Donar vs donarse 

   
Recientemente el Santo Padre anunció la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, mujer ejemplar que dedicó su vida al servicio de los pobres y necesitados. Tras el anuncio repasé la biografía de la próxima santa y me quedé boquiabierta con muchos detalles que desconocía acerca de su vida y su obra. Pero este ‘repaso’ de su biografía también me hizo cuestionar qué estoy haciendo yo por el prójimo, qué estoy haciendo yo por los que más necesitan.
Rápido pensé en la ropa usada que doné recientemente o en los zapatos ‘casi nuevos’ que regalé hace algunas semanas. Inmediatamente una voz en mi cabeza me grito ‘hipócrita, eso te resolvió la vida a ti, diste de lo que te sobraba, lo que te estorbaba’. Y la voz tenía razón; mi familia y yo nos estamos mudando y como en toda mudanza estamos haciendo ‘resaca’ de lo que nos llevaremos y lo que ya no necesitamos. 

Entonces, ¿qué estoy haciendo yo por los pobres y necesitados? ¿Estoy donando mi tiempo, mis talentos, mis bienes tal y como me lo pide el evangelio? ¿Estoy vistiendo al desnudo, alimentando al hambriento, dándole agua al sediento o albergue al forastero? No, no lo estoy haciendo, al menos no como me lo pide Jesús. 

La Iglesia, que es madre y maestra, sabe que somos muchos los que necesitamos ese recordatorio, que somos muchos los que tenemos que cuestionarnos qué estamos haciendo por los demás, si estamos saliéndonos de nuestra comodidad para ayudar al prójimo. Por eso nos ha regalado este año Santo de la Misericordia, por eso nos regala el anuncio oficial de la santidad de la Madre Teresa, por eso nos regala un pastor que come con los pobres. 

Es hora entonces de repasar las bienaventuranzas y escuchar a Jesús con atención para recordar qué acciones necesita de nosotros, cómo ‘salimos de nosotros’ para entrar en la piel del otro, en sus zapatos, en sus sufrimientos. 

Aprovechemos este año para crear el lindo hábito de la Misericordia. Imitemos a la Madre Teresa y a tantos otros santos que han dejado su vida sirviendo. No nos conformemos con ese ‘donativo’ que hice en Navidad o esa ropa que doné cuando hubo alguna tragedia. No aprovechemos las desgracias de los demás para hacer espacio en nuestros armarios. Abramos más el corazón, no solo la cartera. 
Esa es la diferencia entre donar y donarse. 

Trataré de hacer lo que me toca y espero que Dios nos ayude para que creemos una fuerte ola de Misericordia que logre cambiar el mundo. 

Que así nos ayude Dios. 

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