Mami, ya es de día

Cada mañana, a penas sale el sol, mi hija mayor, María Stella, me despierta gritando “mami, ya es de día”. Por lo general me despierto casi una hora antes que ella, pero me quedo en la cama esperando escuchar ‘la alarma’ con voz de niña de casi cuatro años.

800px-atardecer_en_la_ciudad_de_panamc3a11

Se que cuando se materializa el llamado debo salir de la cama e iniciar las labores del día: desayunos, meriendas, pañales y -depende del día- negociaciones diplomáticas con María Stella para que se vista y vaya al colegio.

No voy a negar que a veces me gustaría detener el tiempo o que ese llamado tardase en llegar. O que fantaseo con el día en que se despierten solas y no llamen a mamá para salir de la cama. Pero el deber de madre llama y arrastro mis pies hasta sus camas para llenarlas de besos.

Y es en esa ‘arrastrada de pies’ cuando recuerdo que la maternidad, y la vida en familia en general, es un servicio, es donarse para que otro sea feliz. Es una de las lecciones más maravillosas de esta vocación; es realmente ponerse de último y renunciar a mis deseos, a mis gustos a mi comodidad por el bien de los que me rodean.

La primera vez que esta ‘lección’ me golpeó de forma arrolladora fue durante los primeros meses de vida de María Stella, cuando inicié la lactancia. Ha sido, sin lugar a dudas, lo más difícil que he hecho en mi vida. ¿Cómo es posible que tenga que estar sentada horas y horas con una niña pegada al pecho, sin poder moverme, o comer o ir al baño para que ella se alimente? Recuerdo que le preguntaba a todas las madres lactantes que conocía cuánto tiempo duraría esa ‘etapa’ o si esto o aquello era normal. Simplemente no podía creer que tuviese que estar encarcelada en una mecedora por horas y horas… Y todas me decían lo mismo, con la más profunda resignación: “así es la vida de madre”.

Y así es, ese es el tamaño del sacrificio. Es aprender a dejar de lado lo que yo necesito por lo que ellos necesitan, y cuando se acepta esa renuncia la carga se hace realmente liviana.

Cada día le pido a Dios que me de voluntad de servicio y entrega, que pueda aceptar ese “mami, ya es de día” con felicidad y disposición; que me de fuerzas para ir al encuentro de mis hijas con la mejor cara, con la mejor sonrisa, sin buscar nada a cambio, solo para hacerlas felices y gozar de la satisfacción de la renuncia propia.

Que así me ayude Dios.

 

 

Advertisements

2 thoughts on “Mami, ya es de día

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s