Dios nos oye: un milagro adopción espiritual

Oración para imprimir (gratis)

Traducción del post “God Hears Us: A Spiritual Adoption Miracle”  posteado en PrayerWineChocolate, de la bloguera Amy Brooks. Favor visitar su blog para el texto original en inglés. 

Mis nervios estaban de punta cuando me estacioné cerca de la clínica de Planificación Familiar. A medida que me acercaba y junto a mi hijo de tres años de edad fuera del coche, me aseguré de que cargaba con algunos rosarios. Me habían dicho que sería bueno tenerlos en mi mano para que el escolta la clínica no pensara que estaba allí para una cita. . . lo que habría sido un poco incómodo, por decir lo menos.

Me sentía como si estuviera caminando hacia un campo de batalla espiritual.

Déjenme empezar por el principio. Esta es una historia real acerca de la oración contestada. Y cuando hablo de la oración, me refiero tanto a la clase formal como al tipo informal. ¡Ambas clases fueron contestadas para mí este año de una manera tan increíble! ¡Siento la necesidad de decirle al mundo entero (o cualquier persona que escuche)!

El año pasado empecé a decir algunas oraciones por las mujeres que consideran realizarse un aborto. Cuando me acostaba a dormir por la noche, le pedía a Dios que le diera a estas mujeres esperanza y una red de apoyo. Le pedí a Dios que las ayudara a a no tener miedo y a desear la vida de sus hijos por nacer.

Entonces, un día estaba caminando por las escaleras con una carga de ropa y un pensamiento se me ocurrió. “Sé que no quiero a estas mujeres tanto como Dios los ama, pero… ¿Cómo pueden mis oraciones ayudarlas? ”

Poco tiempo después me encontré con la oración de la adopción espiritual. La imprimí. Mi marido y yo estuvimos de acuerdo en adoptar una niña, y darle el nombre que hemos anhelado para dar a una hija desde hace años. No es un nombre popular, por lo que dudé en compartirlo. Esta entrada del blog será la primera vez que haremos público nuestro nombre favorito para una niña.

La llamamos Jaina Teresa. El primer día oramos por Jaina fue el 7 de mayo de 2015.

Mientras tanto estábamos anunciando al mundo que aprobaron nuestra evaluación del hogar  y estábamos esperando para adoptar un recién nacido. No tenemos el dinero para adoptar a través de una agencia, pero si alguien conocía a alguien y conectase con una joven a quien le gustaría hacer un plan de adopción, podíamos hacer una adopción privada. Tenemos un excelente abogado de adopción. Le dijimos a todos nuestros conocidos y le pedimos que le dijeran a  todos sus conocidos.

Pero, no tuvimos suerte.

No íbamos a hacer ninguna conexión. Mi mente y corazón se remontaron a las mujeres que se encuentran embarazadas y deciden interrumpir su embarazo. Comienzo a preguntarme si me parase al frente de una clínica de aborto con un letrero que diga, “¿embarazo no planificado? Queremos adoptar” si ello inspiraría una mujer a considerar la adopción y elegir la vida.

Hasta este punto en mi vida, nunca había estado fuera de una clínica de aborto o de Planificación Familiar para orar o protestar. Siempre había sido pro-vida en mi corazón, pero nunca había visto una clínica de aborto.

Comienzo a hacer algunas investigaciones. Quería ver si los grupos pro-vida se paraban frente a la clínica de Planificación de la Familia que se encuentra a diez minutos en coche de mi casa. Desde luego, no iba a ir sola. Descubrí que había un pequeño grupo que oraba los viernes. Fui a la tienda y compré una cartulina. Tomé un marcador y en mi puño y letra escribí  “¿Embarazada? Queremos adoptar”.

Se veía mal.

Pero todavía planificaba ir. Y una mañana de agosto, decidí que ese era el día. Mi hijo estaba dormido (lo que nunca ocurría). Recogí un poco de cereal, lo vestí, y salimos por la puerta. Quería asegurarme de no perderme a la gente que rezaba el rosario. Mi miedo era que una vez que rezaran, se irían y no tendrían oportunidad de pararme allí con mi letrero.

Mi esperanza era más la de salvar una vida que encontrar a nuestro bebé ese día. Mi instinto y mi corazón me decía que las mujeres que acuden a las citas de aborto realmente no quieren estar allí.

Me aseguré de traer rosarios, porque me dijeron que una escolta podría pensar que estoy allí para hacer una cita y empezar a caminar conmigo al edificio. ¡Eso sería incómodo!

Estaba tan nerviosa cuando llegué allí. Agarré mis rosarios, saqué a mi hijo de su asiento y lo senté en el coche y saqué mi letrero de la cajuela. Me sentía como si estuviera caminando en un campo de batalla espiritual.

No mucho tiempo después de mi llegada, una mujer comenzó a hablar a través de un megáfono. Estaba diciendo, “tenemos alguien aquí que adoptará su hijo”…. Dijo otras cosas también, pero yo estaba agarrando la mano de mi hijo y caminaba rápidamente a la distancia. Me sentía tan incómodo y pensé: “¿Un megáfono? ¿De verdad? ¿Quién va a responder a un megáfono? Debe haber una mejor manera.”

María era la mujer del megáfono. Una vez terminó de pedirle a una joven que no entrara la clínica, me volví a hablar con ella. Le pregunté por la táctica megáfono. Otra mujer que había permanecido en silencio todo el tiempo con un par de rosarios intervino.

“A veces, estas chicas están orando por una señal de camino acá. Podríamos ser la señal por la que oraron”.

Mientras hablábamos, ocurrió lo inesperado.

La joven a la que María estaba suplicando a través del megáfono salió de la clínica con su madre. Se dirigieron hacia nosotros. Siguieron caminando hacia nosotros. A continuación, cuatro de nosotros nos estábamos abrazando (María, “Ana”, su madre y yo). Todos empezamos a llorar. Fue un momento increíble.

Después de ese abrazo inicial, la mamá “de Ana”, dijo, “que necesita un lugar para alojarse.” María inmediatamente agarró su teléfono celular y comenzó a hacer llamadas telefónicas. Me presenté. Le pregunté “Ana” de dónde era. Ella me dijo y me respondió: “Eso es muy lejos, ¿por qué viniste aquí?”

Ana respondió: “La clínica cerca de mí casa sólo los hace (abortos) hasta las 13 semanas, 6 días. Tengo 13 semanas, 8 días “- o algo por el estilo. Yo sé que ella dijo que 13 semanas y luego los días fueron más de 7 – por lo que recuerdo calcular en mi cabeza que ella estaba en su semana 14 de embarazo.

Continué hablando con “Ana” y todo el tiempo mi hijo estaba diciendo “mamá, mamá, mamá.” En un momento lo levanté  y seguí hablando con Ana y su madre. Mi hijo, aún diciendo mamá una y otra vez, agarró mi cara con sus manos para que pudiera mirarlo. El dijo: “Yo quiero ir a Baby’s Breath”. Le respondí: “¿Por qué quieres ir a Baby’s Breath? – Porque tienen paletas”. ¡¡¡El dijo que sí!!!”.

Entonces miro a “Ana”. Ella abrió su bolso y sacó dos paletas. Una para mi hijo y una para ella. Fue un momento impresionante, y yo estaba sonriendo de oreja a oreja y dando gracias.

Dos días más tarde estoy en mi cocina barriendo. Creo que, “Ana” estaba de aproximadamente 14 semanas de embarazo, y me pregunté cuanto hacía desde que empezamos a rezar la oración de la adopción espiritual. Entonces conté.

Exactamente 14 semanas y un día antes de conocer a “Ana” fue 7 de mayo – el día en que empezamos a rezar la Oración de la adopción espiritual. Mi boca se abrió, me dieron escalofríos y probablemente dije ¡WOW! más de una vez.

¿No será éste el bebé que adoptamos espiritualmente? ¿Estaba “Ana” embarazada de una niña? ¿Iba a nombrar a su Jaina?

Mi marido, mi hijo y yo continuamos rezando la oración de adopción espiritual cada noche después de rezar durante la cena.

Cinco meses después…

A finales de enero empecé a preguntarme cómo estaba “Ana” y si María todavía estaba en contacto con ella. Llamé a María y le pregunté. Ella me dijo: “Ana” está muy bien. También me dijo “Es una niña, ¿sabías que era una niña?”

¡Que tal aquello! Habíamos estado orando por una niña – pero podría ser una coincidencia, ¿verdad?

Le recordé a María acerca de la oración de adopción espiritual y que estábamos orando por una niña.

Esa noche en la cena le dije a Matt que había hablado con María, que ella me dijo que  “Ana” estaba bien y que estaba embarazada de una niña. Entonces le dije a Matt “Me pregunto si va a nombrar a su Jaina.”

El mensaje de texto que me hizo mirar dos veces

Una semana más tarde, María se puso en contacto con Ana a través de un mensaje de texto. Despues de unos días”Ana” respondió. En el texto, “Ana” dio las gracias a María por estar en el lugar correcto en el momento correcto.

También dijo que “no podía esperar a que su hija J-A-N-A naciera”.

María comprobó el texto de nuevo. ¿Estaba leyendo bien el nombre?

Ella me llamó para decirme.

No puedo explicar cómo me sentí. Pensé, “bueno, sí, ese es su nombre” ¡Wow, wow, wow!

Jana nació sana el 15 de febrero de 2016. María y yo esperamos poder conocerla y cumplir con ella, abrazarla y decirle a “Ana” esta historia.

Estoy muy agradecido y honrado de que el Señor me permitió tener esta experiencia. Estoy segura de que me dio esta experiencia sabiendo que se lo contaría a todo el  que lo escuche, y que voy a defender la adopción espiritual de los bebés nonatos. que esta oración funciona. Que esta oración salva vidas. Esta oración da una esperanza a las madres.

¿Te unes a mí para orar por un bebé nonato? El gran talento Meg Florkowski creó esta imprimible. Los animo a imprimirlo, colocar el nombre del bebé y colgarlo en la nevera. Me encantaría si comentas más abajo, si elegiste adoptar un niño o una niña? ¿Qué nombre elegiste?

 

#OrarMas

En enero publiqué un post acerca de la oración, como un servicio que podemos dar los católicos al prójimo y un acto de misericordia a realizar especialmente durante este año. Desde ese entonces he tratado de intensificar mis momentos de oración y buscar maneras de encontrar un ‘sistema’ para hacerlo. Aunque no lo crean, un recurso que me ha ayudado en esta misión ha sido el internet y las redes sociales.

Recientemente descubrí, gracias a una bloguera católica a quien vengo siguiendo hace algunos meses, la página Pray More Novenas, en la cual se realizan novenas virtuales y las oraciones son enviadas por email cada día del novenario. Esta misma bloguera y su esposo también realizaron un retiro virtual de cuaresma, el Pray More Retreat, en el cual compartían con aquellas personas que se registraban vídeos y ejercicios espirituales enfocados en la oración dirigidos tanto por sacerdotes como por laicos. Pude participar de este retiro virtual y les confieso que fue estupendo.

Otro recurso que me ha ayudado son las devociones diarias que recibo a través de los correos de Blessed is She, una página/ministerio/comunidad de mujeres católicas que reúne devociones escritas por decenas de blogueras de todo Estados Unidos. Cada día recibo por email las lecturas del día con una breve reflexión, escrita por una mujer como yo, con las mismas inquietudes y situaciones que pasamos muchas mujeres y madres católicas. Es ciertamente un gran bálsamo para el alma.

Todos estos servicios se han convertido para mi en fuentes de inspiración y deseo hacer proyectos similares en español. El ver cómo las redes sociales y las comunidades virtuales nos pueden ayudar a la oración y al encuentro con la Palabra es, sin lugar a dudas, algo que me motiva y me llama al servicio, pues como comunicadora de profesión, siento ese cosquilleo constante de contar historias, de compartir información, de no quedarme con los  tesoros que aprendo, ¿y qué mayor tesoro que el evangelio?

Uno de los proyectos que ya inicié es el grupo de Facebook #OrarMas/Novenas Virtuales, en el cual postearé novenas periódicamente. Además quiero iniciar otros proyectos en redes sociales como comunidades o grupos de oración virtual, rosarios virtuales, y quien sabe si hasta retiros por internet en español. Todo lo dejo en manos del Espíritu Santo, que me dirá qué hacer y cómo continuar este ministerio, si es Su voluntad.

Estamos en Pascua, periodo del año en que se nos pide anunciar el evangelio o la buena nueva con mayor intensidad: en las plazas, en las calles y, también, por qué no, las redes sociales y los medios de comunicación.

Me inspiro en las palabras de la recientemente fallecida Madre Angélica, fundadora de la cadena de televisión católica Eternal Word Television Network (EWTN), quien se inspiró en la realidad de un pequeño estudio de televisión de una emisora protestante y dijo “no se necesita tanto para llegar a las masas”. Y hoy en día, ¡menos!

¿Cuántos se apuntan conmigo en esta caótica misión? ¡Ánimo!

 

 

 

 

Ser amor

¿Se han puesto a pensar cuán diferente es el cristianismo de las principales religiones del mundo? Desde el judaísmo -religión de la cual se desprende la fe cristiana-, hasta el islam y el hinduismo, son religiones que tienen fuertes mandamientos o reglas, con restricciones alimentarias, de vestimenta y hasta de aseo.

A nosotros, simplemente se nos pide amar, según lo expresó el mismo Jesucristo la noche en que instituyó la eucaristía y anunció su pasión, cuando le dijo a los apóstoles: ”Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Juan 13:34). Eso es todo. Toda nuestra fe, nuestros mandamientos, y hasta el catecismo de la Iglesia, desprende de ese mensaje, de ese mandamiento: Amar. Fácil, ¿no? No hay que dejar de comer nada, no hay que ‘purificarse’ con baños especiales, no hay que circuncidarse, no hay que cubrirse la cabeza, no hay que dibujarse puntos en la frente…. No hay que hacer nada, solo amar.

¡Lo más difícil!

No sé a ustedes, pero a mi amar me cuesta. Es mucho más fácil ignorar al otro, juzgarlo, criticarlo, señalarlo….pero ¿amarlo? Ufff. Eso sí es difícil.

Por eso le pregunto directamente a Jesús: ¿cómo se ama? ¿Cómo logro amar al otro? ¿Cómo demuestro ese amor? Y Jesús me lleva a la cruz y me dice en palabras de  Juan: ”En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Juan 3, 16).

¿Eso es el amor? ¿Dar la vida por los hermanos? Wow. Prácticamente imposible entonces.

Pero si Cristo Jesús, quien dio la vida por nosotros, es amor, para amar debemos llenarnos de Él. Por eso se quedó en la eucaristía, que es literalmente comer amor -porque nos comemos el cuerpo de Cristo, que es amor-; en el sacramento de la reconciliación, en el que Jesús nos recalca su amor a través del perdón y la misericordia; en la Palabra de Dios y en sus enseñanzas, que son las guías del amor, y guardar Su palabra es llegar a la plenitud del amor de Dios, ”y en esto conocemos que estamos en él”, como dice Juan en su primera carta.

Pero para llenarse del amor de Dios hay que esforzarse, luchar contra el mundo por mantener esa cercanía con Él, con su Iglesia, con su Santa Madre, donde habitó el Amor por primera vez en la tierra.

Y aun así cuesta, cuesta mucho y debemos reconocer que por nuestras propias fuerzas no lo conseguimos. Solo a través de la gracia y el Espíritu podemos recibir el don de amar, de convertirnos en amor, de que Dios actúe en nosotros para que logremos imitarlo en su donación, en su servicio y en su misericordia.

Le pido a Dios siempre sentir la ‘necesidad’ de convertirme en amor para que Él habite en mí y pueda dar la vida por los hermanos, en el servicio y en la caridad. Que me ayude a guardar Su Palabra y a nunca alejarme de los sacramentos, que son alimento y fuente de amor.

Y mientras, no se me exige hacer mucho más, solo amar…

 

Libertad

En los días previos a la Semana Santa los evangelios que nos presentó la Iglesia narran cómo Jesús se enfrentó a los judios para tratar de explicarles que Él era el hijo de Dios y que hacía la voluntad del Padre quien lo envió y a quien debía retornar. Por tanto, les cuestionaba por cuál de las obras que realizaba querían apedrearlo . Éstos le contestan que por ninguna, pero simplemente veían como blasfemia que se declarara Hijo de Dios (San Juan 10,31-42).

Es que Jesús, contrario a muchos de nosotros, es totalmente congruente: hace lo que dice y dice lo que hace, aunque sabía que eso lo llevaría a la muerte.  Pero Jesús no puede contradecirse…..como nosotros.

Nosotros nos hacemos llamar cristianos, pero ¿son nuestras obras congruentes con nuestro testimonio? Nosotros, que tenemos la libertad de declarar a Jesús como nuestro Salvador, muchas veces lo negamos, cuando evitamos conversaciones que nos identifiquen como cristianos, cuando no decimos con ´nombre y apellido´que practicamos nuestra fe, cuando se nos hace más fácil callar que debatir un punto que es contrario a las enseñanzas de la Iglesia.

Es que Dios, en su infinito amor hacia nosotros nos ha regalado la libertad y quiere que, en libertad, le amemos y demos testimonio de su obra en nosotros. Dios se ha arriesgado a ser rechazado a cambio de vernos libres, de darnos potestad de decir si o no a su amor. Pero a la misma vez llega al extremo del amor por nosotros y clava nuestros pecados con su cuerpo y sangre en la cruz para que en esa misma libertad que nos permite llegar al pecado, podamos ser perdonados. Esto es ciertamente un misterio difícil de entender, pero que hay que agradecer con amor.

No le podemos echar la culpa a Dios por la libertad del hombre, es un regalo que Él le ha hecho a la humanidad aunque la humanidad no la entienda. Por mi lado analizaré esta semana cómo estoy afrontando esa libertad que me ha regalado el Señor, que no me creó para que sea su esclava, ni para obligarme a cumplir su Palabra, sino para que lo ame y le sirva de forma voluntaria, a través de mi entrega al prójimo.

No puedo renunciar a esta libertad que Dios me regala, pero sí puedo tenerla en cuenta y reconocerla como un regalo, pero también como una puerta o una herramienta que, de ser mal usada, me puede llevar lejos de Él.

Que nada nos separe del amor de Dios.

 

El día del amor

Aunque muchos piensan que es en febrero, y que coincide con el martirio de San Valentín, el verdadero día del amor nada tiene que ver con cupido, o con flores, chocolates y peluches. El verdadero día del amor y de la amistad es el Viernes Santo.

Le escuché esta reflexión a un sacerdote recientemente y me hizo todo el sentido del mundo. ¿No les parece que el acto más grande de amor hacia la humanidad se dió precisamente ese día, cuando Jesús estiró los brazos en la cruz para perdonar los pecados de la humanidad? Yo así lo creo.

Por eso el símbolo del amor, lejos de ser un corazón rojo o una rosa, debe ser el crucifijo, el madero donde quedaron clavados nuestros pecados y donde se manifestó el amor extremo del Hijo de Dios hacia nosotros. Pero eso es incómodo para el mundo, y el mundo no quiere que nos salgamos de nuestra comodidad, que pensemos en el sufrimiento que representa la cruz como símbolo del amor. El mundo solo quiere que seamos felices, pero para ser verdaderamente felices tenemos que abrazar el sufrimiento y mirarlo con gratitud.

En esa misma homilia -en la que el sacerdote habló del día del amor- también dijo que el que sienta que no tenga cruz que salga corriendo a buscarse una, en el sentido simbólico de la palabra, claro está. O sea, que ignorar los sufrimientos que padecemos, los perdones que no hemos entregado, los reincores, las historias dolorosas y todo lo ‘no resuelto’, lejos de darnos paz y felicidad, es como ponerle una curita a una herida para no verla, pero así no queda sanada. Así no se manifiesta el amor, que es consecuencia del perdón y viceversa.

Y creo que todos tenemos de esas heridas cubiertas con gasas, curitas y torniquetes; esas historias que no queremos tocar ni destapar, esas cruces a las cuales no queremos subirnos…pero es abrazándolas, colgando de ellas y muriendo a nuestra soberbia que ponemos de manifiesto el amor.

Y perdónenme si este ‘post’ está muy denso, pero es que se acerca la fecha más trascendental de nuestra vida cristiana, la fecha que nos recuerda cómo amar, hasta qué extremo, cómo perdonar… La fecha que nos recuerda que la vida es una donación al otro, que Jesús a pesar de ser Rey de Reyes y Dios verdadero se humilló a una muerte de cruz para poner de manifiesto su amor y su misericordia para con nosotros, y eso no puede pasar desapercibido. Ese amor solo se paga con amor, y más amor. Amor a Dios sobretodas las cosas, y amor al prójimo. Un amor que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios.

No es casualidad que el Santo que se celebra el día que el mundo llama día del amor, o sea, San Valentín, entregara su vida en el martirio, que es la máxima manifestación del amor.

Esta semana trataré de entender mejor la cruz porque se que en ella se contempla el amor y es solo a través de la cruz que llegamos a la gloria de la resurrección.

 

Regalos del cielo

Quiero compartir este testimonio como acción de gracias: ¡Dios nos se cansa de sorprendernos ni de amarnos, de eso no tengo duda!

Como escribí hace algunos días, recientemente recibí una noticia que me hizo ‘sentarme en la barca con Pedro’ a dudar del Jesús que camina sobre las aguas. En ese momento le pedí a Dios un plan de oración para redoblar mi confianza en Él, y ciertamente no me ha fallado.

Sucede que desde la semana pasada no solo me ha permitido participar diariamente de la eucaristía, presididas por curas diferentes cada día, lo que ha añadido mucha riqueza gracias a los estilos de prédica de cada uno de estos siervos de Dios. Sino también me ha regalado experiencias de oración maravillosas, como coronillas a la Divina Misericordia, rezos del Via Crucis, adoración eucarística y, tan recientemente como hoy, un cenáculo a la Divina Misericordia. En cada una de estas experiencias se me ha regalado alguna palabra que me confirma que no he de temer, que el Señor está conmigo y que Su misericordia es infinita. A esto se suman lecturas escogidas al azar que han dado perfectamente en el clavo.

También recibí buenas noticias de la posición en la que se encuentra mi bebé, lista para el alumbramiento, que ha de suceder en pocas semanas, si así Dios lo permite. Y además, hoy me invitaron a participar de un directorio de blogs escritos por madres católicas, en el cual Católica Caótica será reseñado en la categoría de blogs en español.

¡Que muchos regalos me llegan de cielo!

Y por eso los comparto con ustedes, mis queridos caóticos, porque así como oramos, así como pedimos a Dios que nos ayude, que nos consuele, que esté a nuestro lado, así mismo debemos agradecer las oraciones contestadas, debemos recibir estos regalos del cielo con el máximo agradecimiento y dar testimonio de cómo el Señor obra en nuestras vidas.

Con esto quiero confirmarles que al que pide se le dará, el que busque encontrará y al que llame se le abrirá.

¿Qué oración te ha contestado el Señor recientemente? Comparte tu testimonio y  juntos demos fe del amor de Dios, que no se cansa de complacernos.

Las tres frases

Como les comenté hace poco, estoy haciendo un retiro online acerca de la oración. Una de las charlas se titula ‘Cómo escuchar la voz de Dios‘. En ella, el sacerdote que ofrece la charla, menciona que hay tres categorías básicas desde las cuales podemos escuchar la voz divina: en la mente, en el espíritu y en el cuerpo.

En la categoría de la mente, menciona que podemos escuchar la voz de Dios a través de deseos santos o santas inspiraciones; deseos de servir o de hacer algo. También en esta categoría entran imágenes, palabras, oraciones e ideas que nos pueden surgir al escuchar la Palabra.

Dentro de la categoría del espíritu menciona sentimientos de alegría, paz, renovación, calma y sosiego. Y en la categoría del cuerpo menciona sensaciones de electricidad o energía, escalofríos o piel de gallina y de calor.

Me atrevo a decir que muchos hemos experimentado una o más de estas sensaciones en nuestro camino de fe, o al escuchar alguna Palabra o predicación. ¿Están de acuerdo?

Tan recientemente como ayer, durante la eucaristía del quinto domingo de cuaresma, tres frases llamaron mi atención y me sirvieron como hilo conductor del mensaje que Dios me quería comunicar. La primera frase saltó de la lectura de Isaías: “No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas”. La segunda vino de la Carta de San Pablo a los Filipenses: “me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús”. Y la tercera surge del Evangelio según San Juan: “no peques más”.

Estas tres frases se conectan perfectamente para comunicarme un mensaje de misericordia, esperanza y paz. En la dureza del desierto que puede ser la cuaresma estas tres frases vienen a recordarme que vivir para creer en Dios, para amarle sobre todas las cosas y para servir al prójimo  vale la pena. Que cumpliendo sus mandatos llegaré al premio celestial, que no he de mirar hacia atrás ni debo acordarme del pecado que cometí porque quedó perdonado y que, simplemente, ya no peque más. Tres instrucciones, tres guías, tres recordatorios de cómo seguir este camino hacia la resurrección que se aproxima tras la cruz.

Y debo confesar que estas frases llegan en un gran momento, pues durante la cuaresma los ataques del maligno son más frecuentes y quieren llevarme a recordar pecados antiquísimos que me hacen caer en la tristeza, en la duda, en cuestionarme si de veras soy digna de llamarme cristiana. Pero Dios, a través de Isaías, Pablo y Juan me ofrecen el consuelo divino.

No miremos hacia atrás, corramos hacia la meta y no pequemos más.

 

Oración por los sacerdotes

Desde hace un par de días vengo pensando en los sacerdotes, en el maravilloso servicio que dan, en lo frágiles que son y en lo mucho que tenemos que orar por ellos, para que el Señor los siga utilizando como instrumentos de amor.

Hace algunas semanas estoy haciendo un retiro online en el cual participa un sacerdote de la diócesis de Peoria en Illinois. Sus homilías y charlas han sido maravillosas y realmente me han tocado el corazón. Que mundo tan maravilloso vivimos, en el que un siervo de Dios que está a cientos de millas de distancia y a quien no conozco en lo absoluto, puede llegar a darme una palabra que cambia mi vida. Esto me hizo pensar en todas las ocasiones en que un sacerdote ha calado mi corazón con palabras de amor y de fe, ya sea a través de una homilía o al escuchar mi confesión, ya sea en mi parroquia o muy lejos de ella, en algún lugar del mundo.

¡Cuán agradecidos tenemos que estar por los buenos sacerdotes!

Hoy, cuando llegué a misa, estaban haciendo el via crucis, precisamente por la santidad de los sacerdotes. Nos pidieron a todos los que estábamos participando que mencionáramos en voz alta el nombre de algún sacerdote por el que quisiéramos orar. ¡Tantos nombres y tantos rostros vinieron a mi mente! Han sido tantos los sacerdotes que me han regalado palabras de vida, que han impuesto sus manos sobre mi cabeza para darme la bendición de Dios, tantos los que han escuchado mis pecados y me han dado la absolución con infinita ternura y misericordia.

Y todo esto me hizo acordar de una linda oración que hacíamos al final de cada eucaristía en la parroquia que frecuentaba en mi país. Todos levantábamos las manos hacia el sacerdote que recién había consagrado el pan y el vino para nosotros y pedíamos por él con la siguiente oración:

“Consérvalos te pido Señor, protégelos porque ellos son débiles, tus sacerdotes cuyas vidas se consumen ante tu altar sagrado. Consérvalos, confórtalos, en las horas de soledad y dolor. Cuando toda su vida de sacrificio por el prójimo parece inútil. Consérvalos y recuerda, oh, Señor, que ellos no tienen a nadie más que a ti y, sin embargo, tienen un corazón humano, con sus humanas debilidades. Consérvalos como la inmaculada hostia que diariamente entre sus manos sostienen; sus pensamientos, palabras y sus trabajos dígnate Señor bendecir. Amén”

Oremos por la santidad de los sacerdotes, cada día de ser posible, porque son hombres de carne y hueso como todos nosotros, y a veces lo olvidamos. Tienen las mismas tentaciones, las mismas debilidades, los mismos miedos que todos nosotros. Más sin embargo tienen la dura tarea de alimentarnos en la fe, que es el alimento más importante que debemos recibir. Oremos por ellos, porque tienen el trabajo más difícil de todos, y el enemigo más implacable.

Hagamos el proyecto social de orar por los sacerdotes uniéndonos a través del hashtag #OremosPorLosSacerdotes. Sube a las redes sociales el nombre de un sacerdote por quien quieras orar junto con el mencionado # y así todos nos unimos en oración por él.

¿Les parece?

 

Hacer el bien

ayudar_a_los_demas-1024x572He escuchado a muchas personas decir cuán difícil se les ha hecho la cuaresma este año. Algunos se quejan de lo poco que han podido dedicarse a la oración, otros hablan de las ‘malas noticias’ que han recibido y muchos otros dicen que no han podido hacer sus penitencias y limosnas según se lo habían propuesto.

En algún lugar leí una frase que decía “preocúpate cuando el diablo no te moleste más y tu vida devocional sea pobre”. Y es que cuando queremos convertirnos, estar de cara a Cristo y  vivir con intensidad fechas de gracia como lo es la cuaresma, o inclusive este año Santo de la Misericordia, es cuando el diablo más ataca nuestros planes. Pero no podemos dejarnos. Tenemos que intensificar nuestra devoción y vida de fe para que el enemigo sepa que vamos de la mano de Jesús y de María, y por ende no puede con nosotros.

Esta semana la liturgia nos ha recordado la misericordia de Dios con evangelios como el del hijo pródigo, o el enfermo de la piscina de Bethesdá a quien Jesús cura en sábado a pesar de ser un día de descanso. En una de las homilías que escuché esta semana, el sacerdote nos decía que esta misericordia de Dios se paga con bondad, con buenas obras, con el amor al prójimo y con el anuncio del evangelio. No por casualidad, cuando salí de escuchar esta palabra y esa hermosa reflexión del presbítero, me topé en Facebook con un vídeo de un sacerdote de mi país, con una homilía en torno a la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro. La misma, relata la historia de dos hombres y el destino de cada uno de ellos: el pobre Lázaro, lleno de llagas y sin socorro, es llevado luego de su muerte al seno de Abraham, en tanto que el rico, que viste de púrpura y lino fino y banquetea cada día, sufre tormentos en el hades (o inframundo griego) luego de ser sepultado.

El sacerdote preguntaba en su homilía por qué el rico epulón fue condenado si “no hizo nada malo”, y contestó diciendo: “porque precisamente tampoco hizo nada bueno”. Y es que no estamos aquí para ‘no hacer nada malo’, si no para hacer el bien, para que nuestras obras de caridad y amor nos alcancen el cielo. No hacer nada malo y pretender que eso es suficiente roza en la soberbia.

El diablo nos engaña precisamente con la soberbia de creernos buenos, de creer que estamos salvos y que estamos haciendo lo ‘necesario’ para ganar el cielo. Por eso es que a muchos se nos hace difícil vivir una cuaresma rica y llena de oración, sacrificio y penitencia, porque el diablo nos dice que ‘no estamos haciendo nada malo’, por ende, somos buenos. Pero sin obras no demostramos nuestra bondad y nuestro amor.

Para ser bueno hay que hacer el bien, y para hacer el bien nos debemos dejar guiar por las bienaventuranzas: ser pobres de espíritu, mansos, misericordiosos, limpios de corazón, ser perseguidos, procurar la paz  y no temerle al sufrimiento. Hay que poner la otra mejilla, y ‘darle la túnica al que me quite la capa’.

Eso nos pide Dios. Eso es “hacer el bien”. ¿Estamos dispuestos a recorrer este último tramo de conversión hasta la Pascua haciendo el bien? Ojalá que si. Que así nos ayude Dios.

 

 

 

 

No tengan miedo

barcaComo he mencionado varias veces en este blog, hace poco más de un año aprendí, gracias a un sacerdote amigo de la familia, que en la Biblia se nos llama a ‘no tener miedo’ en 366 ocasiones. Dice el Padre que Dios nos envía dicho mensaje al menos una vez cada día del año, incluyendo los bisiestos, como este año.

Logro recordar muchos pasajes bíblicos en donde se nos hace este llamado, pero el que recuerdo con mayor precisión y cariño es el del evangelio de las aguas (Mateo 14:22-33). En dicho evangelio los discípulos se asustan al ver lo que creían ser un fantasma acercándose a ellos, pero en realidad era Jesús caminando sobre las aguas. Entonces Nuestro Señor les dice “¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!”. Luego de que Pedro dudara y le pidiera que calmara la tempestad para saber que de verdad era Él, Jesús le dice: “¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?”.

¿Cuántas veces no hacemos nosotros lo mismo? ¿Cuántas veces hemos dudado, hemos pedido señales y hemos sentido miedo? Esto a pesar de estar ‘cerca’ de Jesús, de su amor, de sus obras, de haber visto los milagros que hace en nuestras vidas.

Muchas, ¿verdad?

Y escribo esto porque recientemente me senté en la barca con Pedro a experimentar la tempestad, a sentir el viento en contra que azota mi barca, y sentí miedo, e igual que Pedro, dudé.

Pero Jesús se me acercó también a mi a decirme con dulzura “¿por qué dudas?, Soy yo, ¡no tengas miedo!”. Me lo dice en Su Palabra, en las 366 veces en que este recordatorio de su amor queda grabado en las escrituras, en mi historia, en las veces que lo he visto darme lo que necesito -lo que es mejor para mi-, no precisamente lo que quiero.

Jesús me recuerda también lo que dijo en el Sermón del Monte, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:7s)

Con estas palabras Jesús me llama a la oración, a la esperanza, a pedir con fe sabiendo que Su voluntad es perfecta y por ende ‘lo que se me de, lo que reciba, lo que halle, o donde se me abran las puertas’ será lo mejor para mi, si confío en Él y estoy dispuesta a recibir Su voluntad como tal.

Por eso estoy haciendo un plan de oración, un plan de encuentro profundo con el Señor, para que mi confianza en Él sea mayor, más plena, para que logre descansar más en Él. Un plan para entrar en sintonía con Su amor y Su voluntad, un plan para que Él se glorifique a través de mi y pueda ser testimonio vivo de estos dos evangelios, de estas dos Palabras: “no tengas miedo” y “pide y se te dará”.

Y el primer paso en este plan de ataque es silenciar al demonio, que es el que instala en mi estos miedos que me hacen dudar. Puede sonar gracioso e inverosímil hablar del demonio en pleno Siglo XXI, pero es real y existe y no quiere nuestra santidad. Por eso hay que atacarlo con los sacramentos y con oración. Hay que atacarlo de la mano de María que pisa su cabeza y lo inmoviliza. Y con la intercesión de nuestros amigos del cielo, los Santos, que ya le ganaron la batalla.

Que Dios me ayude en mi encomienda y podamos, juntos, darle la Gloria al Padre, siendo testimonio de Su amor y Su misericordia. Que así sea.