Sacar tiempo

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En días recientes estuve leyendo acerca de Abraham, el padre de la fe tanto para nosotros los cristianos como para los hermanos judíos y musulmanes. Abraham, a lo largo de su vida, demostró una fe inquebrantable, siempre en obediencia, y creyendo en las promesas de Dios aunque éstas no se cumplieran de inmediato (como muchas veces queremos).

Leer acerca de Abraham me hizo pensar en otros personajes de la historia de la salvación, y hasta en algunos santos de tiempos recientes. Muchos de ellos recibieron mensajes directamente de Dios (como Elías, Moisés o Pablo) o de ángeles del Señor (como María). A muchos de ellos se les comunicó claramente su misión y hasta pudieron ‘cuestionar’ cómo harían tal o cual cosa que se les pedía. Y me pregunto, ¿podría aspirar yo a tener esa misma experiencia? ¿Será que el Señor, si tiene algo que decirme, me lo hará saber a través del medio que a Él le apetezca? Estoy segura que sí…. Entonces, ¿soy yo la que no lo escucha? Muy posiblemente.

Vivimos tan obsesionados con hacer, con ocupar nuestro tiempo, con el ‘multitasking’, que nos la pasamos crónicamente ocupados. Esto no nos permite enfocarnos en lo que es verdaderamente importante, en vivir un ‘Shabat’; no nos permite dedicarle tiempo a Dios.

Y digo vivir un ‘Shabat’ por qué es una lección que podemos aprender de nuestros hermanos mayores en la fe, el pueblo hebreo. Recordemos que casi todos estos hombres y mujeres de la Biblia eran judíos, por lo que ciertamente le dedicaban todo el sábado al Señor, poniéndose en sintonía con Él de forma sistemática, abriendo así la puerta para que Él les hablara.

¿Qué es el Shabat? Para los hebreos Shabat es descanso, es una isla de tranquilidad en la tormenta del trabajo, la ansiedad, la lucha y la tribulación que caracteriza el diario vivir durante los otros seis días de la semana. Por aproximadamente 25 horas cada semana, el mundo literalmente frena: el negocio está cerrado, el auto permanece estacionado, el teléfono deja de sonar, la radio, la TV y la computadora están apagadas, y las presiones y preocupaciones de la vida material se desvanecen detrás de una cortina de paz. Como se cesa todo lo relacionada con el mundo físico, el foco se centra en el interior, en la familia y amigos, en el yo interior, en el alma.

Nosotros los cristianos estamos llamados a vivir ese Shabat cada domingo, día en que celebramos que Cristo venció la muerte, ¿pero cuántos realmente lo hacemos? Al menos yo no, y ni siquiera había pensado en formas de lograr esa ‘isla de tranquilidad’.

Por eso, y como quiero -y siempre pido- que Dios me comunique Su voluntad en mi vida, sacaré tiempo para dedicárselo a Él, para demostrar gratitud viendo en todo Su acción. Sacaré tiempo para ‘disfrutar el tiempo’, la familia, los amigos. Sacaré tiempo para disfrutar mis comidas de domingo, sin la excusa de que tengo que regresar al trabajo. Y sacaré tiempo para disfrutar de la comunión en paz durante la misa dominical.

¿Será que lo logro? ¿Será que me callo y dejo que Dios hable? Ojalá, porque solo así entraré en sintonía con Él, solo así conoceré Su voluntad.

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