La brisa suave

breeze

Como habrán visto en mi post de fin de año, Empezar de Nuevo, una de mis resoluciones espirituales para este 2016 es rezar más, hablar más con Dios y darme la oportunidad de escuchar más a Dios regalándome ratos de meditación y silencio de forma consistente, pues es algo que solía hacer de vez en cuando, pero pierdo el ritmo con facilidad.

Pues bien, con el inicio del año me propuse esta tarea: puse la alarma para las 4:30am (que es a la única hora que mi rol de madre me permite meditar a solas), leí el evangelio del día, y un comentario acerca del mismo, y luego me dispuse a orar y a hacer silencio para escuchar a Dios. Y ahí es donde siempre está lo más difícil. Ciertamente la mente se me va ‘de viaje’ y empieza a recordarme la lista de tareas del día, las cosas que se quedaron sin hacer el día anterior, las obligaciones, las responsabilidades, etc. Llevo la mente de nuevo a ese lugar de silencio y trato con todas mis fuerzas de concentrarme. La lucha es constante y a veces la gano, pero a veces termino mi rato de meditación sin haberle dado a Dios el silencio suficiente para hablarme.

Por eso le he pedido a Dios que me diga cómo hallar su voz, cómo llevar mi mente al silencio que Él necesita de mi. Al hacerlo, me vino a la mente el pasaje de Elías en el 1er Libro de Reyes, en el que se relata como Elías salió al encuentro de Dios, pero no lo encontró ni en el huracán, ni en el temblor, ni en el fuego…sino en una ‘brisa suave’. Y así es que Dios nos habla, en la paz y la calma de una brisa suave, que es la que pido cada vez que me dispongo a orar.

Hay que saber identificar todos esos pensamientos que son como el huracán, como el terremoto, como el fuego y salir de la cueva cuando llega la brisa suave, porque es ahí donde está Dios. O al menos es la fórmula que a mi me resulta, porque simple y sencillamente mi mente acelerada vive metida en un huracán. Pero tengo que saber resguardarme en la cueva pidiendo la brisa suave hasta que llegue.

La oración es una de los más grandes recursos que tenemos como cristianos. Como dice el Santo Padre: “la oración nos cambia el corazón” y “nos hace comprender mejor cómo es Dios”, por lo que debe hacerse con libertad e insistencia, como se le habla a un amigo.

Debemos invitar al Espíritu Santo, esa brisa suave, para que nos de la paz que necesitamos para tener esa conversación con Dios y para que lleve nuestras plegarias y necesidades al Padre, y para que el Padre pueda hablarnos en dicha paz. Porque el Señor nos habla, sí nos habla, está en nosotros escucharlo.

Mi alarma estará puesta nuevamente para las 4:30am cada mañana, para pedir la brisa suave y conversar con Dios. Ojalá que halle consistencia y que la pereza no me gane, porque es la tarea más importante del día.

 

 

 

 

 

 

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