Bebés en el cielo

Hace casi un año, una amiga con quien trabajé hace mucho tiempo y que estudió en la universidad con mi marido me llamó para hablarme de su embarazo y de los planes que tenia para su parto. Planificaba dar a luz con mi mismo doctor de la forma más natural posible. Estaba feliz con su decisión y me llamaba para que le contestara algunas dudas que le habían surgido en el proceso.

Pues bien, casi un mes después de esa llamada -a los siete meses y medio de gestación-, recibí un mensaje de mi amiga para decirme que Dios se había llevado a su hijito, que aceptaba Su voluntad y que estaba en paz. Me quedé fría.

‘Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios’.  

Con el pasar de los meses, y a raíz de dichos sucesos, mi amiga y yo estrechamos mucho más nuestra relación. Hablábamos de la obra de Dios en nuestras vidas y aprendí mucho de su testimonio de fe y total abandono a la voluntad de Dios. Yo, que también estaba embarazada para la fecha, veía en ella cómo Dios nos usa a las madres para dar testimonio del valor y significado de la vida.

Dios creo a su bebé, Marco Aurelio, para llevar a mi amiga por un camino de fe y confianza que luego sirviese como testimonio de amor para otros. Todos somos creados con una misión y esa fue la misión de vida de Marco Aurelio: ser sendero de luz para su madre, para que a su vez ella fuera sendero de luz para otros.

Como consecuencia de todas estas experiencias, mi amiga escribió un libro que narra las vivencias que Dios le regaló con la vida y muerte de su hijo. Narra cómo halló consuelo, paz y hasta alegría en Jesús y María; como recibía constantes regalos y confirmaciones de parte de Dios de que su hijo estaba cumpliendo su misión, y como su rostro lleno de paz sirvió como un sorprendente testimonio para todos los que llegaban desconsolados a darle el pésame.

Ayer fue presentado el libro Marco Aurelio: historia de una madre y su bebé en el cielo. La sala estaba repleta. Entre los asistentes habían muchos padres que, como mi amiga, tenían bebés en el cielo velando por sus padres, como Marco Aurelio. Son padres que encuentran en este tipo de testimonios la dignidad de sus hijos como criaturas de Dios. Niños que fueron pensados y creados por el Señor con una misión, con un propósito, que fueron creados para dar frutos de amor.

Aunque el mundo no los valore, la Iglesia nos recuerda la dignidad de los bebés no nacidos; nos recuerda su estatus de criaturas de Dios, y nos llama a defender su vida y a orar por ellos.

Que el Señor nos ayude a defender la vida y a ver en cada criatura de Dios la misión para la cual fueron enviados. Que esos angelitos, que nos esperan en el regazo de María, nos ayuden a estar en paz, con la esperanza de que algún día nos reuniremos con ellos para dar Gloria al Señor de los Cielos.

***El libro está a la venta en varias librerías y comercios en Panamá. Igualmente está disponible en versión electrónica en Amazon.com. Todas las ganancias generadas por la venta del libro irán destinadas a obras de caridad.***

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