El día del amor

Aunque muchos piensan que es en febrero, y que coincide con el martirio de San Valentín, el verdadero día del amor nada tiene que ver con cupido, o con flores, chocolates y peluches. El verdadero día del amor y de la amistad es el Viernes Santo.

Le escuché esta reflexión a un sacerdote recientemente y me hizo todo el sentido del mundo. ¿No les parece que el acto más grande de amor hacia la humanidad se dió precisamente ese día, cuando Jesús estiró los brazos en la cruz para perdonar los pecados de la humanidad? Yo así lo creo.

Por eso el símbolo del amor, lejos de ser un corazón rojo o una rosa, debe ser el crucifijo, el madero donde quedaron clavados nuestros pecados y donde se manifestó el amor extremo del Hijo de Dios hacia nosotros. Pero eso es incómodo para el mundo, y el mundo no quiere que nos salgamos de nuestra comodidad, que pensemos en el sufrimiento que representa la cruz como símbolo del amor. El mundo solo quiere que seamos felices, pero para ser verdaderamente felices tenemos que abrazar el sufrimiento y mirarlo con gratitud.

En esa misma homilia -en la que el sacerdote habló del día del amor- también dijo que el que sienta que no tenga cruz que salga corriendo a buscarse una, en el sentido simbólico de la palabra, claro está. O sea, que ignorar los sufrimientos que padecemos, los perdones que no hemos entregado, los reincores, las historias dolorosas y todo lo ‘no resuelto’, lejos de darnos paz y felicidad, es como ponerle una curita a una herida para no verla, pero así no queda sanada. Así no se manifiesta el amor, que es consecuencia del perdón y viceversa.

Y creo que todos tenemos de esas heridas cubiertas con gasas, curitas y torniquetes; esas historias que no queremos tocar ni destapar, esas cruces a las cuales no queremos subirnos…pero es abrazándolas, colgando de ellas y muriendo a nuestra soberbia que ponemos de manifiesto el amor.

Y perdónenme si este ‘post’ está muy denso, pero es que se acerca la fecha más trascendental de nuestra vida cristiana, la fecha que nos recuerda cómo amar, hasta qué extremo, cómo perdonar… La fecha que nos recuerda que la vida es una donación al otro, que Jesús a pesar de ser Rey de Reyes y Dios verdadero se humilló a una muerte de cruz para poner de manifiesto su amor y su misericordia para con nosotros, y eso no puede pasar desapercibido. Ese amor solo se paga con amor, y más amor. Amor a Dios sobretodas las cosas, y amor al prójimo. Un amor que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios.

No es casualidad que el Santo que se celebra el día que el mundo llama día del amor, o sea, San Valentín, entregara su vida en el martirio, que es la máxima manifestación del amor.

Esta semana trataré de entender mejor la cruz porque se que en ella se contempla el amor y es solo a través de la cruz que llegamos a la gloria de la resurrección.

 

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