Libertad

En los días previos a la Semana Santa los evangelios que nos presentó la Iglesia narran cómo Jesús se enfrentó a los judios para tratar de explicarles que Él era el hijo de Dios y que hacía la voluntad del Padre quien lo envió y a quien debía retornar. Por tanto, les cuestionaba por cuál de las obras que realizaba querían apedrearlo . Éstos le contestan que por ninguna, pero simplemente veían como blasfemia que se declarara Hijo de Dios (San Juan 10,31-42).

Es que Jesús, contrario a muchos de nosotros, es totalmente congruente: hace lo que dice y dice lo que hace, aunque sabía que eso lo llevaría a la muerte.  Pero Jesús no puede contradecirse…..como nosotros.

Nosotros nos hacemos llamar cristianos, pero ¿son nuestras obras congruentes con nuestro testimonio? Nosotros, que tenemos la libertad de declarar a Jesús como nuestro Salvador, muchas veces lo negamos, cuando evitamos conversaciones que nos identifiquen como cristianos, cuando no decimos con ´nombre y apellido´que practicamos nuestra fe, cuando se nos hace más fácil callar que debatir un punto que es contrario a las enseñanzas de la Iglesia.

Es que Dios, en su infinito amor hacia nosotros nos ha regalado la libertad y quiere que, en libertad, le amemos y demos testimonio de su obra en nosotros. Dios se ha arriesgado a ser rechazado a cambio de vernos libres, de darnos potestad de decir si o no a su amor. Pero a la misma vez llega al extremo del amor por nosotros y clava nuestros pecados con su cuerpo y sangre en la cruz para que en esa misma libertad que nos permite llegar al pecado, podamos ser perdonados. Esto es ciertamente un misterio difícil de entender, pero que hay que agradecer con amor.

No le podemos echar la culpa a Dios por la libertad del hombre, es un regalo que Él le ha hecho a la humanidad aunque la humanidad no la entienda. Por mi lado analizaré esta semana cómo estoy afrontando esa libertad que me ha regalado el Señor, que no me creó para que sea su esclava, ni para obligarme a cumplir su Palabra, sino para que lo ame y le sirva de forma voluntaria, a través de mi entrega al prójimo.

No puedo renunciar a esta libertad que Dios me regala, pero sí puedo tenerla en cuenta y reconocerla como un regalo, pero también como una puerta o una herramienta que, de ser mal usada, me puede llevar lejos de Él.

Que nada nos separe del amor de Dios.

 

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