Empezar de nuevo

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Soy una fanática declarada del 31 de diciembre; me encanta la fiesta de despedida de año y las oportunidades que representa. Me fascina pensar en las cosas que puedo mejorar en el siguiente año, los lugares que quiero visitar, las cosas que quiero aprender. Pero este año, y viendo el fin de año desde otra perspectiva, me he dado cuenta que como cristianos católicos tenemos la oportunidad de empezar de nuevo tantas veces como queramos.

La Iglesia nos regala el sacramento de la reconciliación, por ejemplo, una oportunidad de ‘depositar’ nuestras malas actitudes, nuestros fracasos, nuestras frustraciones, y empezar de cero, tras recibir el perdón que nos ofrece permanentemente nuestro Señor. Y aun cuando nuestros pecados no sean de ‘peso pesado’, podemos dejarlos sobre el altar en cada celebración eucarística tras pronunciar el acto de contrición.

También estamos invitados a pedir todo lo que nuestros corazones desean sin tener que esperar por un día ‘especial’, ni hacer ritos supersticiosos, como comer uvas o tirar agua a la calle. Con la oración, la contemplación y el rezo del rosario, entre muchos otros, podemos entrar en sintonía con Dios para ser escuchados y ‘escucharlo’ a Él, tantas veces en el año como necesitemos.

Por eso este año me he propuesto hacer resoluciones espirituales como amar al prójimo, perdonar (y perdonarme), dar muestras de aprecio y gratitud,  y rezar, rezar mucho más, para pedirle a Dios que me ayude a hacer Su voluntad.

Adicionalmente quiero seguir cultivando la felicidad a través del servicio: escribir en este blog con frecuencia, donar mi tiempo y talentos a mi comunidad parroquial y a quienes lo necesiten, ser mejor esposa y madre, y hallar alegría en el servicio a mi familia.

Estas son cosas que se pueden decir a la ligera, pero como cristianos sabemos que son difíciles de lograr por nuestras propias fuerzas, que el enemigo siempre tratará de desviarnos de nuestras metas y que solo agarrados de la mano de Jesús y de María podremos perseverar.

Que el año nuevo nos permita decir ‘cámbiame Señor’ y que nuestros corazones se abran a dicho cambio que se nos da de forma gratuita y tantas veces como queramos, pues el amor de Dios es eterno y para Él no hay medianoche.

Feliz y bendecido año nuevo.

 

 

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Los libretos de Dios

Estos días recordaba la maravillosa oportunidad que tuve -hace ya algunos años- de tomar un curso de redacción de guiones con Guillermo Arriaga, escritor de las películas Amores Perros, Babel y 21 Grams. Fue una experiencia increíblemente enriquecedora que me ayudó a conocer más acerca de su peculiar estilo de contar historias, utilizando la narrativa no lineal: una técnica disruptiva, a través de la cual los personajes aparecen y desaparecen, y los eventos son representados fuera de orden cronológico sin seguir el patrón predeterminado de una estructura temporal.

Recordaba también las novelas de Gabriel García Márquez, en las cuales los personajes van dejando pistas en una obra y en la otra, entrando y saliendo de las historias, hasta que el lector ‘descubre’ su razón de ser.

Y me acordaba de estas cosas porque a veces pienso que Dios ‘escribe’ de esa misma forma el guión de nuestras vidas: con personajes que van y vienen, que recordamos por X o Y razón y que de pronto nos traen mensajes que nos ayudan a entender mejor nuestra propia historia.

Hace quince años visité el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal, acompañada de un grupo de peregrinos de la parroquia a la que asistía en mi país. Dicha peregrinación fue organizada por un uruguayo judío llamado Juan, quien durante todo el viaje nos narró interesantes historias de forma amena y amigable. Él y el sacerdote de mi parroquia eran muy buenos amigos y era lindo ver el respeto mutuo que se tenían.

Pues bien, en 2013 tuve la gran dicha de pasar la Navidad en la ciudad de Belén, como parte de una peregrinación a la cual me invitaron mis suegros, quienes viven por temporadas en Israel. Aquella noche, en medio de la cena de noche buena, vi al final de la mesa sentado junto a un sacerdote amigo a aquel mismo judío con quien viajé a Fátima: Juan, el guía turístico uruguayo. ¡No lo podía creer! ¿Cómo era posible que en un mundo con más de siete billones de habitantes me encontrase con el mismo guía que me llevó a Fátima, en Belén, en Noche Buena, y que sea también cercano a un sacerdote amigo de nuestra familia? Totalmente increíble, ¿no?

Como la narrativa no lineal de Dios trabaja de formas tan extrañas, hace escasamente tres semanas, viendo un vídeo de la vida y obra de la fundadora de un movimiento católico, me topé nuevamente con aquel uruguayo judío, a quien entrevistaban para recoger su opinión acerca de esta señora y su cercanía con el pueblo hebreo. Fue en ese momento que conecté todos los puntos y me pregunté qué quiere decirme Dios con las entradas y salidas de este personaje en mi vida.

No se cuándo vuelva a entrar este personaje en mi historia, o si es que alguna vez me lo vuelvo a topar, pero Dios lo ha ‘incluido’ en ocasiones importantes de mi vida, y debe ser por algo. No pretendo ‘descifrar’ a Dios pero sí le pido que me de discernimiento para entender mi misión, para conocer su mensaje y ver su voluntad en mi vida.

Ya veremos como sigue el cuento, pero se que las historias de Dios siempre llevan al final correcto, superando por mucho a las de cualquier Premio Nobel…. ¡Que siga escribiendo!