Calentar lo tibio

Hay una lectura del Apocalipsis que siempre me ha generado el llamado ‘temor de Dios’, o ese deseo consciente y permanente de agradar a Dios en todo lo que hago y no ofender Su santidad. Es esa que dice “Conozco tu conducta, no eres ni frio ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3, 15-16)

Fuerte, ¿no? Recuerdo la primera vez que escuché la proclamación de esa palabra y la posterior homilía del sacerdote pidiéndonos enérgicamente que evitásemos la tibieza, que nos tomáramos nuestra condición de bautizados en serio y que viviésemos realmente de cara a Cristo. Siempre tengo presente ese recuerdo, esa directriz.

Pasé muchos años en la tibieza, en esa indiferencia de ser católica a mi manera, sin participar de los sacramentos, de justificar mis comportamientos, de ignorar el primer y segundo mandamiento a mi conveniencia. Pero desde hace algún tiempo para acá el Señor ha ido calentando mi termómetro, invitándome a subir mi temperatura espiritual y a participar más activamente de Su Iglesia y de los tesoros sacramentales que han sido reservados en ella para los bautizados.

Y con esa subida en mi temperatura espiritual siento el deseo de calentar lo tibio y advertir a los cuatro vientos que “lo tibio lo vomitará”. Es a lo que estamos llamados todos los que nos sentimos un poco ‘calientes’ con el amor de Dios, ¿no? Es precisamente lo que nos llama a hacer el Resucitado durante la Pascua: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaciónEl que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Marcos 16, 15-16)

Pero en este deseo por calentar lo tibio, tengo que procurar que la prioridad siempre sea darle toda la gloria a Dios, que no se conviertan mis acciones en fuente de soberbia, en justificaciones para inflar mi ego. Tengo que recordar que soy la última, la más pequeña, la más indigna de dar este servicio. Que no puedo imponerme, que no puedo convertirme en una ‘bully’ espiritual y obligar a la gente a creer en Dios ‘a las malas’. Por eso recurro a la oración, porque Dios mantiene el control y me ayuda a que yo mantenga el mío, que siempre tiende al caos.

Y de eso se trata este blog, de ir por el (cyber)mundo a anunciar la buena nueva a través de las redes sociales y el internet. Me sorprende con alegría ver cómo hemos recibido visitas de todas partes del mundo. No sé cómo ha llegado el enlace a personas en lugares tan distantes como Marruecos, Jordania, Alemania, Italia, Australia e incluso Rusia, pero lo doy gracias a Dios por ello, porque con eso me confirma que estoy cumpliendo Su palabra de ‘ir por el mundo’ aunque sea a través del internet.

Ojalá pueda poner mi granito de arena para que logremos el ‘Global Warming’ de la Iglesia Católica. Siento que el Santo Padre, inspirado por el Espíritu Santo, ha contribuido inmensamente a prender esa mecha, pero ahora queda en nosotros, los miembros de la Iglesia, avivar más este fuego para que los tibios, los indiferentes, los que más ofenden a Dios con su apatía, se calienten.

Busquemos nuestras mantas de oración, los calefactores de misericordia, las bufandas de eucaristía y los guantes de reconciliación, y no dejemos que nos abandone este calor de Dios.

 

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