¿Miedo al amor?

En días recientes, reunida con algunos amigos, hablábamos de la parusía, o el advenimiento glorioso de Jesús al final de los tiempos. Nos preguntábamos los unos a los otros si le temíamos a la muerte o si sentíamos que estábamos preparados para la llegada del Señor. El tema llenó de miedo y estrés a más de uno en la mesa. ¿Estamos listos para morir, o para que el Señor nos ‘lleve’?

Esta conversación me hizo reflexionar acerca de nuestra percepción de Dios. La Iglesia nos enseña, sobretodo este año, que Dios es todo amor y misericordia: que entiende nuestra humanidad y que está dispuesto a perdonarnos SIEMPRE. ¿Y aun así le tenemos miedo?

¿Cómo se le puede tener miedo al amor, a la misericordia, al perdón infinito que quiere regalarnos el Señor? ¿Será que no nos creemos el cuento? ¿Sera que creemos en Dios pero no le creemos a Dios? ¿Será que no creemos su promesa de infinita misericordia?

Me suena que por ahí va la cosa, ¿no?

Y no nos creemos ese amor desprendido de Dios, esa misericordia infinita, porque nosotros los humanos, que no sabemos amar, siempre buscamos algo a cambio de nuestro amor. Para nosotros, o al menos para mi, amar incondicionalmente es extremadamente difícil. Por eso creer en un Dios no transaccional es complicado.

¿Cuántas veces no le decimos a Dios: ‘si me das esto hago aquello’ o ‘yo que te he dado tanto y Tu me quitas esto o lo otro’? Y me imagino a Dios riéndose a carcajadas, enternecido con nuestro ignorancia sobre su amor. Él no ‘funciona’ así, Él nos da porque le da la gana, nos ama porque ese es su trabajo, nos salva porque no puede contradecir su verdad, y su verdad es el amor.

Amar: ese es el trabajo de Dios, y al amor no se le puede tener miedo. Al amor hay que aceptarlo y agradecerlo con humildad y ternura. Al amor se le responde con más amor; convirtiéndonos en amor para el prójimo y para nosotros mismos.

Y ese ‘temor de Dios’ del que hablan las escrituras es el miedo que debemos tenerle a nuestro propio pecado, a eso que nos separa de Dios y no nos deja amar.A eso sí hay que tenerle miedo.

Pero aun a pesar de nuestro pecado, Dios nos ama y nos perdona. Incomprensible, pero real.  Por eso, veamos con buenos ojos el amor de Dios, agradeciéndolo y retransmitiéndolo por todos lados.

 

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