La prisa de María

Hay un misterio del Santo Rosario que se ha convertido en mi favorito. Desde hace meses, si es lunes o sábado y toca rezar los misterios gozosos, medito con especial devoción el segundo misterio: la visitación. La escena de María visitando a su envejecida prima Isabel para ayudarla en su embarazo me llena de ternura y me sirve de inspiración.

En todos mis embarazos he trabajado con doulas, mujeres que acompañan a la embarazada previo al nacimiento del bebé, pero muy especialmente durante el parto y el post parto. La palabra doula en griego quiere decir sierva o esclava, tal cual se definió María ante el ángel: ”He aquí la esclava del Señor” (Lc 1, 38) Y eso fue lo primero que hizo María tras recibir el Espíritu Santo y gestar en su vientre al Salvador del Mundo: ser la esclava del Señor a través del servicio al otro. ¡Pudiésemos decir que María fue la doula de su prima Isabel!

Pero hay algo que me llama especialmente la atención y que me inspira de esta escena: dice el evangelio que María fue ‘de prisa’ a la montaña a visitar a Isabel (Lc 1, 39). ¡De prisa! El Espiritu Santo en ella instaló una especie de motor ‘turbo’ en su vocación de servicio. Y María no llegó a Isabel a contarle el gran acontecimiento que había vivido. ¡Digo, después de todo no es a diario que se nos aparece un ángel para decirnos que seremos la madre del redentor! No, ella se concentró en ‘el otro’, en este caso su prima entrada en años, que necesitaba su ayuda. Se donó a ella y con su acción también le dijo: ”he aquí la esclava del Señor”, que fue a servirle, a pesar de que ella también estaba embarazada.

En mi primer embarazo yo también tuve una doula que estaba embarazada. Hoy veo esto como un lindo acontecimiento que Dios me permitió vivir para hablarme del gran regalo que nos da a las mujeres, dejándonos gestar vida en nuestros vientres y acompañarnos las unas a las otras en el servicio y el amor. ¡Ese es el ejemplo que nos da la apresurada María! Servir a toda prisa.

Esto me hace recordar un fragmento de los escritos de San Rafael Arnaiz Barón, monje trapense considerado uno de los grandes místicos del siglo XX. Escribió San Rafael:

”Dios tan bueno conmigo, que en el silencio me habla al corazón y me va enseñando poco a poco, quizás con lágrimas siempre con cruz, a desprenderlo de las criaturas, a no buscar la perfección más que en Él; a mostrarme a María y decirme: He aquí la única criatura perfecta. En Ella encontrarás el amor y la caridad que no encuentras en los hombres”.

Por eso le pido a María ser como ella: apresurada en el servicio, humilde ante los regalos del cielo y agradecida en todo momento.  Que así lo permita Dios.

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