Tu guardian no duerme

Hace unos días una amiga escribió en Facebook un estatus en el que manifestaba su frustración por una oración no contestada, porque algo que deseaba con todo el corazón no se dio. Muchas personas, incluyéndome, le expresamos nuestra solidaridad y le recordamos que la voluntad de Dios es perfecta, que muy posiblemente Él le tiene preparado algo mejor.

Esto me hizo pensar en las veces que mis oraciones han recibido una respuesta negativa por parte del Señor. Han sido unas cuantas y, obvio, siempre he cuestionado por qué Dios no me concedió lo que le pedía si lo había hecho con fe y siguiendo su Palabra que dice que ‘todo lo que le pidamos en Su nombre se nos dará para que el Padre sea glorificado a través del Hijo ((Juan 14:13)’. Seamos sinceros, ¿quién no cuestiona a Dios de vez en cuando?

Pues bien, hace un mes, aproximadamente, Dios me respondió nuevamente NO a algo que le pedí. Es algo que vengo pidiendo desde hace cuatro años y que nunca me ha concedido. Pero esta vez fue diferente porque no cuestioné Su voluntad, simplemente traté de aceptarla con abnegación y humildad. Me dije el trillado “no me convenía” que solemos decirnos cuando algo no se da. Pero en esta ocasión me fui más allá y traté de analizar por qué no me convenía y cómo estaba obrando Dios a través de Su negación.

En ese proceso hablé con una persona que me ayudó a entender lo siguiente: Dios, contrario a nosotros, conoce nuestro pasado, presente y futuro, ¡nos conoce mucho mejor que nosotros mismos!, y sabe qué nos hace caer. Cuando Dios no permite que algo pase es porque te está protegiendo de tu pecado, te está protegiendo de caer en eso que te hará alejarte de Él y de sus caminos. Porque, como dice el Salmo 120: “no permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel”.

El Señor sabía que, si me concedía lo que le había estado pidiendo desde hace años, yo me vanagloriaría por ‘MI gran logro’; mi ego se hubiese inflado y me hubiese creído la ‘mamá de Tarzán’, ‘la última Coca Cola del desierto’. Y el Señor no quiere eso, porque Él, muy al contrario, nos pide “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”, y ¿quién no quiere descanso para su alma?

La voluntad de Dios es perfecta, nunca lo olvidemos: ni en la alegría ni en la tristeza. Cuando le entregamos nuestras vidas y nuestras acciones, Él hace maravillas.

 

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