Santa Inspiración

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Hace algunas semanas ordené un libro de la autoría de Lisa Hendey, fundadora de la página CatholicMom.com. El libro se titula A Book of Saints for Catholic Moms y en el se reseñan la vida y obra de 52 santos y cómo sus vidas pueden servir de inspiración a las madres católicas hoy en día. Además sugiere oraciones y actividades que se pueden realizar en familia para adoptar las enseñanzas de los santos.

La lectura de este libro revivió en mi la admiración por los santos, especialmente por algunos de mis santos favoritos. Pero además me hizo recordar cuán importante es aprender de estos hombres y mujeres que lograron vivir una vida de santidad a pesar de su humanidad, a pesar de sus pecados, a pesar de sus historias.

Algunos de mis favoritos son San Agustín y San Francisco, por ejemplo, que se convirtieron al evangelio luego de sendas vidas desordenadas y dedicadas a los placeres mundanos. O Juana de Arco, heroína y militar francesa quien, con valentía y fe, convenció al Rey Carlos VII que expulsara a los ingleses de Francia y dirigió el ejercito….con tan solo 17 años. Y ni hablar de Santa Teresita de Lisieux, a quien su ‘pequeño camino’ la llevó a la santidad.

¡Cuánto podemos aprender de los santos! ¡Cuánta inspiración podemos encontrar en sus historias! Y es que todo cristiano está llamado a la santidad, a ella debemos aspirar, pero no nos atrevemos ni siquiera a entretener el pensamiento porque pensamos que es imposible, que no podemos, que es una tarea muy grande. ¡Claro que lo es! Si nos apoyamos solo en nuestras fuerzas, ¡es imposible! Pero estoy convencida que pidiéndoselo a Dios, con mucha oración y con mucha consistencia sí se puede, sí se puede llegar a la santidad.

Como dijo Santa Teresita de Lisieux: “En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad.”

Sí podemos aceptar el reto de la santidad, sí podemos pedirle a Dios las fuerzas necesarias para perseverar en ese deseo, las fuerzas para hacer Su voluntad, que es que seamos santos y perfectos. Sí podemos mantener el deseo a la santidad cuando caigamos, porque sabemos que Su misericordia nos ampara. Sí podemos orar con todas nuestras fuerzas para que el Señor conserve ese deseo instalado en nosotros y que nos ayude a realizarlo.

Sí se puede.

Por eso es importante buscar esa santa inspiración, aprender de los que ya lo lograron y encontrar el camino a nuestra propia santidad.

Los invito a que nos animemos los unos con los otros, compartiendo historias de santos en las redes sociales usando el hashtag #santainspiración. En nuestra página de Facebook estaremos haciendo lo propio, por lo que será fácil unirse a la conversación.

¿Quién se anima?

 

 

¿Necesitan médico los sanos?

santeNo tenía este post planificado, pero me siento inspirada a compartirles esta anécdota que nos sucedió hoy saliendo de misa.

Esta mañana fuimos a misa en familia, la primera misa del día, nuestras dos hijas, mi esposo y yo (que estoy embarazada de casi siete meses). Mi hija menor, que es la encarnación del conejo del anuncio de baterías, no se estuvo quieta durante toda la celebración. Mi esposo y yo, obviamente, estuvimos vigilándola, bajándola, subiéndola y persiguiéndola durante toda la eucaristía.

Al salir de misa se me acerca una señora mayor y me pregunta, “oye, perdona que te pregunte, pero ¿tu fuiste cesárea….? Es que mi nuera fue cesárea y es una floja, y yo te veo a ti tan ágil con tus niñas…” No sabía qué decirle, así es que me limité a decir “bueno sí, mis hijas nacieron por cesárea…. las cesáreas son duras”. Mientras dichas palabras salían de mi boca, pensaba: “¿pero esta señora acaba de salir de misa y aquí está criticando a su nuera con una total y completa extraña…?”.

Fue entonces que me acordé de lo que dijo Jesús en el Evangelio que se pronunció hace unas semanas: “No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.” (Lucas 5:32)

Es que esa es nuestra Iglesia, llena de gente imperfecta de espíritu enfermo, que se aferran a Dios porque saben que Él es misericordia y amor, es el único médico de las almas, el que puede transformar nuestros corazones llenos de odio, crítica, murmuración, envidia y mentira por corazones en donde reine el amor y la caridad. Por eso vamos a la Iglesia, por eso nos aferramos a Cristo, porque lo necesitamos.

Dios bendiga a esa señora y a su nuera. Escucharla me hace amarla y querer rezar por ella; me hizo ver cuánto necesitamos a Dios.

 

 

 

 

Martirio social

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Durante estos últimos tres días la Iglesia ha celebrado la vida y santidad de tres mártires de los inicios de le era cristiana: San Sebastián, Santa Inés y San Vicente. Esta secuencia en el calendario litúrgico me ha hecho pensar en el martirio, y las duras pruebas que tuvieron que pasar los primeros cristianos.

San Sebastián, por ejemplo, fue atacado a flechazos por confesar la fe cristiana y catequizar a miembros del ejercito. Santa Inés fue decapitada por proteger su integridad y pureza ya que querían desposarla a los tiernos 12 años. Y San Vicente fue capturado y torturado por predicar la fe. Ciertamente no lo tenían nada fácil estos primeros bautizados.

Gracias a la sangre derramada por estos primeros confesores de nuestra fe, los cristianos vivimos hoy día con pocas amenazas a nuestras vidas. Nos congregamos, realizamos nuestros ritos, participamos de nuestras celebraciones, y vivimos amparados y protegidos por la Iglesia. En la mayoría de los países nadie mata a nadie por ser cristiano, aunque si hay hermanos que ven sus vidas cegadas por la violencia extremista. Pero, por lo general, los cristianos vivimos y confesamos nuestra fe con tranquilidad.

No obstante muchos vivimos otro tipo de martirio: el martirio social. Muchos hemos sufrido quiebres en nuestras relaciones por vivir una vida de fe y de cara al Evangelio. Muchos hemos sido rechazados por nuestros amigos, colegas y hasta nuestras familias por nuestras convicciones, por vivir realmente la vocación cristiana. Se de muchas madres que deciden quedarse en casa criando a sus hijos y son crucificadas por otras mujeres a causa de esa decisión. Tantísimas otras que tienen que vivir con las miradas acusatorias y comentarios fuera de lugar por tener cuatro, cinco o seis hijos, por estar abiertas a la vida, por confesar con valentía que no se operarán y que no utilizarán métodos anticonceptivos.

Muchos otros son asesinados por las lenguas de sus amigos y compañeros, por no participar de x o y actividades que no se ciñen a la vida cristiana, o por no ir a ciertas fiestas o reuniones porque chocan con sus compromisos religiosos. Otros nos llaman ‘hipócritas’ porque hemos cambiado nuestro estilo de vida y nos recuerdan que ‘antes’ éramos de esta o aquella manera. Nos decapitan de sus vidas, se burlan de nosotros y nos lanzan flechas de sarcasmo… Esto es lo que llamo el martirio social. ¡Bendito martirio!

¿Y qué hacer ante estas flechas de rechazo y odio, ante estas espadas de sarcasmo y crítica, ante estas cárceles de segregación? Pues confesar con más fuerza al Señor, orar por nuestros verdugos y hallar consuelo en la mirada protectora de María, Reina de los Mártires. Y agradecer, agradecer a Dios por estas personas que nos denuncian y critican solo porque amamos al Señor de la Vida. Que para Él sea siempre la Gloria, pues esto nunca debe ser motivo de orgullo o razón para engordar nuestro ego, ojo.

Mientras estemos con Dios y vivamos de cara al Evangelio tendremos persecución, y aunque ya no son balas, flechas ni espadas, sino quiebres de relaciones, rechazos y mensajes sin contestar, debemos creer en la promesa de Dios. Como dijo el Papa: “Todas las personas que el Espíritu Santo elige para decir la verdad al Pueblo de Dios sufren persecuciones. Y Jesús es precisamente el modelo, el icono. Ha tomado sobre Él todas las persecuciones de su Pueblo. Y todavía hoy los cristianos son perseguidos. Me atrevo a decir que quizás hay igual o más mártires ahora que en los primeros tiempos, porque a esta sociedad mundana, a esta sociedad algo tranquila, que no quiere problemas, le dicen la verdad: le anuncian a Jesucristo.”

Que el Señor nos ayude a abrazar la cruz del martirio social para resucitar con Él y disfrutar con alegría el haber anunciado el Evangelio.

 

 

 

El servicio de la oración

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Hace ya algunas semanas vengo meditando acerca del servicio: cómo podemos ver todo lo que hacemos como un servicio a los demás. Desde la maternidad hasta el trabajo del día a día, el abrirle una puerta a alguien o sonreirle, todo es un servicio si nos lo proponemos y los hacemos con amor. Hoy se me ocurrió además que podemos dar el servicio de la oración, el arma más fuerte del cristiano.

Quizás esta revelación me llega de forma tardía; me imagino que mucha gente ya dedica ratos de oración como un servicio a sus familias o sus comunidades (como los religiosos contemplativos que tanto admiro), pero a mi me golpeó hoy la idea. Es que esta mañana, leyendo algo relacionado al año de la Misericordia, pensaba con tristeza y frustración el poco o ningún tiempo que le he dedicado a mis resoluciones de hacer obras piadosas, como dar de comer a los hambrientos o visitar a los enfermos. El tiempo no me ha rendido; el trabajo, la familia, los compromisos, etc. han consumido mi tiempo y mis energías.

Entonces, ¿qué puedo hacer? Orar, rezar con fuerzas por estas intenciones, orar para que el Señor me diga de qué otra forma puedo hacer estas obras, orar por los enfermos, por los que tienen hambre, por los que no conocen a Dios. Orar. Orar en todo momento.

Pero este servicio no se puede dejar a la casualidad, hay que organizarse para ofrecerlo, hay que hacer sacrificios y hay que ser constante, porque cuando se va a dar un servicio se da bien o no se da. Hay que aprovechar cada momento que se pueda dedicar a la oración: mientras friego o cocino, mientras me maquillo en la mañana, en el tráfico, mientras le acaricio la cabeza a mi hija para que se duerma….toda ocasión es buena.

Además la Iglesia nos da muchas herramientas para dar este servicio. Podemos rezar la liturgia de las horas, el rosario, la coronilla de la divina misericordia, hacer novenas, orar a los santos por su intercesión, etc. O simplemente hablar con Dios, hablarle desde el corazón, con sinceridad, como a un amigo.

Trataré de dar un buen servicio de oración, pidiendo menos por mi y más por los demás, y dejaré que Dios me ayude a encontrar el tiempo para dar otros servicios, para ser las manos de la Iglesia dando de comer a los hambrientos, albergue a los forasteros o de beber a los sedientos.

Que así me ayude Dios.

 

 

Modestia (no) aparte…

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Desde hace algunas semanas vengo participando en diferentes foros y blogs de mujeres católicas, en los cuales se discuten temas que nos interesan y preocupan a muchas de las mujeres que tratamos de llevar una vida de fe. Uno de estos temas es la modestia al vestir: cómo debemos vestir dentro y fuera de la Iglesia, cómo debemos inculcarle la modestia a nuestros hijos y cómo debemos hacer corrección fraterna, de ser necesario, cuando vemos hermanos que se desvían de estas normas de convivencia.

Esto me ha hecho investigar y leer más sobre el tema y, para mi sorpresa, son muchísimas las mujeres que buscan opciones de moda que se ciñan a las normas de modestia y pudor: faldas un poco más largas y amplias, camisas con mangas y blusas no escotadas y sin transparencias, etc. He encontrado hasta marcas de ropa cuyas líneas ofrecen prendas 100% modestas y,  hace apenas dos días, vi un artículo acerca de una adolescente que está pidiéndole a las marcas tradicionales y juveniles, como Forever 21 y American Eagle, que incluyen en su oferta ropa menos escotada y corta.

En esta investigación también busqué qué dice la Iglesia al respecto y hasta me topé con varios mensajes en torno al tema confiados por la Santísima Virgen a sus videntes. Ha dicho la Virgen: “La impureza de corazón es fomentada por las acciones lujuriosas, hijos Míos.  No sólo pecáis, sino forzáis a otros al camino de la destrucción por vuestras acciones.  Madres e hijas, mujeres del mundo, debéis ser un ejemplo de pureza y de piedad para vuestros hijos.  Es sólo por vuestras acciones como padres de familia que vuestros hijos aprenderán”.

Es que, a mi entender, la función principal de la modestia es demostrarle amor a nuestros hermanos, reconociendo que la carne es débil y tiende al pecado. Si podemos evitar que nuestros hermanos tengan pensamientos lujuriosos estamos haciendo el bien, estamos dándoles un servicio. Igualmente la mente es cruel y tiende al chismorreo, por eso también la modestia nos sirve para evitar que otros pequen con comentarios o pensamientos de crítica y murmuración.

Por eso la modestia debe ser parte importante de la vida de la mujer católica, porque es una forma de servir. Y se que este es un tema muy controversial y muchos pensarán que estoy promoviendo que nos vistamos como santurronas, tapadas del cuello a los tobillos, pero no es así, ese no es mi mensaje. Dios sabe que no practico la modestia tanto como debería, pero mi punto es que debemos pensar en el otro antes de salir a la calle, pensemos en lo que estamos exponiendo, en los pensamientos que podemos despertar con nuestra imagen, en lo que le estamos enseñando a nuestras hijas con nuestro ejemplo.

Lo mejor de todo es que tenemos opciones. No tenemos que vernos como mujeres del Siglo 18 para vestir de forma modesta. Solo tenemos que vernos como mujeres que aman y sirven a su prójimo.

Creo que es hora de ir de compras. Hasta luego.

Motivación vs fe

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Hace algunos días me disponía a comprar una agenda del 2016 para organizar mis asuntos del nuevo año y cuando llegué a la tienda me topé con una cantidad enorme de opciones. Agendas pequeñas, grandes, coloridas, de bolsillo, de escritorio, etc. Pero algo me llamó particularmente la atención: la gran cantidad de agendas ‘motivadoras’, llenas de mensajes positivos, con frases de ánimo para cada día. Frases como: ‘nada es imposible’, ‘tu puedes con todo’, ‘el mejor momento es ahora’, ‘prohibido rendirse’, ‘tu tienes la llave de tu felicidad’, etc.

Esto me hizo pensar en cuanto ha crecido la ‘industria de la motivación’, cuan grande es este negocio de ‘sentirse bien’. Ahora está muy de moda ir a charlas de motivación, tener ‘coaches’ de vida que te dicen cómo alcanzar la felicidad, leer libros de autoayuda, postear mensajes positivos en Facebook o enviarlos por WhatsApp para darle ánimo a los amigos y conocidos, etc. Está de moda estar feliz a cualquier precio.

Pero, ¿es esto lo que quiere Dios de nosotros? ¿Quiere Dios que tapemos nuestros problemas con una frase inspiradora o con un discurso motivador? ¿Quiere que nos digamos constantemente que ‘nosotros podemos’? En lo personal, y teniendo como referencia los Evangelios, no lo creo.

La motivación del cristiano, lejos de estar en un linda foto con palabras de ánimo, está en la cruz, en el sufrimiento y la humillación del vía crucis, en las llagas de Jesucristo crucificado. La motivación del cristiano está en la seguridad de la resurrección, porque no hay cruz sin resurrección.

Me explico: el mundo quiere que tapemos, precisamente, estos sufrimientos de la cruz con cualquier cantidad de mensajes y motivaciones, con terapias, con ‘auto ayuda’, con la construcción de un concepto de hombre fuerte que todo lo puede. Pero no es hasta que abrazamos la cruz, hasta que reconocemos los clavos que nos hacen colgar de ella y nos dejamos ‘morir’, que no nos movemos a la gloria de la resurrección. Y morir en la cruz de Cristo es reconocer nuestro pecado, reconocer nuestras carencias, saber que sin Dios no podemos. Morir en la cruz es aceptar el sufrimiento que nos salva, que nos cambia, que deja que Dios entre en nuestras vidas para que descansemos en Él.

Por eso Cristo nos invita a ‘cargar con nuestra cruz’ para ir en pos de Él, y esto significa, como dijo el Papa, ‘imitar Su dedicación al Padre y sus gestos de servicio y de amor, a perder la vida para encontrarla’. Para seguir a Cristo hay que hacerse amigo de Cristo, haciéndose como Él, conocerlo; leer el Evangelio, acudir a los sacramentos, dedicar momentos diarios a la oración, etc. Es necesario “empaparse” de sus enseñanzas, que son divinas. Es entonces cuando damos un fundamento sólido a nuestra vida cristiana.

Esperemos la resurrección cada vez que nos enfrentemos a la cruz, porque ya hay Uno que cargó con ella y nos da la gloria y la felicidad en este mundo. Por eso dice en 366 ocasiones en la Biblia: no tengan miedo. Esa es Su motivación y Su promesa.

Sacar tiempo

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En días recientes estuve leyendo acerca de Abraham, el padre de la fe tanto para nosotros los cristianos como para los hermanos judíos y musulmanes. Abraham, a lo largo de su vida, demostró una fe inquebrantable, siempre en obediencia, y creyendo en las promesas de Dios aunque éstas no se cumplieran de inmediato (como muchas veces queremos).

Leer acerca de Abraham me hizo pensar en otros personajes de la historia de la salvación, y hasta en algunos santos de tiempos recientes. Muchos de ellos recibieron mensajes directamente de Dios (como Elías, Moisés o Pablo) o de ángeles del Señor (como María). A muchos de ellos se les comunicó claramente su misión y hasta pudieron ‘cuestionar’ cómo harían tal o cual cosa que se les pedía. Y me pregunto, ¿podría aspirar yo a tener esa misma experiencia? ¿Será que el Señor, si tiene algo que decirme, me lo hará saber a través del medio que a Él le apetezca? Estoy segura que sí…. Entonces, ¿soy yo la que no lo escucha? Muy posiblemente.

Vivimos tan obsesionados con hacer, con ocupar nuestro tiempo, con el ‘multitasking’, que nos la pasamos crónicamente ocupados. Esto no nos permite enfocarnos en lo que es verdaderamente importante, en vivir un ‘Shabat’; no nos permite dedicarle tiempo a Dios.

Y digo vivir un ‘Shabat’ por qué es una lección que podemos aprender de nuestros hermanos mayores en la fe, el pueblo hebreo. Recordemos que casi todos estos hombres y mujeres de la Biblia eran judíos, por lo que ciertamente le dedicaban todo el sábado al Señor, poniéndose en sintonía con Él de forma sistemática, abriendo así la puerta para que Él les hablara.

¿Qué es el Shabat? Para los hebreos Shabat es descanso, es una isla de tranquilidad en la tormenta del trabajo, la ansiedad, la lucha y la tribulación que caracteriza el diario vivir durante los otros seis días de la semana. Por aproximadamente 25 horas cada semana, el mundo literalmente frena: el negocio está cerrado, el auto permanece estacionado, el teléfono deja de sonar, la radio, la TV y la computadora están apagadas, y las presiones y preocupaciones de la vida material se desvanecen detrás de una cortina de paz. Como se cesa todo lo relacionada con el mundo físico, el foco se centra en el interior, en la familia y amigos, en el yo interior, en el alma.

Nosotros los cristianos estamos llamados a vivir ese Shabat cada domingo, día en que celebramos que Cristo venció la muerte, ¿pero cuántos realmente lo hacemos? Al menos yo no, y ni siquiera había pensado en formas de lograr esa ‘isla de tranquilidad’.

Por eso, y como quiero -y siempre pido- que Dios me comunique Su voluntad en mi vida, sacaré tiempo para dedicárselo a Él, para demostrar gratitud viendo en todo Su acción. Sacaré tiempo para ‘disfrutar el tiempo’, la familia, los amigos. Sacaré tiempo para disfrutar mis comidas de domingo, sin la excusa de que tengo que regresar al trabajo. Y sacaré tiempo para disfrutar de la comunión en paz durante la misa dominical.

¿Será que lo logro? ¿Será que me callo y dejo que Dios hable? Ojalá, porque solo así entraré en sintonía con Él, solo así conoceré Su voluntad.

La brisa suave

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Como habrán visto en mi post de fin de año, Empezar de Nuevo, una de mis resoluciones espirituales para este 2016 es rezar más, hablar más con Dios y darme la oportunidad de escuchar más a Dios regalándome ratos de meditación y silencio de forma consistente, pues es algo que solía hacer de vez en cuando, pero pierdo el ritmo con facilidad.

Pues bien, con el inicio del año me propuse esta tarea: puse la alarma para las 4:30am (que es a la única hora que mi rol de madre me permite meditar a solas), leí el evangelio del día, y un comentario acerca del mismo, y luego me dispuse a orar y a hacer silencio para escuchar a Dios. Y ahí es donde siempre está lo más difícil. Ciertamente la mente se me va ‘de viaje’ y empieza a recordarme la lista de tareas del día, las cosas que se quedaron sin hacer el día anterior, las obligaciones, las responsabilidades, etc. Llevo la mente de nuevo a ese lugar de silencio y trato con todas mis fuerzas de concentrarme. La lucha es constante y a veces la gano, pero a veces termino mi rato de meditación sin haberle dado a Dios el silencio suficiente para hablarme.

Por eso le he pedido a Dios que me diga cómo hallar su voz, cómo llevar mi mente al silencio que Él necesita de mi. Al hacerlo, me vino a la mente el pasaje de Elías en el 1er Libro de Reyes, en el que se relata como Elías salió al encuentro de Dios, pero no lo encontró ni en el huracán, ni en el temblor, ni en el fuego…sino en una ‘brisa suave’. Y así es que Dios nos habla, en la paz y la calma de una brisa suave, que es la que pido cada vez que me dispongo a orar.

Hay que saber identificar todos esos pensamientos que son como el huracán, como el terremoto, como el fuego y salir de la cueva cuando llega la brisa suave, porque es ahí donde está Dios. O al menos es la fórmula que a mi me resulta, porque simple y sencillamente mi mente acelerada vive metida en un huracán. Pero tengo que saber resguardarme en la cueva pidiendo la brisa suave hasta que llegue.

La oración es una de los más grandes recursos que tenemos como cristianos. Como dice el Santo Padre: “la oración nos cambia el corazón” y “nos hace comprender mejor cómo es Dios”, por lo que debe hacerse con libertad e insistencia, como se le habla a un amigo.

Debemos invitar al Espíritu Santo, esa brisa suave, para que nos de la paz que necesitamos para tener esa conversación con Dios y para que lleve nuestras plegarias y necesidades al Padre, y para que el Padre pueda hablarnos en dicha paz. Porque el Señor nos habla, sí nos habla, está en nosotros escucharlo.

Mi alarma estará puesta nuevamente para las 4:30am cada mañana, para pedir la brisa suave y conversar con Dios. Ojalá que halle consistencia y que la pereza no me gane, porque es la tarea más importante del día.

 

 

 

 

 

 

Resoluciones de misericordia

Este año la Iglesia nos ha invitado a vivir con especial fervor la misericordia de Dios; a realizar obras de misericordia espirituales y corporales, según Jesús nos pide a través de los evangelios. ¿Qué mejor manera que empezar el año entonces que practicando estas obras? Debemos empezar a crear el hábito de realizar obras de misericordia de manera consistente. Por eso, les propongo, queridos caóticos, que iniciemos el año tratando algunas de estas ideas:

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  1. Bolsitas de bendición: hace poco me topé con esta maravillosa idea, que consiste en preparar bolsitas con artículos de necesidad básica como cepillos de diente, pasta o dentífrico, jabón, toallas húmedas, curitas, desodorante, botellitas de agua, barritas de granola, galletas, etc. Estas bolsitas se mantienen en el auto y se le reparten a aquellas personas necesitadas que nos topemos en el camino. De esta forma estamos siempre listos. homeless-woman
  2. Bolso o cartera para damas en necesidad: esta es una idea que no solo ayuda al cuerpo, sino a la autoestima de las mujeres indigentes. Consiste en llenar algún bolso o cartera que ya no usemos con artículos de higiene femenina, maquillajes, toallas húmedas, cremas, perfume y lociones, etc. Además se deben colocar galletas, barras de granola, botellas de agua y demás artículos que colocamos en las bolsas de bendición. hi-sick-hospital-patient-852
  3. Visitar a los enfermos: ¿Cuántas veces sabemos de personas que están o han estado enfermas y no hemos salido de nuestra comodidad para visitarlos -o al menos llamarlos? Si hablo por mí, la contestación es muchas. Por eso, propongámonos este año tener acercamientos con aquellas personas enfermas y darle ánimo a sus allegados, pues el Señor no solo nos llama a visitar a los enfermos, sino también a consolar al triste.praying-hands-with-rosary-beads
  4. Rogar a Dios por los vivos y los difuntos: Esta es una obra de misericordia espiritual que podemos hacer muy fácilmente…¡si nos lo proponemos! Escojamos un día de la semana para rezar un rosario por las almas del purgatorio, por nuestros muertos, y por nuestras familias y comunidades. O podemos rezar la coronilla de la misericordia cada día pidiendo ‘piedad para nosotros y el mundo entero’.journal2
  5. Lluvia de bendiciones: La Iglesia nos llama a sufrir con paciencia los defectos del prójimo, por eso, cada vez que sintamos que alguien nos ‘saca de nuestras casillas’ recemos inmediatamente un Padre Nuestro por esa persona. Cada vez que queramos maldecir a alguien busquemos la manera de orar por ellos. Podemos mantener un diario de bendiciones y colocar los nombres de las personas que nos roban la paz y escribir una oración por ellas, con aquellas virtudes que quisiéramos que el Señor les regale. Pero hagámoslo en humildad, mirando antes si somos nosotros los que necesitamos la virtud de la paciencia para poder tratar con ellas.

Estas son solo cinco ideas que atienden a un número limitado de obras de misericordia. Veamos qué otras podemos practicar con frecuencia, o para cuáles otras necesitamos que el Señor nos de un ’empujón’. Pidamos a través de la oración y los sacramentos la capacidad de perdonar, de corregir con amor a quienes se equivocan, de enseñar al que no sabe y de dar consejo al que lo necesite. Todo esto con amor y humildad. También hagamos el esfuerzo de hacer más obras corporales, como dar de comer al hambriento y de beber al sediento, de abrir nuestra casa a quien lo necesita, y de vestir al desnudo.

Lo importante es crear el hábito, haciéndolo de corazón y no solo porque es el ‘Año de la Misericordia’, pues la misericordia de Dios es eterna. Que la nuestra también lo sea.