Más catolicismo hipsteriano

Como escribí recientemente, me he auto denominado  ‘hipster católica‘. Conocí el termino a través de un artículo en Aleteia y desde entonces lo he acuñado en todas mis biografías en redes sociales y  en forma de hashtag cada vez que comparto contenidos católicos. Pero, ¿sabían que los hipsters católicos tenemos un manual? Se llama The Handbook of Catholic Hipsters. ¡Acabo de leerlo y está genial! Totalmente identificada con cada capítulo, con cada santo, con cada oración. Como menciona su autor, Tommy Tighe, el libro es un proyecto hacia la recuperación del ‘Catholic Cool‘, un manual que muestra lo maravilloso que es ser católico.

¿De qué trata?

A través de sus capítulos, el ‘manual’ detalla cómo asumir el estilo de vida hipsteriano, tomando como base la biblia, el Catecismo, la historia de la Iglesia y el ejemplo de los santos. Habla de la vestimenta, de las barbas en la biblia, de la cerveza -y como los monjes salvaron el mundo de enfermedades gracias a ella-, de los lentes, el calendario litúrgico,  la radio, las apps católicas, y de los blogs, entre muchas otras cosas.

Uno de los capítulos con el que me sentí más identificada es el que habla de los nombres que le ponemos a nuestros hijos y cómo éstos nos pueden servir para evangelizar. Mis hijas ciertamente tienen nombres que sirven para evangelizar. La más pequeña, por ejemplo, se llama Loreto. En más de una ocasión me han preguntado por el origen del nombre, oportunidad que se me ofrece para hablar de Nuestra Señora y la casa de la Sagrada Familia de Nazaret, la cual la Virgen hizo volar hasta la ciudad italiana de Loreto.

Pero más que todo esto, el libro hace una invitación a amar la Iglesia, su historia, sus santos y, sobretodo, a estar orgullosos ser católicos, viviendo a plenitud lo que ello representa. Nos llama a amar la historia y las tradiciones y a no vivir un catolicismo ‘light’ o tibio. Nos ofrece historias de santos (algunos un poco desconocidos) y sus respectivas oraciones, así como actividades divertidas que nos ayudan a abrazar la fe.

Totalmente recomendado este libro. Yo me lo leí en un santiamén. Cómprenlo y sigan a Tommy en Twitter, donde nació la idea del libro, o en su página.

Pero, sobretodo, reclamemos lo cool de ser católicos….

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¡Ay de mi!

Hace algunos días me reuní con un sacerdote amigo para presentarle el proyecto de Católica Caótica y pedirle su opinión. Quería confirmar que esto que estoy haciendo está bien y, hasta cierto punto, recibir su ‘bendición’. Justo antes de dicho encuentro, estaba reunida con una amiga discutiendo algunos proyectos de trabajo y al terminar le dije que me disponía a reunirme con este sacerdote. Para mi sorpresa, me dijo con cierta nostalgia que admiraba la gente que tenía fe y que le parecía interesante lo que estaba haciendo.

Pues bien, llegó el momento de la reunión y le presenté al sacerdote mi proyecto. Le hablé del origen de su nombre y le conté que el año pasado había escrito poco, en parte porque sentía que era un acto de soberbia esto de estar escribiendo mis reflexiones y que la gente leyese mis experiencias de fe. Le dije que no me sentía digna de semejante tarea, por mi pasado, por mi historia, por mis pecados… Con una ternura firme me dijo: ‘Hija, te has dejado engañar por el demonio’. Y me alentó a seguir escribiendo, diciéndome que es mi deber poner los dones que Dios me regaló al servicio del evangelio. Me dijo además que la Iglesia necesita que nosotros los laicos hagamos esto: que anunciemos el evangelio en aquellos lugares que ellos, por ser sacerdotes, no pueden llegar porque la gente no los recibe. Sentí una paz y un ánimo enorme; quedé más motivada que nunca a continuar esta tontería de mi blog, esta tontería de hablar de mi caos y cómo Dios viene a resolverlo.

Como Dios tiene los detalles más hermosos jamas imaginables, pocos días después -en una misa dominical- me regaló la lectura de 1ra de Corintios 9, en la que San Pablo expresa: “¡ay de mí si no predicara el Evangelio!”  Y hago eco de sus palabras: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe.” Así es que, ¡púdrete demonio…!

Permita Dios que pueda imitar a San Pablo en esto de la necedad de la predicación, y ayudar a la Iglesia a llegar a los muros de Facebook, las historias de Instagram y a los 143 caracteres de Twitter a los que muchos sacerdotes no pueden llegar por falta de followers, likes y RTs. Que Dios me ayude a vivir este catolicismo hipsteriano sin vergüenza, miedo o pena. Que me ayude a vivir un catolicismo fuera del closet todo el tiempo, en todo lugar y con todas las personas que me rodean, porque eso también es predicar el evangelio, y ¡ay de mi si no lo hago!