que soy cool o que escribo cosas bonitas. ¡Cuánta vanidad! Y sé que no soy la única que lucha con esto. La vanidad es un pecado y soy pecadora, pero por la gracia de Dios puedo redireccionar este deseo y encontrar que hay uno que ya me dio ‘like’, que ya escribió el más hermoso comentario en mi vida, que ya se enganchó conmigo, y lo hizo en una cruz, con un sagrado corazón que no cabe en la pantalla de ningún iPhone ni de ninguna laptop.

María, la influencer de Dios

Dijo el Papa Francisco: ”A ustedes jóvenes les pregunto: ¿Quieren ser influencer al estilo de María. Ella se animó a decir «hágase»?”

Con esta frase Francisco no solo demostró su gran conexión con la juventud, con un tema tan relevante para nuestros tiempos, sino que nos puso el más claro ejemplo de la influencia: María, la humilde María. Y este llamado del Santo Padre revolvió mi corazón y lo llenó de un gran deseo de crear ejércitos de influenciadores que lleven almas a Cristo con valentía, sin juicio y con amor. ¡Quiero decir ‘hágase’ e invitar a otros a hacerlo también! Quiero que otros conozcan a Jesús a través de mi, ¡quiero ser influencer de Dios! Pero no por vanidad, ¡no! Sino porque ‘el poderoso ha hecho obras grandes en mi’ y no puedo meter la lámpara que Jesús encendió en mi corazón debajo del celemín. Tengo que ser luz y sal (Mateo 5, 13-16).

Y tu, ¿quieres ser influencer de Dios? ¿Qué te detiene, qué te lo impide? ¿Cómo puedes poner tus talentos al servicio del evangelio? ¡Cuéntame! Y si quieres descargar todos los mensajes del Papa Francisco en Panamá, visita este enlace: Papa en Panamá

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