Aprendiendo a ‘soltar’

redes

Desde hace dos semanas he estado esperando una importante respuesta a un proyecto en el que estoy trabajando. He orado mucho para que el Señor responda. Él conoce lo que deseo, pero le he pedido que se haga Su voluntad.

Y sigo esperando… No ha habido ni un no ni un si. Solo silencio, en la tierra y desde el cielo.

Providencialmente en esta espera la Iglesia me regaló el Evangelio del domingo pasado, previo a la Cuaresma, en el que Jesús invita a Simón a llevar su barca mar adentro y lanzar las redes. El mensaje de dicho evangelio (Lucas 5: 1-11) me llegó con toda la claridad que necesitaba, pues siento que el Señor me dice ‘suelta las redes en mi nombre, que yo me encargaré de la pesca’.

¡Cuán difícil me resulta ‘soltar’ mi voluntad, mis inquietudes, mis preocupaciones para dejarlo todo en manos de Dios! Me cuesta mucho, muchísimo….aunque es lo que siempre le recomiendo a la gente que haga, aunque sé que es lo que debo hacer, aunque es a lo que me llama Jesús cuando dice “vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”…

Pero cuesta, cuesta no levantar el teléfono y darle seguimiento a los temas, cuesta no echarse a llorar cuando algo no sale como uno quisiera, cuesta aceptar cuando los planes de Dios son distintos a los nuestros…cuesta decir gracias a pesar de todo y conformarse con saber que Dios lleva la historia y que todo lo que permite en nuestras vidas es para nuestro bien, si tenemos fe.

Y hay que hacerse violencia, sacrificar nuestra voluntad, dejarla morir en la cruz y ‘soltar las redes’ para que Jesús se encargue de la pesca. Hay que hacerlo, y hacerlo con fe.

Por eso durante esta Cuaresma oraré para que el Señor me ayude a soltar, a decirle “encárgate Tu”, y a esperar con fe y con alegría. Sé que la cercanía a los sacramentos será lo que me de esa fortaleza y esa tranquilidad, para ‘soltar’ mis asuntos y dejarlos en manos de Dios, sin quejarme, sin necesidad de orar con desesperación si no con alegría y fe, para vivir sin el pesado yugo de mi voluntad y mis deseos, mis planes, mis proyecciones. Soltar me dejará vivir el hoy, que es un presente. Soltar me permitirá no vivir en la ansiedad del mañana y confiar en la providencia divina que nunca falla. Soltar liberará mis manos y me permitirá usarlas para servir, en lugar de aguantar en ellas mis planes.

Le pediré al Señor que me permita abrir mis manos y echarme para atrás, regocijándome en la dulce espera de la providencia de Dios, que nunca falla y siempre viene cargada de misericordia. Sujetaré solo el rosario y con cada cuenta le pediré a la Virgen que me ayude a descansar y a decir “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

Que así me ayude Dios.

 

 

 

 

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