Primero Dios

Recientemente leyendo el ‘newsfeed’ de una de mis redes sociales, me topé con un estatus de un viejo amigo en el que anunciaba que ha decidido poner a Dios de prioridad en su vida. Ciertamente me alegré muchísimo por él y me dispuse a dejarle un mensaje de felicitación y ánimo. Leyendo los comentarios que ya otros de sus allegados le habían dejado, me percaté que uno de ellos leía: “primero tú, porque Dios está en ti”. De inmediato cerré los ojos y moví la cabeza de lado a lado en negación, pues siento que esta es la actitud equivocada, la que tiene al mundo sumido en el egoísmo. Así, precisamente, es como peor nos engaña el demonio.

Inmediatamente, y en lugar de dejarle un mensaje de felicitación y ánimo, recurrí a la Palabra y le dejé a mi amigo un ‘copy/paste’ de Deuteronomio 6: 4-5, que dice: “Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”.

Simplemente quería recalcarle que está bien en su decisión de poner a Dios ante todas las cosas. Es el primer mandamiento, es lo que nos pide Dios y lo que nos pidió Jesús cuando dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16, 24).

Pero el mundo no quiere eso. Estamos sumidos en la cultura del YO: cuidarme yo, ponerme de primero, complacerme, consentirme, hacer las reglas a mi manera, y adaptar todo lo que tenga que adaptar a mi conveniencia, incluida la vida de fe. Por eso la gente habla de confesarse directamente con Dios en lugar de recurrir al sacramento de la reconciliación con un sacerdote, o de no ir a misa porque Dios ‘está en todas partes’, y por eso se toman la libertad de rechazar el Santísimo Sacramento del altar, el cuerpo y la sangre de Cristo.

Y no juzgo a nadie; lamentablemente el mundo y el demonio tiene a la humanidad confundida. Por eso, nosotros, a quienes nos ha sido revelada la Verdad por pura y gratuita misericordia de Dios, tenemos que salir al rescate de los hermanos confundidos, de los no creyentes, de aquellos que prefieren la cultura del YO y no ponen a Dios primero.

Es nuestro deber ‘ir y anunciar’ esta Buena Nueva, explicar con amor y caridad cómo vivir poniendo primero a Dios. Es nuestro deber de bautizados, de creyentes. Es misericordia en acción.

¿Cuántos se apuntan a la tarea?

 

 

 

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