¡Ay de mi!

Hace algunos días me reuní con un sacerdote amigo para presentarle el proyecto de Católica Caótica y pedirle su opinión. Quería confirmar que esto que estoy haciendo está bien y, hasta cierto punto, recibir su ‘bendición’. Justo antes de dicho encuentro, estaba reunida con una amiga discutiendo algunos proyectos de trabajo y al terminar le dije que me disponía a reunirme con este sacerdote. Para mi sorpresa, me dijo con cierta nostalgia que admiraba la gente que tenía fe y que le parecía interesante lo que estaba haciendo.

Pues bien, llegó el momento de la reunión y le presenté al sacerdote mi proyecto. Le hablé del origen de su nombre y le conté que el año pasado había escrito poco, en parte porque sentía que era un acto de soberbia esto de estar escribiendo mis reflexiones y que la gente leyese mis experiencias de fe. Le dije que no me sentía digna de semejante tarea, por mi pasado, por mi historia, por mis pecados… Con una ternura firme me dijo: ‘Hija, te has dejado engañar por el demonio’. Y me alentó a seguir escribiendo, diciéndome que es mi deber poner los dones que Dios me regaló al servicio del evangelio. Me dijo además que la Iglesia necesita que nosotros los laicos hagamos esto: que anunciemos el evangelio en aquellos lugares que ellos, por ser sacerdotes, no pueden llegar porque la gente no los recibe. Sentí una paz y un ánimo enorme; quedé más motivada que nunca a continuar esta tontería de mi blog, esta tontería de hablar de mi caos y cómo Dios viene a resolverlo.

Como Dios tiene los detalles más hermosos jamas imaginables, pocos días después -en una misa dominical- me regaló la lectura de 1ra de Corintios 9, en la que San Pablo expresa: “¡ay de mí si no predicara el Evangelio!”  Y hago eco de sus palabras: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe.” Así es que, ¡púdrete demonio…!

Permita Dios que pueda imitar a San Pablo en esto de la necedad de la predicación, y ayudar a la Iglesia a llegar a los muros de Facebook, las historias de Instagram y a los 143 caracteres de Twitter a los que muchos sacerdotes no pueden llegar por falta de followers, likes y RTs. Que Dios me ayude a vivir este catolicismo hipsteriano sin vergüenza, miedo o pena. Que me ayude a vivir un catolicismo fuera del closet todo el tiempo, en todo lugar y con todas las personas que me rodean, porque eso también es predicar el evangelio, y ¡ay de mi si no lo hago!

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4 thoughts on “¡Ay de mi!

  1. Es casi lo mismo que le pasó a Santa Teresita de Jesús cuando le mandaron escribir sus memorias, realmente es muy bueno que lo hagas porque nos enriqueces a todos y es excelente que te preocupes por no ser soberbia, pero como el padre te dijo muy bien, no te dejes atacar por el pecado de escrúpulos (que también le pasó a Santa Teresita); creo que vas por muy buen camino y estos tipos de posts lo comprueban; estás en el camino correcto a la santidad.
    Cuidate chica y sigue enriqueciendonos con estas entradas que están ge-ni-a-les. Saluditos desde México.

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