Síndrome del católico impostor

Hace algunos días escuchaba una charla en la que hablaban del síndrome del impostor; ese malestar emocional asociado al sentimiento de no merecer la posición que se ocupa a nivel laboral.. Es un sentimiento que sufren muchas personas que trabajan en empresas de mucho renombre, o aquellos que emprenden y siente que ‘no saben bien lo que están haciendo’. Creo que alguna vez en mi vida profesional he sufrido ese malestar, no obstante hay otro lugar en el que a veces el demonio me hace sentir como impostora: la Iglesia.

A pesar de ser ‘católica de cuna’ (o cradle catholic, como se dice en inglés) y haber sido bautizada en mi infancia, nunca fui una católica muy activa. Era, lo que llamamos en mi país, una católica ‘pasada por agua’. Íbamos a la iglesia de vez en cuando, sobretodo cercano a los ritos de los sacramentos iniciales: primera comunión y confirmación. Fuera de eso, no hacía mucha vida de Iglesia. No fue hasta que cumplí ventipocos años que el Señor me llamó a seguirlo en una discoteca (si, a través de un amigo, en una discoteca; luego escribiré acerca de esto). Fue en esa época que inicié una vida de fe más activa, pero ”la semilla cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron.” (Marcos 4, 5s)

Más de una década después, y a través del matrimonio, Dios me insertó en una familia muy devota, con mucha tradición católica y muy comprometida con la Iglesia. En mi soberbia y mi inseguridad, sentía que tenía ser ‘más católica’ para poder integrarme correctamente a esta nueva familia, para ‘ser aceptada’. Eso es lo que el demonio me hizo sentir durante algunos años. Pero en su misericordia y su bondad, el Señor luego me permitió ver que tanto Él como la familia de mi esposo me aceptan tal cual soy: como una pecadora más que necesita del amor de Dios.

Y este repaso de mi historia, y los engaños del maligno, me hacen pensar si María Magdalena también sintió el síndrome de la discípula impostora, o si el hijo pródigo se habrá sentido que tenía que dar la talla una vez regresó a la casa de su padre y empezó a compararse con su hermano.

Tal y como aquellos que sufren del síndrome del impostor, muchos sentimos que no merecemos la posición que ocupamos: ser hijos de Dios y pertenecer a su Iglesia. El demonio nos hace cuestionar si lo estamos haciendo bien, si realmente merecemos esto, o si somos dignos de tan grande regalo.

Hoy me doy cuenta que sentirme católica impostora es pura soberbia; que me miro más a mi de los que miro a Cristo. Mirando a Jesús logro sentir el gozo de su amor y la paz de esa misericordia que me arropa y me sobrecoge. Solo en Él no hay engaño; todo es verdad, todo es gracia, todo es amor.

Le pido hoy al Señor que me permita verlo a Él, donde no hay engaños, para que permaneciendo el Él pueda dar frutos para su mayor gloria.

¿Te has sentido católico impostor alguna vez? ¡Cuéntame!

 

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3 thoughts on “Síndrome del católico impostor

  1. Cada vez que leo tus posts es como leer mi subconsiente hablándome. ¡Sí! Yo me he sentido siempre así, como impostora en mi trabajo e impostora en mi servicio en la iglesia. En mi caso creo que se debe más a mis inseguridades, el pensar que alguien más podría estar haciendo un mejor trabajo que yo… pero tienes razón, debo enfocarme en Dios y confiar en su misericordia.

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  2. Claro que me llegue a sentir así y por muchos años, nunca lo había visto desde la perspectiva de soberbia y si es cierto, gracias por hacer empatía y compartir ❤

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