La oración del Uber

Mi esposo y yo, desde hace ya mucho tiempo, nos manejamos en un solo auto. No ha sido complicación para nada organizarnos para ir a nuestros respectivos trabajos o hacer las diligencias del hogar. Además, hace más de un año, hemos estado usando Uber para movernos por la ciudad sobretodo cuando tenemos que ir a reuniones por separado.

Una de las cosas que más me gusta de ir en Uber, en lugar de manejar, es el tiempo que me libera para ‘adelantar cosas’. He sabido abrir mi computador durante más de un viaje en Uber y escribir correos, organizar mi agenda, y hasta redactar entradas para este blog. El no tener que estar pendiente de la carretera, el tráfico, el estacionamiento, etc. me da un tiempo que puedo aprovechar para hacer mil y una cosa.

Y me pregunto, ¿por qué no aprovechar ese tiempo también para orar? ¡Claro! Vivo quejándome que no encuentro espacios suficientes para la oración y que las tareas del día de a día ocupan mi tiempo y mis pensamientos. Pues he aquí un espacio, he aquí un oasis: ¡mi viaje en Uber!

Mientras escribo esto pienso qué otros momentos me ofrece el día para llenarlos de oración, para hablar con Dios, para silenciar mi mente y concentrarme en Él. Y se me ocurren pequeños ‘bolsillos de tiempo’ por aquí y por allá: cuando preparo el café, mientras me cepillo los dientes, en la ducha (si es que mis hijas no se asoman para preguntar ‘¿mamá, qué haces?’)…

Ora et labora, expresa la vocación y la vida monástica benedictina de alabanza a Dios junto con el trabajo manual diario.Es algo que aprendí de primera mano cuando viví -hace ya más 15 años- en un monasterio trapense durante un mes, y hacía queso con las hermanas. En el silencio del trabajo manual hablaba con Dios y lo alababa. Además rezaba con ellas la Lectio Divina, empezando con los laudes a las 5am. Esa ‘agenda de oración’ era estupenda, con horas bien definidas para rezar, para trabajar orando, y para compartir en comunidad.

Pero la vida no es como los monasterios trapenses, y así como los monjes y monjas de clausura hacen el esfuerzo de salirse del mundo para dedicarse por completo a la oración, los laicos tenemos que hacer el esfuerzo de entrar en la oración mientras que estamos en el mundo.

Por eso, mientras viaje en Uber, o haga cualquier otra tarea que me lo permita, haré el esfuerzo de hablar con Dios, de estar con Él mientras estoy en el mundo. Trataré de acordarme de la regla de San Benito: ora y labora…..en el mundo, en el tráfico, en el caos de la ciudad. Ahí también me espera Dios.

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