El servicio de la oración

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Hace ya algunas semanas vengo meditando acerca del servicio: cómo podemos ver todo lo que hacemos como un servicio a los demás. Desde la maternidad hasta el trabajo del día a día, el abrirle una puerta a alguien o sonreirle, todo es un servicio si nos lo proponemos y los hacemos con amor. Hoy se me ocurrió además que podemos dar el servicio de la oración, el arma más fuerte del cristiano.

Quizás esta revelación me llega de forma tardía; me imagino que mucha gente ya dedica ratos de oración como un servicio a sus familias o sus comunidades (como los religiosos contemplativos que tanto admiro), pero a mi me golpeó hoy la idea. Es que esta mañana, leyendo algo relacionado al año de la Misericordia, pensaba con tristeza y frustración el poco o ningún tiempo que le he dedicado a mis resoluciones de hacer obras piadosas, como dar de comer a los hambrientos o visitar a los enfermos. El tiempo no me ha rendido; el trabajo, la familia, los compromisos, etc. han consumido mi tiempo y mis energías.

Entonces, ¿qué puedo hacer? Orar, rezar con fuerzas por estas intenciones, orar para que el Señor me diga de qué otra forma puedo hacer estas obras, orar por los enfermos, por los que tienen hambre, por los que no conocen a Dios. Orar. Orar en todo momento.

Pero este servicio no se puede dejar a la casualidad, hay que organizarse para ofrecerlo, hay que hacer sacrificios y hay que ser constante, porque cuando se va a dar un servicio se da bien o no se da. Hay que aprovechar cada momento que se pueda dedicar a la oración: mientras friego o cocino, mientras me maquillo en la mañana, en el tráfico, mientras le acaricio la cabeza a mi hija para que se duerma….toda ocasión es buena.

Además la Iglesia nos da muchas herramientas para dar este servicio. Podemos rezar la liturgia de las horas, el rosario, la coronilla de la divina misericordia, hacer novenas, orar a los santos por su intercesión, etc. O simplemente hablar con Dios, hablarle desde el corazón, con sinceridad, como a un amigo.

Trataré de dar un buen servicio de oración, pidiendo menos por mi y más por los demás, y dejaré que Dios me ayude a encontrar el tiempo para dar otros servicios, para ser las manos de la Iglesia dando de comer a los hambrientos, albergue a los forasteros o de beber a los sedientos.

Que así me ayude Dios.

 

 

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