¿Qué pensará Dios?

Hace algunos días, mi esposo -mientras íbamos en el auto-, me dijo: ¿sabes qué? Creo que tienes razón, que cuando lleguemos al cielo Dios nos va a decir: ”¿por qué ustedes se complicaban tanto? No entendieron nada, YO LOS AMO, y no necesito que se compliquen por tantas tonterías”. Me eché a reír porque él por lo general me critica cuando le hablo de un ‘Dios relajado’ que solo quiere amarnos y no está pendiente de detalles que a nosotros nos consumen y nos sacan del norte único que es el amor a Dios y al prójimo.

La conversación surgió, en parte, porque hace algunos domingos nos topamos con un señor que estaba vendiendo la lotería y nos ofreció unos billetes para ganar ‘el premio mayor’. Mi esposo le contestó a su oferta: ”mejor es ganar el cielo”, a lo que el vendedor de lotería le contestó: ”el cielo ya lo tenemos gano”. El comentario del señor generó en mi una ENORME sonrisa. ”Este señor lo ha entendido todo”, pensé. Por eso es que Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. ¡Y este señor, pobre de espíritu, lo sabía! ¡El cielo ya lo tenía ganado, aunque vendiera lotería!

Con esto no estoy diciendo que salgamos a comprar lotería, y a poner nuestra esperanza en otras cosas. NO, para nada. Solo estoy diciendo que no compliquemos a un Dios que solo quiere amarnos y que nos perdona TODO. Creámoslo, de veras. Dios nos quiere así, pobres de espíritu, sin complicaciones, ni formalismos. Dios nos ama a pesar de TODO.

No dejemos que la idea de hacer cosas ‘buenas’ para complacer a Dios nos haga olvidar lo que verdaderamente importa: amar a Dios y amar al prójimo. Amar a un Dios que nos ama y nos perdona. Y si no se lo creen, hagan el ejercicio: imagínense llegar al cielo y ver a Dios recibirnos con un abrazo, independientemente lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Así nos ama Dios.

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